Documental
Eduardo Casanova: «Quiero resignificar el insulto desde el orgullo y la libertad»
El actor y director presenta junto al productor Jordi Évole 'Sidosa', el documental en que confiesa parecer VIH desde los 17 años, una obra singular y heterodoxa. «Siempre he sublimado lo que me pasa a traves del cine», dijo

Eduardo Casanova, ayer en Málaga / Álex Zea

El anuncio llegó entre humor, emoción y reivindicación. En el marco del Festival de Málaga, el cineasta y actor Eduardo Casanova presentó 'Sidosa', un documental que parte de su propia historia personal con el VIH y que busca abrir una conversación social todavía marcada por el estigma. La película, de Producciones del Barrio, el sello de Jordi Évole, y respaldada por Atresmedia, se estrenará en cines el 23 de abril.
El proyecto comenzó a gestarse hace más de tres años, cuando Casanova decidió compartir con Évole un secreto que llevaba guardando desde la adolescencia: vive con VIH desde los 17 años. En aquel momento, según explicó el periodista, el cineasta aún no se sentía preparado para hacerlo público. Con el paso del tiempo, esa conversación privada se transformó en una película. «Se vio a otro Edu, con unas ganas enormes de comunicar lo que había vivido durante 17 años», recordó ayer Évole. El objetivo era doble: contar su experiencia y ayudar a otras personas que siguen viviendo el diagnóstico desde el silencio.
Confesión
'Sidosa' es un documental que combina confesión personal, observación cotidiana y momentos de humor. Según el equipo, la intención era alejarse de los relatos tradicionales sobre el VIH y ofrecer una mirada distinta. «No queríamos hacer 'Philadelphia 2'. Queríamos también reírnos», explicó el productor, en referencia a la célebre película sobre el sida protagonizada por Tom Hanks.

Jordi Évole, abrazando a Casanova en el photocall del Muelle Uno / Álex Zea
Uno de los ejes del documental es mostrar la vida cotidiana de una persona con VIH en la actualidad. Con tratamiento, subrayaron durante la presentación, es posible llevar una vida completamente normal. Sin embargo, el estigma social sigue siendo una realidad. Casanova lo ilustró con experiencias propias: durante años recogió la medicación en secreto, rompía los envoltorios para que nadie identificara el fármaco e incluso pedía a otras personas que lo hicieran por él. «Esto no lo hago solo yo», explicó. «Es la realidad de muchísimas personas con VIH», razonó.
Mitos
El documental también se propone desmontar mitos todavía extendidos. Jordi Évole recordó que incluso entre profesionales sanitarios persisten dudas o miedos infundados sobre el contagio, algo que demuestra que el conocimiento social no ha avanzado al mismo ritmo que la medicina.
El título de la película tiene una intención clara. 'Sidosa' es un término que históricamente se ha utilizado como insulto. Casanova explicó que decidió apropiárselo para resignificarlo, del mismo modo que el colectivo LGTBI ha resignificado otras palabras ofensivas. «La idea es darle un nuevo significado desde el orgullo y la libertad», señaló el intérprete y realizador. La estrategia busca desactivar el insulto y convertirlo en una herramienta de visibilidad. Para el equipo, esa visibilidad es clave: durante décadas el VIH ha permanecido socialmente silenciado, pese a haber marcado profundamente la historia reciente.
Cine dentro del documental
Uno de los elementos más particulares de 'Sidosa' es su estructura híbrida. Además del seguimiento documental, la película incluye fragmentos de ficción dirigidos por el propio Casanova. Para el cineasta, esa era la única manera de contar su historia. «Yo siempre he sublimado lo que me pasa a través del cine», explicó. «No me veía capaz de sentarme delante de una cámara y simplemente decir 'Tengo VIH'. Necesitaba contarlo desde mi universo cinematográfico».
En ello colabora Ana Belén. La artista interpreta una canción que forma parte del desenlace de la película, una versión adaptada de un tema ya existente cuya letra fue reescrita por Casanova.
Évole y el protagonista revelaron ayer que la cantante aceptó participar tras recibir la propuesta y encontrar un hueco en su agenda para rodar la escena. Para el cineasta, su presencia tiene un valor simbólico: representa el apoyo del mainstream a una causa históricamente marginada.
En este sentido, más allá de su recorrido cinematográfico, el equipo insiste en que la ambición principal del documental es social. «El cine también es política», afirmó Évole, aunque aclaró que en este caso se trata de una política vinculada a los derechos humanos: que la sociedad vuelva a hablar del VIH desde el conocimiento y no desde el miedo.
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