Alejandro Amenábar siente que ha tenido «la suerte» desde el principio de su carrera de «haber trabajado en libertad», e incluso confiesa que está «muy malacostumbrado», porque lleva veinticinco años haciendo las historias que quiere y como quiere, algo que debe «en parte» a su primer productor, José Luis Cuerda.

«Cuerda era una persona con mucho carácter, vehemente, y en los rodajes con fama de gruñón, pero yo no me encontré eso, encontré una especie de segundo padre», recordó ayer Amenábar horas antes de recibir el Premio Málaga en el vigésimo cuarto Festival.

Antes de empezar a rodar Tesis, su primera película, el primer consejo que le dio Cuerda era «que si tenía alguna bronca con alguien del reparto, no discutiera delante del equipo», sino que se llevara al actor o actriz a otra habitación y discutieran allí, «porque el equipo siempre se iba a poner del lado de los actores».

«Me dejó hacer la película que yo quería hacer. Tenía muy buena visión general del montaje, de lo que sobra. Con él aprendí que nada es imprescindible. Me considero un director que no tiene miedo a cortar, y me encanta descubrir cuando está rodada la historia que hay cosas que sobran, que con una mirada del actor o actriz está dicho y lo puedo quitar».

Le considera también el «padrino perfecto» para él en esta profesión, porque no tenía ningún contacto con el cine y, cuando Cuerda vio su segundo cortometraje, Himenóptero, llamó a su casa, habló con su madre y le dijo que quería que Alejandro acudiera a un rodaje suyo.

«Nos presentamos en el rodaje Mateo Gil y yo, y Cuerda me pidió que escribiera el guion de un largometraje que resultó ser Tesis. Era un erudito, que sabía de todo y sobre todo de la vida, alguien muy humano, que fue la guía perfecta, porque cuando en este mundo empiezas tan pronto y puedes perder pie, alguien como Cuerda te pone los pies en la tierra».

El éxito de Tesis fue «una sorpresa», porque «ya era maravilloso competir en los Goya», pero además logró siete estatuillas, entre ellas la de mejor película, lo que permitió su reestreno «después de haber pasado discretamente por las salas».

«Era la manera de garantizarme que me iban a producir la segunda película, pero Cuerda era muy listo y dijo que la segunda y la tercera. Recuerdo también los primeros premios en el instituto o la universidad, en los certámenes de cortos, que son fundamentales, porque no sabes lo que estás haciendo y tener ese espaldarazo te anima a seguir».

Sobre su salto a la industria internacional, lo considera «proyectos puntuales» en los que ha podido trabajar «con gente muy asentada en la industria de Hollywood» y «aprender de todo, de la vida y de las dificultades». «Hubo que buscar la manera de entendernos no solo por el idioma, y estar en contacto con ese mundo que es brillante, gente muy exigente y profesional», según Amenábar, que sin embargo precisa que lo que siempre le «guía» es la historia, pero «cuando una historia como Ágora cuesta tanto dinero levantarla se convierte también en un proyecto de carácter internacional».

Amenábar. Gregorio Marrero

En su cine habla «fundamentalmente de personajes que en algún momento tienen que defender con fuerza su dignidad, tienen que plantarse y decidir», asegura el cineasta, que precisa que su «meta» es la historia y transmitirla de forma que interese al público y con una «libertad absoluta».

«Pasé por el psicólogo hace dos o tres años y me sirvió para darme cuenta de que en mi vida laboral busco la libertad. Mientras dure la guerra nació de la libertad más absoluta, porque cuando tocas un tema de alto voltaje político tienes que poner cuidado, saber qué quieres decir y a quién.

En su último trabajo, la serie La fortuna, tiene como «punto de partida» la historia de la fragata Las Mercedes, aunque se han «apartado y desarrollado los personajes para hablar de las dos culturas, la americana o anglosajona y la latina o mediterránea».

Las plataformas son «el nuevo mecenas» del audiovisual

Mientras dure la guerra fue «imposible de financiar por los cauces habituales», algo que le resultó «frustrante», asegura Alejandro Amenábar. Ahora tiene la «esperanza» de que «a través del nuevo mecenas que son las plataformas se puedan contar historias con profundidad y densidad», para lo que el largometraje es «el formato ideal» para Amenábar, aunque no sabe «si se acabará disfrutando en las salas de cine o en los hogares».