Por fin llegó ayer el estreno de la segunda película made in Málaga de la Sección Oficial a Concurso del Festival de Málaga, la esperadísima 'Hombre muerto no sabe vivir', de Ezekiel Montes. Un auténtico puñetazo, de violencia brutal, casi gore por momentos, que es, en el fondo, una reivindicación de valores clásicos, a punto de perderse, en opinión de Montes, como el honor y la camaradería.

El filme se centra en Tano (Dechent), que ha trabajado toda su vida para Manuel (Carlos de Blas), un empresario de la construcción y «capo» local que en épocas mejores controló toda la ciudad. Ahora está debilitado por la edad y parece que no puede manejar su negocio, un lujoso imperio montado desde la corrupción y el tráfico de sustancias, que su hijo Ángel (Rubén Ochandiano) quiere «modernizar» y está dispuesto a sacar adelante como sea. Pero Ángel sabe que no es el heredero; no se siente querido por su padre y está convencido de que Tano será su sucesor al frente de la estructura que mantiene sus privilegios.

'Hombre muerto no sabe vivir' es una película potente, pero también de personajes.

Ezekiel Montes: Era necesario que una película de este tipo se acercara a los personajes, sobre todo para justificar ese universo tan particular. Yo no quería una película más de acción al uso; quería que la acción y la violencia fueran una consecuencia de los personajes, unos salvajes sujetos a un código.

Tano, el personaje que interpreta usted, Antonio, es un ser que constantemente se está moviendo entre luces y sombras.

Antonio Dechent: Tano es un ser humano, y la película nos muestra los constantes altibajos de una persona en su vida ordinaria. En su caso, se encuentra en el quizás último tercio de su vida, en una realidad donde pesa más el valor de lo vivido y construido que lo que aún queda por llegar. Y le vemos llegando a sitios muy humanos e íntimos pero también a otros opuestos; y todo siempre justificado en la construcción del personaje, colocándolo en una fase de la vida en la que la reflexión hace que no lo tengas todo tan claro.

Veo en su película referentes claros como la crepuscular Grupo salvaje (Sam Peckinpah) o la muy contundente Reservoir dogs (Quentin Tarantino)¿Es así?

E.M.: Puede ser pero no he buscado referentes. Esta obra es mía, nace de mis propias vivencias y experiencias; no he podido encontrar otra inspiración mejor que la realidad en la que me he movido. Mi barrio era así: venía la policía, hablaba con el yonki y ese luego se metía en la casa de al lado a pincharse.

Ezekiel, sé si ha sido conscientemente pero ha reunido en esta película a toda una generación de actores que ha recorrido España de teatro en teatro: Antonio Dechent, Paco Tous, Juanma Lara, Manuel de Blas, Nancho Novo...

E.M.: Queríamos tener a grandes actores, y éstos son los mejores para nuestros personajes. Al final sí ha acabado siendo es la representación de un grupo generacional de una época, desde luego.

A.D.: Ese grupo de actores que ve en la película se ha recorrido, como bien ha dicho, España entera, de pueblo en pueblo, dando funciones y también haciendo películas. Ésa es una de las mejores cosas que podemos ver en esta película; toda esa camaradería de la que tanto se habla es, en realidad, un reflejo generacional de un grupo humano dedicado en cuerpo y alma a la representación y que ha tenido la suerte de juntarse en una película.

¿Es difícil catalogar una película como 'Hombre muerto no sabe vivir'?

E.M.: Ése es el mayor logro de la película. No puedes explicar una obra como Hombre muerto no sabe vivir, tienes que verla. Podría decir que es cine negro, no me importaría.

Todo este universo de personajes se resume en una reflexión nostálgica: «Lo antiguo frente a lo moderno, lo viejo frente a lo nuevo».

E.M.: Los valores están siempre por encima de la gente, y ésa es una de las propuestas de valor de 'Hombre muerto no sabe vivir'. Estas nuevas generaciones carecen de valores tan antiguos y necesarios. Hoy en día todo vale y lo que viene a decir la película es que entre lo antiguo y lo nuevo refiriéndome a la camaradería, la amistad, el respeto y la tolerancia, me quedo con lo que había antes.