21 de agosto de 2020
21.08.2020
La Opinión de Málaga
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Gala inaugural

Málaga demuestra que se puede

El Teatro Cervantes acogió la gala inaugural de la edición más anómala del certamen dedicado al cine. Una velada discreta, sencilla y marcada por la sorpresiva entrega del Premio Málaga a los sanitarios por su dedicación durante la pandemia

22.08.2020 | 00:27
Pilar Lara Domínguez, antes de recibir el Premio Málaga, con Miguel Ángel Martín: el emotivo prólogo de la primera noche del Festival de Málaga.

Y se encendieron las tablas del Teatro Cervantes para inaugurar un Festival de Málaga que no será como ningún otro. Y el comienzo fue como ningún otro: se levantó el telón y se vio a Miguel Ángel Martín, el actor malagueño que se ha hecho popular por sus Diarios del confinamiento desde su cuenta de Twitter (@tunomandas), con su pijama y su eterna taza de café, compartía escenario con una mujer que no tiene nada que ver con el mundo del cine. Era Pilar Lara Domínguez, sanitaria de la UCI del Hospital Clínico, que acudía en representación de sus compañeros de profesión para recoger un premio muy especial: el certamen ha querido que uno de sus grandes galardones, el Premio Málaga (que iba a recibir esta temporada el intérprete mexicano Gael García Bernal), lo recibieran los sanitarios. Pilar no pudo recoger la Biznaga de manos de Martín, por las preceptivas medidas higiénico-sanitarias, pero el acto sirvió para hermanar a dos colectivos protagonistas de los días más duros de la pandemia, el sanitario y el cultural, cuidadores de nuestros cuerpos y almas durante meses de zozobra.

Tras el sentido prólogo, la actriz Juana Acosta, una de las habituales del Festival de Málaga (y en el elenco de una de las películas a competición, El inconveniente), presentó los contenidos de la edición del certamen, con especial atención a los protagonistas de sus homenajes: la diseñadora de vestuario Tatiana Hernández, los realizadores Arturo Ripstein y Carlos Marques-Marcet, y los intérpretes Kiti Mánver y Óscar Martínez.

El equipo comandado por Juan Antonio Vigar diseñó una gala discreta, sencilla y, por supuesto, marcada por los protocolos higiénico-sanitarios que rigen nuestras vidas desde hace ya unos meses. Lo importante es que se consiguió el objetivo propuesto: es perfectamente posible la celebración de una velada como ésta en tiempos de la Covid-19, siempre y cuando distingamos entre límites y limitaciones, como suele matizar Vigar.



Sí, hubo mascarillas en el patio de butacas y plateas; claro, hubo distancia de seguridad y ausencia de contacto físico... Pero también se pasearon el cine y las emociones, con sosiego y todas las garantías. «Éste es un festival de colores, un festival en el que, como dijo Guillermo del Toro, entre el blanco y el negro cabe todo. La palabra de colores es inagotable. ¡Yo voy al cine!», expresó Acosta. Vayamos todos también, reencontrémonos con nosotros mismos y nuestras ilusiones a través de un puñado de historias proyectados en una gran pantalla en blanco.

Las actuaciones de Rozalén (responsable del tema principal de la película que abrió la Sección Oficial, La boda de Rosa), Javier Ruibal (interpretó la canción que le valió su Goya, Intemperie), Rosario La Tremendita (con su tema para la serie Malaka) y Maria Arnal y Marcel Bagés (aperitivo del homenaje a Marques-Marcet) salpimentaron la gala inaugural, una pequeña noche en la que se demostro que se puede. Y se debe.

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