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Toros

La Malagueta corona su 150 aniversario con una tarde de entrega y triunfo

Roca Rey sale a hombros con tres orejas y David de Miranda firma su segunda Puerta Grande de la feria, mientras Morante deja una faena de enorme compromiso tras una fuerte voltereta

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Daniel Herrera

Daniel Herrera

Málaga

Había algo de inevitable en que una Feria de Málaga marcada por el triunfo terminara mirando al cielo desde los hombros de dos toreros. La Malagueta cumplía 150 años con el cartel de ‘no hay billetes’ y una plaza predispuesta a celebrar su historia. No fue una corrida redonda, pero sí una tarde con emoción y compromiso para cerrar un ciclo pródigo en trofeos. Roca Rey exprimió sus dos toros para cortar tres orejas; David de Miranda abrió por segunda vez en una semana la Puerta Grande Manolo Segura; y Morante de la Puebla dejó algunas de las imágenes más hondas de la jornada en una faena marcada por una fuerte voltereta.

Un momento de la actuación de Morante de la Puebla

Un momento de la actuación de Morante de la Puebla / Eduardo Nieto

Morante: susto y entrega

El aniversario comenzó con escaso aire festivo. El primero de Torrealta salió distraído, sin celo y con una embestida que apenas ofreció posibilidades al capote de Morante. El fuerte castigo en varas encrespó a los tendidos y tampoco después cambió mucho el panorama. El toro embestía con los pechos, áspero y sin descolgar. Ante un animal así quizá el Morante de otros tiempos hubiera abreviado. El actual permaneció delante y consiguió arrancarle dos series diestras de mérito. La espada entró con habilidad, pero los tres descabellos apagaron el primer capítulo.

Morante, tras ser volteado

Morante, tras ser volteado / Eduardo Nieto

Hubo que esperar al cuarto para que el sevillano pudiera expresarse con otro vuelo. El de Garcigrande permitió saborear su capote, llevándolo con gracia hacia el caballo y después por verónicas. Con la muleta salió dispuesto a encontrar la faena que se le había negado en sus anteriores comparecencias del abono. Siempre colocado y en terrenos comprometidos, logró naturales de enorme sabor antes de que llegara el instante más dramático de la corrida. El toro lo prendió con violencia y lo lanzó al aire. Morante cayó a merced y el peligro resultó estremecedor. Se levantó dolorido y regresó al lugar del percance. Ahí estuvo buena parte de la dimensión de su tarde: no en la cantidad, sino en la disposición. Volvió a cruzarse por el pitón derecho y el público se entregó. El acero quedó desprendido, pero la petición fue suficiente para una oreja que Morante, claramente dolorido, ni siquiera llegó a pasear. Más tarde abandonaría la plaza por el callejón.

Roca Rey, en La Malagueta

Roca Rey, en La Malagueta / Eduardo Nieto

Roca Rey: asumir el peligro para encontrar el triunfo

Roca Rey tampoco encontró facilidades. Su primero, de Torrealta, se movía sin demasiado propósito. El peruano lo recibió por delantales y prendió la mecha con unas gaoneras muy ajustadas, replicadas por David de Miranda por saltilleras. Ya con la muleta, Roca identificó pronto la mansedumbre de su oponente. Comenzó de rodillas con dos pases cambiados, pero la nobleza del animal permitió que fuese encerrándolo cada vez más cerca. Acortó terrenos, gobernó las embestidas y llevó la faena a las cercanías, donde creció por mando y capacidad de conexión. Pinchó antes de dejar la estocada, pero el ambiente ya estaba hecho y cortó una oreja.

El quinto era su última oportunidad de abrir la Puerta Grande. El de Garcigrande nunca terminó de entregarse: miraba, amagaba con quedarse corto y exigía seguridad en el toque. Roca permaneció cruzado y firme, aguantando cada advertencia de un animal que por momentos pareció buscar más al hombre que al engaño. Construyó así una faena estrechando cada vez más las distancias hasta desembocar en un arrimón sin alivios. El peruano asumió el peligro de verdad y encontró ahí la llave del triunfo. Se tiró detrás de la espada con idéntica determinación y dejó una gran estocada. El presidente mostró juntos los dos pañuelos blancos. Tres orejas en total y salida a hombros.

David de Miranda, en La Malagueta

David de Miranda, en La Malagueta / Eduardo Nieto

David de Miranda mantiene su idilio con Málaga

David de Miranda volvió a confirmar su relación especial con La Malagueta. El tercero, un jabonero de Núñez del Cuvillo que había quedado como sobrero dos tardes antes, tuvo nobleza y movilidad aunque no demasiado fondo. El onubense lo recibió a pies juntos a la verónica y volvió a mostrar su quietud en el quite por gaoneras, rematado con lances a una mano. Inició la faena con el ‘litrazo’ de Miguel Báez. Después trató de ordenar en los medios la embestida de un toro noble pero justo de raza. La faena tuvo altibajos por la condición del animal, aunque nunca faltó la determinación. Cuando comenzó a apagarse, De Miranda apretó aún más y se metió entre los pitones con unas bernadinas muy ceñidas. La estocada fue soberbia y las dos orejas certificaron su segunda Puerta Grande Manolo Segura de la feria.

Todavía le quedaba el sexto, de Torrealta, que llegó a la muleta con muy poco depósito. Noble, pero cada vez más parado y sin apenas transmisión, obligó a De Miranda a ponerlo casi todo. Cuando comprobó que no había recorrido suficiente, redujo distancias. Cerró con manoletinas ajustadísimas y terminó prendido al concluir una serie. Lejos de aliviarse, regresó al mismo terreno. El pinchazo previo a la estocada acabó con cualquier posibilidad de redondear numéricamente la tarde, pero no con la impresión de un torero que mantiene su idilio con Málaga.

La corrida conmemorativa no necesitó ser perfecta para cumplir con el aniversario. Los seis toros (tres de Torrealta, dos de Garcigrande y el remiendo de Núñez del Cuvillo) formaron un conjunto desigual de presentación y juego que obligó a que casi todo naciera de los hombres. La Malagueta celebró siglo y medio viendo a Morante volver dolorido al terreno del que acababan de levantarlo, a Roca Rey jugarse el triunfo en las distancias imposibles y a David de Miranda reivindicar de nuevo una plaza que ya parece pertenecer a su geografía sentimental. Cuando los dos últimos cruzaron a hombros la Puerta Grande Manolo Segura, se cerraba también una de las ferias más triunfales de los últimos años. Con siete tardes consecutivas de triunfo, Málaga echaba el cerrojo al abono sin concederse descanso ni siquiera en el último día.

La ficha del festejo:

Lleno de 'no hay billetes' en tarde agradable.

Se lidiaron tres toros de Torrealta (1, 2 y 6), dos de Garcigrande (4 y 5) y un remiendo de Núñez del Cuvillo (3). Desiguales de presentación y juego.

Morante de la Puebla: estocada caída y tres descabellos (silencio) y estocada desprendida (oreja tras aviso).

Roca Rey: pinchazo y estocada (oreja) y estocada (dos orejas).

David de Miranda: estocada (dos orejas) y pinchazo y estocada (ovación).

Tras el paseíllo se interpretó el Himno Nacional con motivo de la conmemoración del 150 Aniversario de La Malagueta.

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