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'Femení, singular': alienación diluida

Reseña de la película de Xavi Puebla, en la Sección Oficial Fuera de Concurso del Festival de Málaga

Una imagen de 'Femení, singular'

Una imagen de 'Femení, singular' / Xavi Berdala

Víctor A. Gómez

Víctor A. Gómez

Málaga

Femení, singular

Dirección: Xavi Puebla

Guión: Jesús Méndez, Xavi Puebla, Mireia Vidal

Intérpretes: Vico Escorcia, Nora Navas, Carles Sanjaime.

Me interesaron las dos primeras películas de Xavi Puebla que se estrenaron en salas (y que pasaron antes, con Biznagas, por cierto, por el Festival de Málaga): 'Bienvenidos a Farewell-Gutmann' (2008), una pieza de cámara más ambiciosa, singular y extravagante de lo que aparenta, y 'A puerta fría' (2012), una crónica mametiana en torno a las miserias del mundo laboral y de nuestro modus supervivendi; las firmaba un realizador y guionista arrojado pero cabal, preciso y sin aspavientos, de puesta en escena concentrada, con perdonables excesos pero en busca de algo. Por eso es una lástima que ese Xavi Puebla no visite mucho 'Femení, singular', un largometraje con algunas concomitancias con sus hermanas mayores (especialmente 'A puerta fría' y su empeño en desbrozar ciertos microcosmos laborales) pero que peca de lo que en ningún momento se veía en aquellas: cierta tibieza y literalidad, la sensación de que no hay demasiado debajo de la exposición de la sinopsis.

La película sigue a una migrante, Nayelis, absolutamente desposeída de vida y de sueños: trabaja en un país que no es el suyo, habla en un idioma diferente (catalán), se hace la idea de tener una familia con un hijo que no lo es (sino el de sus empleadores) y envía dinero a su novio para que juntos, a la vuelta de ella, puedan montar un restaurante que, en realidad, parece ser más ambición de él. La joven manifiesta esa alienación absoluta a través de un cierto apocamiento, una conformidad con lo que le va sucediendo, poniéndose siempre delante, sacrificándose por los demás, y está muy bien que Xavi Puebla opte para narrarlo por un tono discreto, sottovoce, alejado de ese cine social de planos cogoteros, cámara en mano para darle garra (y supuesto verismo) al asunto narrado. El problema es que la película pronto se contagia de la poquedad de su protagonista (una, eso sí, excelente Vico Escorcia) y se diluye sin remedio.

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