22 de marzo de 2019
22.03.2019
Crítica

Cuando te importan tus personajes

Reseña de '¿A quién te llevarías a una isla desierta?', de Jota Linares

22.03.2019 | 11:48
Cuando te importan tus personajes

Segunda película de la Sección Oficial en la que una serie de amigos observan cómo los secretos terminan agrietando sus relaciones. La primera fue 'Litus', una dramedia protagonizada por treintañeros con mochilas a cuesta, acechados por el pasado; '¿A quién te llevarías a una isla desierta?' es la segunda, sobre unos veinteañeros más que compañeros de piso con becas y estudios por cumplir, amenazados por el futuro inminente. Curiosamente, ésta resulta bastante más madura en sus planteamientos y honda en sus resultados que aquella. Cuestión de quién mira y de su implicación personal en lo mirado, supongo.

No pasan demasiados minutos y ya hay una frase que nos avisa de que aquí puede haber chicha: una aspirante a actriz a la que empiezan a no salirle las cuentas personales (una absolutamente espectacular Andrea Ros) le dice a su íntimo amigo, a punto de viajar a Londres para cursar Cine, "A lo mejor no somos tan buenos en lo nuestro, ni tan especiales como nos creemos". En pocas palabras resume el auténtico origen de los males de parte de una generación, la suya, criada en la burbuja de las expectativas del triunfo creativo y en la imperiosa necesidad de diferenciarse, de ser como nadie más.

Lástima que la chicha prometida sea un telón de fondo para otras peripecias, para el verdadero íntringulis de la película (nada de spoilers aquí), que, aunque bien trabado y ejecutado, carece de gran interés. No es lo único que no me convenció de '¿A quién te llevarías a una isla desierta?': en ocasiones, los diálogos resultan teatreros, no por el origen escénico del largometraje sino porque, a veces, son demasiado de perorata, en voz alta y subrayada, como para explicarse demasiado. Pero siempre, siempre Jota Linares se sitúa al lado de ellos, con cariño, sin severidad, y consigue que nos preocupen, que les entendamos y que empaticemos con ellos (hola, Dani de la Orden).

Ah, y atención al fabuloso epílogo de la cinta: no es habitual ver en el cine español una conclusión tan rematada, tan sensata y sensible, consecuente con lo visto hasta entonces. Quizás eso pase porque realmente te importan tus personajes y para ti sean personas.


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