Con más de 30 años de carrera, Mariano Barroso (Barcelona, 1959) es una de las figuras más concéntricas de la industria cinematográfica española, aunque sigue considerándose un "outsider". El próximo año agotará su presidencia al frente de la Academia de Cine tras finalizar un mandato muy marcado por la crisis sanitaria, de la que niega que le haya robado nada, al menos nada diferente al resto de la sociedad.

No tiene dudas de que el "eslabón" más débil frente a la pandemia son las salas de cine, para las que septiembre, con sus estrenos de otoño, será la prueba de prueba del algodón. Aún así, tiene confianza: "Estoy seguro que el espectador de cine no va a poder renunciar a ir a las salas". Esta noche, el Festival de Málaga le entregará el Premio Retrospectiva.

Usted inauguró este festival con Hormigas en la Boca, ha sido jurado y ahora también es premiado. ¿Se estrechan las relaciones con este certamen con el paso de los años?

Sí, solo me falta ser periodista del festival (risas). Es un orgullo de festival, está apostando muy fuerte por el cine desde hace mucho tiempo, 24 ediciones ya. Yo creo que es un festival de referencia y que muchas ciudades harían bien en mirarse en él porque es un apoyo que le devuelve mucho a la ciudad, porque la gente está muy implicada, vive el cine, apoya el cine y la gente del cine lo valora mucho. Es un festival fantástico.

Este certamen, con la editorial Pálido fuego van a editar Nunca quise ser un outsider. Conversaciones con Mariano Barroso, una charla con el guionista Alejandro Hernández con el que ha compartido muchas horas de trabajo. Sin querer hacer spoiler, ¿se considera así, un outsider?

La verdad es que sí, pero uno es un outsider y no es una queja ni un lamento para nada. Los cineastas somos un poco outsiders dentro de la sociedad, no se puede decir que estemos integrados del todo. Y luego somos un poco outsiders dentro de nuestro cine, porque es un cine lleno de francotiradores que vamos cada uno disparando en nuestra dirección... es un oficio de outsiders, de gente que va buscando su identidad. Creo que la identidad está justamente en ese proceso de la búsqueda, es muy difícil decir aquí esto, ya he llegado, soy este.

El año pasado iba a presentar aquí La Línea invisible pero como el festival quedó aplazado por la pandemia se estrenó directamente en plataforma, en Movistar+. ¿Qué supone para el cine perderse una première como esta, la exposición de un trabajo en un festival como este?

Es de la noche al día lo que supone. Las dos son plataformas pero la plataforma de un festival a nivel mediático, de toda la industria y de toda la prensa especializada tiene un peso que nunca tienen las plataformas de televisión. El no poder estrenarlo en un festival como este no deja de ser una pérdida lamentablemente. Ahí sí que no somos outsiders, somos parte de una sociedad y vino la cosa como vino y se tuvo que hacer así. También el Festival de Málaga fue un poco pionero en la forma de plantearse y hacer las cosas, creo que lo hicieron muy bien, con todas las medidas.

En marzo tuvimos unos Goya que pasarán a la historia, este año tenemos la segunda edición de un festival de cine con mascarillas, con distancias, sin alfombra roja al uso... la representatividad del cine muestra su entereza en tiempos adversos. ¿Cuál es el eslabón más débil? ¿Qué costará más recuperarse?

Claramente va a ser el cine hecho para salas, toda la cadena desde las salas de exhibición, que es la gran incógnita, cuál va a ser el retrato, el paisaje que queda después de esta pandemia, esa es la gran incógnita, y de ahí hacia atrás todo lo que tiene que ver con la distribución y la producción de ese tipo de cine. Porque está claro que el otro tipo de producción, todo lo que tiene que ver con el audiovisual para plataformas y demás está en auge, hay una demanda cada vez mayor de ese tipo de producción y, más allá de los problemas coyunturales, de los casos concretos de cada producción en sí, ese sector no se está viendo tan afectado. Pero la producción en sala sí sería el eslabón más débil y ahí estamos más pendientes para ver cuál es la foto finish que queda cuando pase todo esto.

De hecho, tus últimos trabajos han sido series para plataformas de este tipo, como Movistar+ y Netflix. ¿El consumo de películas y series, y su estreno en estos nuevos canales es el futuro o es ya un presente que nos está arrollando?

Todo es el presente y, en cuanto te descuidas, ya es el pasado. Todo va mucho más rápido, lo que pasa es que tardamos en acostumbramos. Es cuando es de día y entras en una habitación en penumbra, al ojo le cuesta acostumbrarse. Pero el hecho de que tu ojo tarde en acostumbrarse a la luz que hay en esa penumbra, no quiere decir que la habitación no estuviera ya en penumbra. Entonces yo creo que con esto ocurre igual, no es que sea el futuro, es que es un presente rabioso. Lo que está por ver, que yo tengo mucha confianza en que no se pierda, es la asistencia a las salas. Estoy seguro que el espectador de cine no va a poder renunciar a ir a las salas, igual que no puede renunciar a ir a comer a un restaurante o a tomar un aperitivo en un bar. Lo puedes tomar en casa pero no tiene nada que ver.

En relación a esto, ¿las salas de cine en un futuro podrían llegar a ser lo que hoy puede ser un vinilo o una Polaroid, algo "vintage" que no queremos abandonar pero quizás no necesitamos sino que nos aferramos?

Yo creo que se va a parecer más a lo que es el teatro. El teatro tiene 25 siglos de historia y ha pasado por todos los procesos y todas las crisis, y se ha recuperado, ha vuelto a caer, y se ha vuelto a recuperar. Y llega el cine y hay otra crisis en el teatro, pero sigue y sigue y sigue. Y seguimos viendo teatro. Yo creo que se va a parecer más a eso, más que al vinilo que al fin y al cabo no deja de ser algo para coleccionistas o nostálgicos muy dignos, sino que va a ser algo que todavía tiene mucho peso, está por ver qué ocurre con las salas. La fecha es septiembre.

¿Y por qué septiembre?

Porque es cuando se vuelve del verano, cuando ya estará todo el mundo supuestamente vacunado y es cuando tendremos un nuevo panorama. Es cuando la gente vuelve tradicionalmente a las salas y es cuando empiezan los estrenos del otoño, se retoma la actividad que ya sabes que se para en agosto. Yo creo que ahí se va a ver cuál es la foto.

El año que viene es su último al frente de la Academia de Cine. ¿Qué sensaciones tiene?

Han sido cuatro años muy intensos pero muy muy interesantes. Hemos hecho cosas de las que estamos muy orgullosos. Tenemos muchas cosas en marcha, ahora inauguramos una exposición sobre Berlanga, Berlanguiano, que se inaugura el día 9 de junio en Madrid y estamos con una actividad constante en nuestra sede. Nos queda un año y tenemos planes.

¿La pandemia le ha robado algo como presidente de la Academia?

No. La pandemia nos ha cambiado por completo. Ralentizar y paralizar la actividad durante unos cuantos meses por una cuestión sanitaria... eso afectó de lleno. Pero nada diferente de lo que ha ocurrido con el resto de la sociedad.

A usted, que le gusta ver las cosas con perspectiva ¿Qué cree que contará el cine español de la pandemia?

No lo sé, es una incógnita. Yo no sé si la gente va a querer ver historias sobre la pandemia. Yo creo que el cine tiene una capacidad para evadir a la gente de su día a día, entonces quizás la parte mágica que tiene el cine se elevará por encima de la pandemia. En todo caso, hará falta tiempo para tener una perspectiva de lo que ha ocurrido y yo no sé... Es un impacto brutal el que ha tenido y todas esas cosas que no son agradables de vivir en la vida real, luego es buen material para el cine, quién sabe. Veremos.