Cuando yo era jovencito necesitaba creer que era gay,los actores y actrices de nuestro cine se convirtieron en mis referentes y también, por qué no decirlo, en mis grandes miedos. Nunca me he sentido más inspirado diciendo o pensando algo que cuando lo hacía a través de los ojos y la voz de mis intérpretes favoritos. 

Sabemos que la línea más corta entre un punto y otro es la línea recta. Pero hay líneas y líneas. Hoy en el Festival se ha respirado un ambiente diferente, no como el de ayer. Hoy ha salido el sol, ha llovido, ha vuelto a salir el sol, ha vuelto a llover y todos hemos pasado un frío de muerte en la Terraza del AC Málaga Palacio, pero nada de eso importaba porque todos y todas estábamos tan bien acompañados, ¿saben de qué? De cine. Candela Peña, rebosante de talento y belleza, se ha acercado a vernos. Una terraza sin Candela no es una terraza. Una mujer que ha sido capaz de construir una identidad propia con la capacidad de ser ella misma en todo momento siendo feliz y que todos la admiren es el mayor de los éxitos. Candela es la prueba de que se puede ser auténtica y profesional en una industria llena de postureo. Puede que en ella resida ese elixir del que tanto hablamos en reuniones y cafés entre película y película; esa fórmula mágica que por fin dote a este festival de la identidad que tanto ansiamos todos y todas que posea. 

Por cierto, me sigue llamando muchísimo la atención la desmesura de algunos medios descalificando al certamen. Las desbandada de algunos de ellos, como Canal Sur, por ejemplo, a consecuencia de la lluvia dejando tirados a profesionales del sector ha sido verdaderamente bochornosa. No se puede tratar así a los compañeros del audiovisual y menos si queremos dotar al festival de la importancia que se merece. Tampoco se les puede hacer esperar a los periodistas, que todo sea dicho, que también tienen su vida y mucho que hacer más que aguardar a los demás. Aunque algunos de los asistentes al festival han trabajado menos este año que el del Círculo de Lectores de Chernóbil no se deja de respirar en esta fiesta nocturna y conciliadora un ambiente de reencuentro con un presente continuo tan necesario. Cine, cine y cine. 

Sinceramente, les sonará a locura, pero pensaba mientras cenaba anoche en la terraza que me habría gustado que la gala de Eurovisión se retransmitiera encadenándola con la retransmisión en directo de la terraza del Festival del AC Málaga Palacio. Tendríamos una noche absolutamente espectacular llena de alegría, talento y complicidad junto a una audiencia subyugada. Serían otros tiempos. 

Ahora sé que no soy gay, es mi maldición, y lo supe siempre. Quizás el cine español no necesite fiestas, ni prestigio, ni siquiera festivales y menos referentes. El cine español no necesita un cambio generacional, nunca lo necesitó, simplemente requiere un revisionado del mismo de arriba a abajo por parte de toda la industria. Y sigo comiendo, que me pongo muy pesado cuando pienso en los problemas de los demás más que en los míos propios. Buenas noches.