25 de abril de 2015
25.04.2015
Crítica

´Muchos pedazos de algo´: pobre adiós a ZonaZine

La competición alternativa del Festival de Málaga zanjó sus sesiones con una película tan raquítica en su contenido como desastrosa en su factura

25.04.2015 | 10:58
El equipo de «Muchos de pedazos de algo», ayer en el «photocall» del Cine Albéniz.

ZonaZine se despidió ayer de una manera decepcionante, casi a nivel de aquella inolvidable película titulada Mirabilis. El responsable, David Yáñez, que presentó Muchos pedazos de algo, una película que se presentaba con un curioso marchamo: «Convenientemente realizada sin subvención del gobierno y en ella no aparece ninguna actriz novel mostrando las tetas». Lo cierto es que se trata de un proyecto patrocinado, entre otros, por CPA, un centro de formación audiovisual creado por la Fundación San Valero, una obra diocesana de carácter no lucrativo.
Muchos pedazos de algo retrata la vida de un grupo de amigos recién licenciados de carreras artísticas (escritores, músicos, cineastas€) que, al igual que muchos jóvenes con esas mismas características, sufren el paro. Un viaje a un festival musical, Pirineos Sur, sirve como excusa para introducir al espectador en sus vidas y sus relaciones. Yáñez intenta, sin éxito, atraparnos en una historia anodina, sin ritmo, con un vacío que no se llena con una conversación igual de vacía, propia de una charla en el ascensor con el vecino al que ni conoces sobre «lo mal que está la cosa». Todo parte de la observación de la realidad por parte de Yáñez: «Doy clases a chavales y lo veo, veo que terminan de estudiar, intentan encontrar trabajo durante un año y luego vuelven a hacer otra cosa. No les gusta pero dicen: Como esto es público, pues aquí estoy otra vez...».

Muchos pedazos de algo sólo tiene en el trabajo de los intérpretes su parte más correcta: se nota el esfuerzo por aprehender los personajes dentro de un guión que, cuentan sus responsables, nunca fue un texto «cerrado». Lástima que esos personajes sean triviales, sosos e insustanciales, puntales, además, de una historia básicamente imberbe que no se sustenta. Añadan un sonido terrible –conversaciones ininteligibles durante los conciertos– y un nefasto trabajo de cámara –que se trató de camuflar con el blanco y negro, ése que parece estilizar todo pero que aquí no cuela– y tendrán un producto impropio de un festival, incluso de su competición alternativa.

Por supuesto, en la rueda de prensa tras la proyección de Muchos pedazos de algo hubo mucho desprecio al cine yanqui y minusvaloraciones del criterio del público español. Que se escuchen comentarios así tras haber proyectado una película como ésta debe llevarnos a la siguiente reflexión: señores cineastas, menos excusas y más cine, menos quejas y más profesionalidad, menos críticas a lo ajeno y más autocrítica.

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