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Crítica

'La hija cóndor': el cine festivalero

Reseña de la película de Álvaro Olmos Torrico, en la Sección Oficial a Concurso del Festival de Málaga

Una imagen de 'La hija cóndor'

Una imagen de 'La hija cóndor' / La Opinión

Víctor A. Gómez

Víctor A. Gómez

Málaga

La hija cóndor

Dirección y guión: Álvaro Olmos Torrico

Intérpretes: Nely Huayta, Marisol Vallejos Montaño, María Magdalena Sanizo.

Hay películas que parecen estar concebidas expresamente para los festivales y su circuito de prestigio; todo en ellas está diseñado para gustar a un público muy concreto, desde la confección primorosa y 'de autor' hasta la elección de un asunto y personajes pertinentes en la conversación actual. Cuesta imaginarse una proyección de 'La hija cóndor' fuera de la agenda de un certamen (lo cual, quizás, hable en realidad más de la actual exhibición cinematográfica y del grado de curiosidad de los espectadores): nos presenta a una partera y su hija en una minúscula comunidad de Los Andes bolivianos, gran parte de la película se habla en quechua, el tempo es parsimonioso y el tono es contemplativo, plantea los conflictos desde una mirada distanciada, imbricando lo documental en la ficción... ¿Me siguen?

Y todo lo hacen bien Álvaro Olmos Torrico y su equipo en este sentido: la foto es pulcra y expresiva, desde la luminosidad y la bruma de ese trozo rural del mundo hasta las noches de colores de neón de la ciudad; la música, tanto las canciones de synth-pop autóctono que tientan a la protagonista como la banda sonora de cámara incidental, resulta exquisita, y la dirección general es sobria, discreta y respetuosa, sirve las dualidades del relato (madre-hija, tradición-modernidad, campo-ciudad) de manera efectiva...

Entonces, ¿qué pasa? Porque si me han leído hasta aquí se habrán dado cuenta de que habrá un pero en mi reseña. Efectivamente lo hay, y es básico: la admiración estética que me produce 'La hija del cóndor' alcanza el nivel exacto de mi alejamiento de la historia y de sus personajes. Es cierto, menos mal, que se opta por un asunto universal y atemporal, que aquí no hay coyuntura que garantice selecciones festivaleras ni titulares, pero también que se indaga en él desestimando la emoción, desde esa distancia y ese plano estático, largo, a veces inmutable (como el que abre el filme), más impuesto desde la reputación autoral que el corazón del relato y la búsqueda de la complicidad del espectador, esa persona que quiere acercarse a esas otras personas y sus vidas.

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