18 de abril de 2018
18.04.2018
Málaga Prèmiere | Crítica

Y el infierno era azul

18.04.2018 | 05:00

La inteligencia es el poder de aceptar el entorno, decía William Faulkner. Álvaro cayó en manos del destino una mañana de camino a surfear. Las arenas y el vacío se conjugaron de forma caprichosa para despojarlo de todo su pasado, y a golpe de ola, sangre y cadera rota lo obligaron a encararse a un futuro donde nadie puede seguir viviendo siendo otro.



Más que una película basada en un hecho verídico Hugo Stuven, en colaboración con Alain Hernández y Aura Garrido, han creado una experiencia sensorial e hipnótica sobre la el poder del entorno en el ser humano. La película visualmente más bonita en los diez últimos años de Festival. Su esmerada puesta en escena, el derroche de cariño y paciencia en cada detalle por muy minúsculo que sea ponen de manifiesto la verdadera vocación de un grupo de profesionales del audiovisual. Tras la mirada de Alain Hernández, deconstruida y vulnerable, se esconde una historia de superación de fantasmas que más que asustar revelan los verdaderos motivos por los que Álvaro debe elegir si vivir lo que le queda de esperanza en ese miniuniverso azul o enfrentarse a todos y cada uno de esos recovecos que la propia conciencia deja en nuestro foro interno. Un lugar salvaje donde solo algunos inteligentes son capaces de salir aunque esté escondido en un acantilado.

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