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Entrevista

Natalia Oreiro (Biznaga de Homenaje): "Este premio me hace recordar a la niña que fui: viví en Miraflores de Los Ángeles entre 1984 y 1985"

La actriz uruguaya recibe el tributo del Festival de Málaga y presenta, en la Sección Oficial a Concurso, su más reciente filme, 'La mujer de la fila', sobre la dura supervivencia de una familia con un hijo preso

Natalia Oreiro, en el photocall del Muelle Uno

Natalia Oreiro, en el photocall del Muelle Uno / Álex Zea

Eduardo Parra

Eduardo Parra

Málaga

La actriz y cantante uruguaya Natalia Oreiro recibe un homenaje en el 29º Festival de Málaga en un momento de madurez artística y personal. Con una carrera marcada por personajes intensos y comprometidos —desde biografías musicales hasta dramas sociales—, Oreiro vuelve a una ciudad que también forma parte de su historia personal: Málaga fue uno de los lugares donde vivió durante su infancia. En esta conversación repasa sus orígenes, reflexiona sobre el oficio de actuar y habla de su último trabajo, La mujer de la fila, una película que pone el foco en las consecuencias humanas y familiares del sistema penitenciario.

Recibir un homenaje en el Festival de Málaga… ¿se siente como si te fueran a dar un premio que ya sabe que ganó?

Tiene algo de eso. Es lindo porque no tengo la presión de pensar en cómo nos irá. Nada está dicho, claro, pero estoy tranquila. Además, haber vivido en Málaga me coloca en un lugar de pertenencia. Todo me resulta familiar.

Y eso que muchas de sus películas han pasado por aquí, por el Festival y por España.

Sí, aunque curiosamente es la primera vez que vengo al Festival de Málaga. Me hubiera encantado venir antes, por ejemplo con Gilda, no me arrepiento de este amor, pero estaba filmando. Por suerte he estado trabajando mucho. Esta vez era importante venir porque Málaga forma parte de mi vida. En el 84 o 85 viví aquí con mis padres, en Miraflores de los Ángeles.

No me diga...

Sí. Venían mis abuelos gallegos, mi otra abuela del País Vasco… Es también la historia de nuestro país: ellos emigraron, luego nosotros vinimos, y así se fue formando todo.

La actriz uruguaya Natalia Oreiro, este viernes en Málaga

La actriz uruguaya Natalia Oreiro, este viernes en Málaga / Jorge Zapata (EFE)

¿Un reconocimiento así te hace reflexionar de otra manera sobre su carrera?

Hoy me preguntaban si tenía preparado algo para decir y la verdad es que intenté escribirlo varias veces… pero no hay algo concreto que necesite decir. Cuando subo a presentar una película suele ser para amplificar algo que tiene que ver con el mensaje de esa historia. En este caso me permito simplemente estar en el presente y agradecer.

¿Qué significa para usted mirar atrás ahora?

Que hagan una retrospectiva de mis películas me hace recordar a la niña que era. El otro día fui al barrio donde vivía y me quedé mirando a unas niñas inmigrantes con sus padres… y pensé: "Yo era una de ellas". Tenía muchos sueños. Es bonito reencontrarse con ese origen.

También has hablado muchas veces de cómo el trabajo de actriz implica “vaciarse” para convertirse en otros.

Sí. El intérprete se vacía para poder llenarse de la vida de otros. Cuanto más vacío estés de tu forma de pensar o hablar, más moldeable eres para que te atraviesen otras historias: la de Andrea, la de Eva Perón, la de Gilda. Pero con los años a veces sientes un vacío personal. Además vivimos un momento social y político muy duro, y si eres sensible te atraviesa todo eso.

Siempre he sido consciente de mis limitaciones y he trabajado muchísimo

Sin embargo, también hay mucha humildad en su discurso.

Creo que he tenido mucha suerte de que grandes directores y directoras me eligieran. Yo le pongo el alma a cada proyecto. Hay actores que nacen con un don natural; otros, como yo, tenemos que trabajar mucho. Siempre he sido consciente de mis limitaciones y he trabajado muchísimo.

Aunque hay algo que la gente percibe desde el primer momento.

Sí, una actriz muy importante con la que trabajé me dijo algo que nunca olvidé: “agradece lo que irradia tu mirada, porque eso no se aprende”. Todo lo demás se puede trabajar durante toda la vida. Cuando tenía 16 o 17 años me molestaba que hablaran de “mi ángel”, yo quería ser una actriz seria. Y ella me decía: “tranquila, ya llegará”. Y con el tiempo pasó.

Natalia Oreiro, en el photocall del Muelle Uno

Natalia Oreiro, en el photocall del Muelle Uno / Álex Zea

En la película que presenta ahora, 'La mujer de la fila', parece que hay una evolución en su trabajo. ¿Lo siente usted también?

Gracias por verlo. En esa película hay un despojo de lo que se espera de una actriz. Vivimos en un momento en el que a las mujeres se nos exige demasiado. Mi personaje no tiene máscara: no está maquillada, no intenta caer bien. Incluso al principio es bastante antipática porque se cree una “mujer de bien” a la que ciertas cosas no le pueden pasar.

Además presentaron la película en una cárcel de Málaga.

Sí, fue increíble. La historia no habla tanto de lo que pasa dentro de la cárcel, sino de lo que ocurre fuera con las familias de los presos, que también se sienten juzgadas. Trabajé con mujeres reales que hacen fila para visitar a sus familiares, no con actrices. Había una verdad muy fuerte ahí.

Tengo un trabajo extraordinario, sí, pero sigo siendo aquella chica inmigrante que vivió aquí y que a los 16 años se fue sola a Buenos Aires persiguiendo sus sueños

¿Cómo fue la experiencia de visitar la prisión?

Hablé con muchas personas privadas de libertad. Nadie quiere estar en la cárcel, pero tienen derecho a cumplir su condena y luego reinsertarse en la sociedad. En algunos países de Latinoamérica las cárceles no están preparadas para eso. Ayer, en cambio, vi un espacio con arte, con proyecciones, con oportunidades. Eso es fundamental.

Su historia, desde luego —la niña inmigrante en Málaga, la actriz, la cantante—, tampoco se queda atrás.

Es una mezcla rara de muchas cosas. Pero al mismo tiempo quiero ser una persona común. Tengo un trabajo extraordinario, sí, pero sigo siendo aquella chica inmigrante que vivió aquí y que a los 16 años se fue sola a Buenos Aires persiguiendo sus sueños. Y en el fondo sigo siendo esa misma persona.

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