Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Crítica

'Altas capacidades': cuando la farsa se agria

Reseña de 'Altas capacidades', de Victor García León, en la Sección Oficial a Concurso del Festival de Málaga

Natalia Reyes y Marián Álvarez, en 'Altas capacidades'

Natalia Reyes y Marián Álvarez, en 'Altas capacidades' / La Opinión

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Víctor A. Gómez

Víctor A. Gómez

Málaga

Altas capacidades

Dirección: Víctor García León

Guión: Borja Cobeaga y Víctor García León

Intérpretes: Marián Álvarez, Israel Elejalde, Juan Diego Botto, Natalia Reyes

Podríamos decir que la verdadera diferencia entre la comedia y la farsa es que los protagonistas de la primera suelen dar pena y los de la segunda, asco, aunque las risas incómodas suavicen los procedimientos. Absolutamente todos los personajes de 'Altas capacidades' resultan antipáticos, pero, lamentablemente, no de una manera simpática, atractiva. Supongo que ése es el gran peligro de la farsa, de la sátira de los comportamientos y actitudes reprobables: el que se le vean las costuras al ejercicio de la crítica moral y todo acabe siendo desagradable. ¿Y cómo puede llegar a pasar eso? La manera más habitual: al no hacer gracia. Y eso es justo lo que ocurre en la esperada película de Víctor García León (aún se recuerda su estupenda 'Los europeos'), coescrita por el casi siempre sagaz Borja Cobeaga.

Nadie espera que este matrimonio de arribistas que dice hacerlo todo en nombre de su hijo (al que desatienden y usan como vehículo para el ascenso social propio) termine aprendiendo la lección, pero sí, al menos, que en algún momento de su patética peripecia de pobres diablos narcisistas se aligere el tono apesadumbrado de un vapuleo brutal, algo inhumano. Si al menos la inclemencia viniera acompañada por cierta chispa, esa de la que tanto se beneficiaban los libretos personales de Cobeaga ('Pagafantas', 'Fe de etarras', 'Negociador') de hasta hace no mucho y que parece haber perdido en una visión del mundo cada vez más agria.

¿Cómo lo habría hecho yo? Quizás introduciendo momentos de vergüenza ajena, escenas ridículas y chorras que provoquen esas risas incómodas que mencionaba antes y así, no sé, acercar al espectador (que muchas veces no deja de ser otro pobre diablo) a este par de dos. Ellos, Víctor y Borja, han hecho su película, supongo que la que han querido, una en la que los actores para buscar algo de gracia en bastantes escenas tiran de oficio y alargan diálogos con supuesta naturalidad y alguna que otra muletilla, en la que nos tenemos que reírnos de los pijos que se espantan de una colombiana por ser la mujer de un narco que, al final, termina ejerciendo de mujer de un narco. Eso sí, las cosas como son: Juan Diego Botto lo borda como estiloso y suave jefe de hijoputismo total.

Tracking Pixel Contents