Documentales
'Black Water': el frágil equilibrio entre tierra y agua en Bangladesh
El documental de Natxo Leuza retrata la vida cotidiana en Bangladesh, donde tormentas e inundaciones obligan a miles de personas a rehacer su vida una y otra vez.

Un momento del rodaje de 'Black Water' / La Opinión

Antes de que llegue la tormenta, una mujer recoge con cuidado el pelo de una niña. Lo hace deprisa, casi con urgencia, como si esa lección estuviera demasiado bien aprendida: “Voy a recogerte el pelo por si hay que salir corriendo”. En 'Black Water', el documental de Natxo Leuza que se presenta mañana, miércoles, en la Sección Oficial de Documentales del Festival de Málaga, escenas como esta resumen mejor que cualquier explicación lo que significa vivir en un territorio donde el agua ha dejado de ser paisaje para convertirse en amenaza cotidiana.
La película sitúa su mirada en Bangladesh, uno de los lugares del planeta donde la relación entre tierra y agua siempre ha sido delicada. Allí confluyen decenas de ríos y el ciclo de los monzones ha marcado la vida de generaciones. Pero el documental sugiere que ese equilibrio histórico se está volviendo cada vez más frágil: las tormentas llegan con más violencia, los ciclones obligan a evacuar a cientos de miles de personas y hay zonas donde el terreno se vuelve cada vez más difícil de habitar. Durante el proceso de rodaje, el propio Leuza reconocía que lo que más le impactó fue descubrir que “más allá de los datos o de las previsiones científicas, detrás de esta crisis hay vidas enteras obligadas a romperse”.
En una de las escenas más inquietantes, un hombre recorre las calles en un motocarro con un altavoz avisando de la formación de un ciclón mientras el cielo se oscurece y los truenos comienzan a escucharse a lo lejos. Poco después llega el anuncio de evacuación masiva hacia zonas seguras. No es un episodio excepcional, sino una rutina que se repite cada temporada de tormentas.
Mirada
Leuza adopta una mirada observacional, cercana al día a día de quienes viven en estas regiones. Una anciana contempla los restos de su vivienda y repite que el agua se lo ha llevado todo. Cerca de allí, varias familias rebuscan entre chapas y materiales para levantar de nuevo un refugio. La reconstrucción empieza incluso cuando el suelo sigue húmedo, como si la vida no pudiera permitirse esperar a que el desastre termine del todo.
El documental también sigue a una mujer que decide marcharse a Daca para encontrar trabajo. Como muchas otras personas desplazadas desde las zonas rurales, termina en uno de los talleres de costura que alimentan la gigantesca industria textil del país. La ciudad aparece así como destino inevitable para quienes han perdido su tierra, pero también como un espacio saturado donde la llegada constante de nuevos habitantes multiplica la precariedad.
A lo largo de 'Black Water', distintas voces intentan explicar lo que está ocurriendo: la experiencia de quienes han vivido durante generaciones en un lugar que ahora se vuelve inviable. Un predicador callejero lanza advertencias apocalípticas sobre el destino de la humanidad. Son formas distintas de expresar una misma inquietud: la sensación de que el clima se ha vuelto imprevisible.
En su tramo final, el documental introduce también el lenguaje del activismo climático. Durante una movilización, algunos participantes recitan versos del activista nigeriano Nnimmo Bassey: "No bailaré a tu ritmo si el cambio climático significa la muerte para mí pero negocio para ti”. La frase resume una idea que atraviesa buena parte del debate ambiental contemporáneo: la crisis climática no afecta a todos por igual.
Mejor observar que explicar
Rodada con una fotografía muy cuidada que se detiene en los paisajes del delta y en los cielos cargados de tormenta, 'Black Water' prefiere observar antes que explicar. Sus momentos más potentes nacen precisamente de esa sencillez: escenas cotidianas, normalidad frente a algo que no lo es. Para Leuza, lo que ocurre en Bangladesh tampoco debería entenderse como una anomalía lejana: “Lo que está ocurriendo allí no es una excepción, sino un anticipo de un mundo que ya está cambiando".
Ya conocen el viejo refrán: cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar. En Bangladesh, donde las tormentas y las inundaciones forman parte del calendario y obligan a millones de personas a adaptarse constantemente, la advertencia empieza a sonar inquietantemente literal.
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