Un trayecto de Madrid a Cieza gracias a una aplicación de viajes compartidos, con cuatro supuestos desconocidos, entre ellos un inquietante Salva Reina al volante, es la propuesta del director Martín Cuervo en su primer largometraje, Con quién viajas, con el que quería tratar los prejuicios y las etiquetas. La película se estrenó este sábado en la Sección Oficial de Largometrajes del Festival de Málaga.

«Me parecía increíble que nadie hubiera hecho una película sobre los viajes compartidos, porque cualquiera tiene mil anécdotas, y era fácil tirar del hilo», afirmó Martín Cuervo. Al director le parecía natural que «surgiera una comedia de esas situaciones incómodas, los silencios o las conversaciones banales» que se producen en esos viajes, y sobre «cómo etiquetamos a un desconocido al que no vamos a volver a ver».

«Las apariencias engañan y las cosas no son como parecen», ha afirmado el director, que afrontó como «un experimento» el que casi toda la película se desarrolle dentro de un coche, en una comedia que por momentos «tiene una mezcla de ‘thriller’ y elementos de Hitchcock».

Salva Reina coincide con el director en que, «al final, los prejuicios son malos, y las primeras apariencias con las que etiquetas a una persona no te llevan a nada».

«Fueron muchas horas metidos en el coche y era una situación parecida a la ficción. El reto fue hacer una película dentro de un coche, una comedia a la que no estamos acostumbrados, con la que se pasa un rato divertido, aunque no tiene chistes construidos», añadió el actor malagueño.

El suyo es «un personaje muy arriesgado, porque es histriónico y extremo», pero Martín Cuervo le permitió «tirarse al barro» y solo le «echaba el freno cuando veía que era demasiado», según Salva Reina, al que acompañan en ese viaje Pol Monen, Andrea Duro y Ana Polvorosa.

Para Pol Monen, es «interesante la combinación de momentos de tensión, un poco de thriller y un fondo de comedia que le quita hierro al asunto».

«Cuando conocemos a alguien, en cinco minutos ya tenemos un juicio, y a veces acertamos, pero otras muchas veces no», resaltó el actor, que cree que el hecho de haber podido rodar linealmente, en el mismo orden en que se desarrollaba la historia, «ayudaba a crear un vínculo» entre los cuatro protagonistas.

Uno de los productores, Eduardo Campoy, admite que era «un reto muy peligroso meter a cuatro actores en un coche durante noventa minutos y que no fuera un tostón, aunque al ir leyendo el guion se veía que podía funcionar».