La polémica del agua. La progresiva reducción de las lluvias en España reabre el debate sobre cómo afrontar el abastecimiento de la población. Los quince trasvases que funcionan actualmente mueven una gran cantidad de agua entre distintos ríos y cuencas, pero con menos lluvia también habrá menos caudal que desplazar de un lugar a otro. Las desaladoras aparecen como alternativa, pero su producción es muy cara y son instalaciones que generan un fuerte impacto ambiental, dado su elevado consumo energético y el vertido de salmuera.

Ni uno, ni dos, ni tres. En España funcionan todos los años quince trasvases de agua, algunos desde finales de los años 60, cuando el Ebro comenzó a abastecer de caudal a Bilbao y Santander (la España húmeda), para consumo de la población y de su industria. El Gobierno actual y el anterior de Mariano Rajoy han mantenido un sistema que mueve todos los años unos 600 hm3 entre diferentes ríos y cuencas, a los que se suman los 6.000 hm3 que el Tajo entrega a la vecina Portugal. Ninguno de estos trasvases se ha cuestionado nunca. Solo aparece ahora amenazado el Tajo-Segura, el de más entidad, preso de las presiones políticas de Castilla-La Mancha y de Madrid, que históricamente han querido patrimonializar los recursos del Tajo para garantizar su desarrollo urbanístico y agrícola.

Se trata de una polémica que se ha agravado en los últimos años, debido a que todos los expertos, empezando por la propia Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) y el Ministerio para la Transición Ecológica, pronostican que la crisis climática provocará un descenso de hasta el 30% en las precipitaciones en España en los próximos 50 años. Ello comprometerá el futuro de los trasvases de agua y en muchas zonas deja el abastecimiento en manos de la desalación de agua del mar.

Trasvases: repartir el agua

El 80% de los 600 hm3 que se distribuyen viajan intercuencas, es decir, de una cuenca fluvial a otra. Los defensores de este sistema alegan que España no sería lo que es hoy sin los trasvases, en especial el del cuestionado Tajo, que mantiene 130.000 empleos en la Comunidad Valenciana, Murcia y Almería. Además, la España húmeda, Santander y Bilbao, sufrirían restricciones si no recibieran agua del Ebro. Otros trasvases clásicos son los que abastecen Tarragona o Andalucía.

Sin embargo, esta fórmula cuenta también con numerosos detractores, debido al impacto de las conducciones por donde va a discurrir el agua. El impacto que estas otras producen depende, fundamentalmente, del valor ambiental de las áreas afectadas y más concretamente en este caso del trazado. Son obras que generan un gran impacto medioambiental sobre el territorio, equiparable en ocasiones al que produce la construcción de una autovía. Aparte de los embalses que conllevan los trasvases, los ecologistas de WWF/Adena advierten de la alteración del régimen de los ríos y señalan que, a menudo, con la excusa de abastecer a la población, se destina el preciado líquido a campos de golf y grandes urbanizaciones turísticas.

En España funcionan actualmente quince trasvases que mueven hasta 600 hm3 entre ríos y cuencas

La alternativa que ofrece el Gobierno es la desalación, pero el agua así producida sale a 0,62 euros el metro cúbico, y, así y todo, se necesita mezclar con el agua superficial para dotarla de minerales, porque el caudal que sale de estas plantas es destilada. Por otro lado, los costes energéticos son brutales, porque el consumo de electricidad de las potabilizadoras de agua de mar es elevadísimo. Un estudio de la Universidad de California publicado hace unos años revela que las emisiones de gases de efecto invernadero desde las desaladoras multiplican por once los generados por los trasvases. Y, aparte, la salmuera que vierten al mar (la sal sobrante del proceso de desalación) es un gran enemigo de la fauna y flora submarinas. Pese a ello, cada vez más administraciones recurren a este sistema porque la crisis climática avanza y va a reducir un 30% el aporte de lluvias a las cuencas.

Desaladora de Torrevieja, la planta más grande de España con capacidad para producir 180 hm3 de agua dulce al año. | Tony Sevilla

Según los datos que maneja el Instituto Interuniversitario de Geografía de la Universidad de Alicante con datos de las empresas que gestionan las plantas desaladoras en la cuenca mediterránea, la producción metro cúbico de agua desalada a pie planta consume 4kw/hora, a la que hay que sumar otro medio kilowatio/hora para su distribución posterior (elevación). En cambio, el coste energético del agua de los trasvases (1,1 kilowatio/hora).

«La desalación contradice la esencia principal de la lucha contra el cambio climático, como es la necesidad de reducir el consumo energético», advierte el catedrático de Análisis Geográfico Antonio Rico, coincidiendo con la opinión de casi todos los expertos en la materia. Es un consumo que incide, por otro lado, en el propio precio del agua. El metro cúbico de caudal desalado se paga a 0,62 euros/m³, seis veces más que la trasvasada.

Desaladoras: el fuerte impacto de la salmuera

Por primera vez, un estudio científico internacional ha logrado cuantificar el número de desaladoras existentes en el planeta, alrededor de 16.000, y ha alertado del peligro que constituye el vertido de salmuera que generan estas plantas. La salmuera es el líquido hipersalino que provoca el proceso de desalación y que, generalmente, se acaba vertiendo al mar. El trabajo, con respaldo de la ONU y que se ha publicado en Science of the Total Environment, revela que cada día las desaladoras generan en el mundo 141,5 millones de metros cúbicos de salmuera, un 50% más de lo que se creía. La cantidad anual bastaría para cubrir la superficie de España con una fina capa de aguas hipersalinas. Para producir un litro de agua potable, es preciso generar 1,5 litros de salmuera. Este líquido supone un fuerte impacto sobre la vida vegetal y animal submarina allí donde se produce. España tiene más de la mitad de la plantas desalinizadoras de agua de mar que hay en Europa y un 5,7% de todas las que existen en el planeta. Pero la mayor concentración de este tipo de instalaciones están el Golfo Pérsico: Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kwait y Qatar acaparan un tercio de todas las plantas que hay en el mundo. Estos cuatro países generan una tercera parte del agua desalada de todo el mundo, pero un 55% de la salmuera.

La desalación de agua tiene un coste que los agricultores no pueden asumir

Antonio Gil Olcina
ENTREVISTA - Antonio Gil Olcina
Geógrafo y rector emérito de la Universidad de Alicante
Redacción: Joan Lluís Ferrer (coordinador), Luis Mario Arce, Francisco José Benito y Minerva Mínguez. - Diseño y maquetación: Javier Caldito
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