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Crítica

'Después de Kim': vuelve Tornasol 'Entertainment'

Reseña de la película de Ángeles González-Sinde, en la Sección Oficial a Concurso del Festival de Málaga

Adriana Ozores, Ángeles González-Sinde y Darío Grandinetti, en el rodaje del filme

Adriana Ozores, Ángeles González-Sinde y Darío Grandinetti, en el rodaje del filme / La Opinión

Víctor A. Gómez

Víctor A. Gómez

Málaga

Después de Kim

Dirección y guión: Ángeles González-Sinde

Intérpretes: Darío Grandinetti, Adriana Ozores, Gloria March, Christina Rosenvinge.

Un clásico del Festival: la producción de Gerardo Herrero, bajo el sello Tornasol, en la Sección Oficial a Concurso. El año pasado nos tocó 'La buena suerte' (el título no era premonitorio), de Gracia Querejeta. ¿Se acuerdan de ella? Confieso que he tenido que consultar mis apuntes, y, porque uno tiene todavía algo de vergüenza y prurito profesional, pero al hacerlo me he sentido tentado de reproducir aquella reseña aquí, de arriba a abajo, porque, la verdad, 'Después de Kim', de Ángeles González-Sinde, me ha generado las mismas sensaciones que aquella. Fundamentalmente, pereza.

No resisto a autocitarme (lo siento): "Hay un cine español que se resiste a desaparecer. Sigue ahí, impertérrito, ajeno a tendencias y modas, como si no discurriera el tiempo; proporciona imágenes tibias, de una estética plana, desteñida y desapasionada, alérgicas a cualquier arranque de temperamento, que se van desvaneciendo mientras aparecen, sin dejar ningún poso". Esto de González-Sinde obedece exactamente a la descripción: cine sin espíritu, planteado desde una corrección abrumadora que aplasta las únicas arrugas de interés que pudiera haber en la historia.

Básicamente, esto podría haber sido una especie de cozy crime, un thriller sosegado y de mantita sobre un par de detectives heterodoxos (los padres divorciados que investigan por su cuenta el asesinato de su hija, a la que habían desatendido emocionalmente durante años) pero qué va; a ver, lo intenta, pero los procedimientos son tan flácidos que acaba por diluirse todo ante el progresivo aburrimiento del espectador. Supongo que los responsables de 'Después de Kim' intentarán convencernos de que se trata de una mirada madura a las claves del thriller pero no basta con escribir una intriga tan vaga (dos pasos, dos conversaciones separan a los padres de lo que buscan), con una (1) escena de intento de atropello y una (1) de persecución no precisamente trepidante, y hacerla protagonizada por señores mayores con achaques y básicamente quejicas. Termina la película y uno se despega de la butaca sintiéndose más pesado (la hora y cuarenta y siete, 107 minutos) y pensando, temiendo ya la próxima cita, seguro que el año que viene, con Tornasol 'Entertainment'.

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