Sanidad
Estudiar Medicina después de ser enfermero: “Fue muy duro, pero a fecha de hoy no lo cambio”
El malagueño Daniel Clavijo comparte su historia sobre cómo fue compaginar los estudios con su trabajo y presentarse cuatro veces al MIR hasta lograr entrar en la especialidad que quería con 39 años

Daniel Clavijo en el Hospital Universitario Virgen de la Victoria / L.O.

Daniel Clavijo siempre quiso ser médico, pero acabó convirtiéndose en enfermero, una profesión que nunca se había planteado y que terminó conquistándolo. Sin embargo, el contacto diario con los pacientes y la dinámica del hospital volvieron a “encender esa llamita” de la vocación por la Medicina, que nunca había llegado a apagarse. Quería comprender mejor el cuerpo humano y saber más sobre las enfermedades que veía cada día. Hoy, tras más de una década de esfuerzo y sacrificio, está cumpliendo por fin su sueño. A sus 42 años, con un hijo y otro en camino, es residente de cuarto año de Medicina Interna en el Hospital Universitario Virgen de la Victoria de Málaga.
El malagueño tiene muy claro que sin el apoyo y ayuda de sus compañeros y familia no habría sido posible. Hicieron falta muchos cambios de turno y favores para poder asistir a las clases y realizar las prácticas, ya que durante los seis años de carrera compaginó sus estudios con su trabajo como enfermero.
“Hacía las prácticas en el hospital donde trabajaba, así que había días que era irme de una planta donde estaba trabajando a la de abajo para hacer prácticas”, relata. A pesar de los obstáculos, logró sacarse la carrera sin tener que repetir ninguna asignatura. “Ya fuese por trabajo o por las prácticas, estaba casi 24 horas dentro del hospital”.
Años de mucho sacrificio
Los tres primeros años de la carrera los cursó en Santander, antes de poder regresar a Málaga donde terminó el grado en 2018. Al llegar a Cantabria, las bolsas de empleo de Enfermería estaban cerradas, por lo que ese primer curso tuvo que trabajar en el Burger King y en una discoteca sirviendo copas, hasta que pudo optar a un contrato como enfermero.
“Ya fuese por trabajo o por las prácticas, estaba casi 24 horas dentro del hospital”
Define aquellos años como “una auténtica locura” y hace hincapié en que no lo hubiese logrado de no haber sido por el respaldo de sus compañeros, tanto en Santander como en Málaga. El apoyo de su familia también fue clave a lo largo de todos estos años en los que tuvo que hacer muchos sacrificios: “De ocio, de viajes, de no ver a la familia, de Navidades cenando lo justo porque tenía que aprovechar las vacaciones para estudiar, etc.”.
Momentos de duda
Fue también su entorno más cercano el que lo sostuvo y lo animó en los momentos de duda, que admite que no fueron pocos. “Me planteé muchas veces si de verdad estaba haciendo lo correcto”, confiesa, recordando que dejó un contrato fijo y estable en un trabajo que le gustaba mucho. “Pero tenía la espinita de querer estudiar Medicina”, comparte Clavijo, que no oculta que fue una “época difícil”.
A pesar de todo, asegura que no cambiaría nada. “Fue muy duro, pero a fecha de hoy no lo cambio. Lo volvería a tomar sin duda”. Aunque reconoce que las guardias y el ritmo de trabajo son muy exigentes, “cada día veo lo que estoy haciendo y me siento supercontento, creo que nada me aportaría tanta felicidad como me aporta poder ejercer la Medicina”.
“La gente me pregunta cómo lo hice y no sé decirles, porque no creo que exista una fórmula mágica. Es simplemente que en tu mente no concibas otra posibilidad que no sea dedicarte a eso que te motiva”, reflexiona el malagueño, que desde que tiene uso de razón supo que quería estudiar Medicina.
Cuatro intentos en el MIR
No obstante, al terminar Bachillerato, no obtuvo la nota necesaria y optó por estudiar Biología. Pronto comprobó que no era su camino y decidió cambiar a Enfermería, una profesión que, para su sorpresa, terminó “gustándome mucho”. Sin embargo, el trabajo diario en el hospital reavivó su auténtica vocación y decidió, pese al vértigo, lanzarse de nuevo a estudiar. Como seguía sin alcanzar la nota de corte, cursó durante dos años un ciclo superior de Anatomía Patológica y repitió la Selectividad mientras continuaba trabajando como enfermero. Finalmente, logró acceder a Medicina.
"Es simplemente que en tu mente no concibas otra posibilidad que no sea dedicarte a eso que te motiva”
Pero superar la carrera no fue el final del trayecto. Conseguir entrar en la especialidad que deseaba —Medicina Interna— fue otra auténtica odisea. Hicieron falta cuatro intentos de MIR: 2019, 2020, 2021 y 2022. En el último año, su mujer estaba embarazada, por lo que trasladarse a otra provincia quedaba completamente descartado. “Tiene que ser ahora o nunca”, pensaba, pues sabía que presentarse una quinta vez, con un hijo recién nacido, no era una opción. “El examen me salió muy bien y pude, por fin, elegir la especialidad que quería en la ciudad que quería”, cuenta con satisfacción. Una semana después de incorporarse a la residencia, con 39 años, nació su primer hijo.
Doble perfil profesional
Aunque hace ya varios años que no ejerce como enfermero, asegura que nunca ha dejado de sentirse parte de esa profesión. De hecho, destaca que en su día a día se beneficia de ese doble perfil profesional, que le ayuda a comunicarse mejor tanto con los pacientes como con sus compañeros de Enfermería.
Esa experiencia previa también le ayuda a anticiparse a las necesidades del personal de Enfermería y a facilitarles su labor siempre que puede. Lo mismo ocurre con los pacientes, a quienes intenta explicarles todo lo mejor posible para evitar dudas y que tengan que acudir de nuevo a consultar a las enfermeras.
“No sé si mi historia servirá para inspirar a otros, pero si a alguien le llama la atención, le diría que, si de verdad tiene en su cabeza algo, que vaya por ello, aunque al principio las cosas puedan parecer difíciles”, concluye Clavijo, que insiste en que, como las hormigas, “con pasitos cortos, pero continuos, al final llegas”. Y, aunque subraya la importancia del esfuerzo individual, remarca también lo esencial que es buscar apoyos, tanto económicos —como becas— como personales —familia, amigos o compañeros de trabajo— que puedan ayudar a sostener aquellas obligaciones que no se pueden dejar de lado. “Porque, al final, por mucho que quieras, sin apoyos y ayuda muy difícilmente se logra nada”.
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