15 de abril de 2018
15.04.2018
Desarrollo

Dakhla, una perla turística entre las dunas del Sáhara

Unos 20.000 franceses y más de 10.00 españoles ya eligen anualmente la ciudad costera del Sáhara Occidental como destino vacacional casi virgen

15.04.2018 | 12:04
Dakhla, una perla turística entre las dunas del Sáhara

Evaluación

  • Dakhla fue la última colonia española en suelo saharaui. El 26 de febrero de 1976 terminaba la evacuación de más de 40.000 personas. Han transcurrido 42 años y ahora España vuelve a mirarse en la entonces Villa Cisneros.

La región autónoma de Dakhla, azotada durante cuatro décadas por el conflicto entre el Frente Polisario y Marruecos, se abre camino como capital mundial del kitesurf y apuesta por las últimas vanguardias para intentar emular a Galicia como principal centro de conservas de pescado de todo el planeta. Empresarios españoles apuestan por esta antigua Villa Cisneros en una auténtica «fiebre del oro»

Mediodía en Dakhla, esa perla turística que, asomada al Atlántico y rodeada de las dunas del Sáhara Occidental, dejó hace 42 años de ser la española Villa Cisneros. Como es viernes, miles de musulmanes toman la calle para dirigirse en familia hasta la mezquita. Es día de congregación, de rezo colectivo. Pero también es la jornada más especial de la semana en la sede del gobierno regional.

El presidente electo y exintegrante del Frente Polisario, Yanja Khattat, es el encargado de inaugurar una audiencia ante más de medio centenar de periodistas llegados desde cuatro países: Francia, España, Italia y, por supuesto, Marruecos. Sobre la mesa, el tratado de pesca con la Unión Europea, así como los macroproyectos que para el año 2021 están llamados a multiplicar hasta por tres la población, ahora de unos 100.000 habitantes, de un enclave que ya ha empezado a vivir su particular «fiebre del oro».

Con más de un millar de plazas turísticas, sin contabilizar los alojamientos vacacionales, el entorno de la bahía que forma precisamente el río Oro es un verdadero diamante en bruto. Sus extensísimas playas casi vírgenes y el espacio del litoral que presume de albergar el mejor lugar del mundo para la práctica del kitesurf le permiten a Dakhla recibir ya algo más de 20.000 turistas franceses cada año y a unos 10.000 españoles.

Su aeropuerto, no obstante, carece de conexiones directas con Andalucía. Para volar desde Málaga, por ejemplo, es obligatoria la escala en las instalaciones internacionales de Casablanca. Pero sí que hay líneas directas hasta Las Palmas y París. Khattat reconoce que abrir nuevas rutas aéreas, establecer una vía terrestre con óptimas prestaciones hacia El Aaiún y otras ciudades situadas más cerca del Estrecho de Gibraltar y, sobre todo, construir un gran puerto pesquero capaz de recibir cruceros son imprescindibles para que la ciudad recupere todo su brillo.

Atrás quedan 42 años de conflicto por la hegemonía en este territorio, entre el Frente Polisario y Marruecos, de manera que queda prácticamente todo por hacer. De eso han dado cuenta empresarios tanto franceses como españoles e incluso se empieza a palpar la inversión estadounidense, al calor de los últimos análisis que han detectado grandes bolsas de gas en el subsuelo saharaui.

Casi a diario emergen complejos hoteleros ecológicos, cerca de la paradisiaca Duna Blanca (cima natural que corona la bahía del río Oro), que dan trabajo a colonos de Dakhla que se desplazan a la búsqueda de oportunidades incluso desde países del África subsahariana. Así lo indica la joven empresaria Rabea Elhajji, responsable comercial de Kite Hotel. «Todas las habitaciones están construidas en madera y son autosuficientes en consumo energético».

Turistas nórdicos, galos y españoles disfrutan de los dos bares de este complejo, donde suenan ritmos electrónicos y éxitos internacionales entre tablas de surf. Ni siquiera faltan futbolines y billares, con vistas privilegiadas hacia esta interminable bahía y sus cientos de kilómetros de dunas como cinturón protector. «También puedes venir en autocaravana. Somos un destino emergente también para este tipo de turistas», indica el presidente del Consejo Regional de Turismo, Ahmed Abdellaoui.

Justo a la entrada de Dakhla, el vicepresidente de dicho consejo y presidente fundador de la asociación Nord Sud Action, el empresario Omar El Alaoui Balrhiti, dirige uno de los modernos templos gastronómicos de la ciudad: L´Hacienda. El establecimiento combina un amplio salón de té, en la planta baja, con un comedor que ocupa toda la planta superior. Entre sus especialidades figuran los platos marroquíes con el pescado fresco recién llegado desde el que se erige en el puerto más productivo del Atlántico africano septentrional. No faltan propuestas típicas como la pastilla o pastela que recomiendan de marisco, ni ese pulpo que también proclamado como el mejor del planeta abastece a Galicia durante todo el año.

«Nuestro principal objetivo es el de crear en esta región de Dakhla-Oued Eddahab una marca turística que pueda transformar a nuestra ciudad en capital del ecoturismo. Tenemos todo virgen, en vías de que crezca pero con respeto absoluto por el entorno medioambiental. Y queremos mirarnos en España, como potencia turística de primer orden y con experiencia en destinos ecoturísticos. Por este motivo nosotros estamos abiertos a mantener reuniones de trabajo con empresarios y responsables públicos en las Islas Canarias, la Costa del Sol o en Galicia, porque sabemos que el turista actual busca experiencias en plena naturaleza, en territorios poco masificados», añade.

La nueva industria conservera

Pero Dakhla es mucho más que un destino emergente en turismo de naturaleza. Su importante flota de barcos pesqueros de gran calado la convierten asimismo en un potente polo para la comercialización de variedades como la sardina o el pulpo. Marruecos ha decidido en los últimos años invertir cantidades millonarias para que, con el ejemplo gallego, las conservas que ya se empaquetan en este territorio empiecen a conquistar los más exigentes mercados.
El grupo marroquí King Pelagique nos abre las puertas a sus instalaciones. Utiliza las últimas maquinarias en envasado de pescado, pero sabe apoyarse en la dilatada experiencia de profesionales como el gallego Agustín Vázquez. No es ni mucho menos el único de los españoles que ha decidido realizar el viaje de vuelta que más de 40.000 compatriotas realizaron a principios de 1976. Ejerce de director técnico de King Pelagique y, después de casi un lustro en la ciudad saharaui, reconoce que el potencial de esta parte del territorio africano «es impresionante».
«Aquí se invierte en tecnología de última generación y no podemos descartar que dentro de unos años haya muchísimos más españoles trabajando aquí. El clima es prácticamente el mismo que el de Canarias, con algo más de frío durante la noche a lo largo del invierno. Pero las posibilidades para un territorio tan virgen son elevadas y no tardará mucho en obtener el resultado que ya muchos empresarios empiezan a ver», relata.

No sólo la flota pesquera gallega o del Golfo de Cádiz acude periódicamente a Dakhla para reunir pescado de excelente calidad. También acuden emprendedores europeos a la zona para invertir en fosfatos. Está previsto que la empresa pública marroquí OCP invierta más de 2.000 millones en el próximo lustro no sólo para hacer posibles infraestructuras como el nuevo puerto de esta ciudad, que se localizará a unos 60 kilómetros al norte de la bahía del río Oro.

Esa cuantía también incluye la mejora de la oferta educativa y social de esta región, así como la del transporte por tierra y aire. Relatan los dirigentes locales que estas actuaciones facilitarán el desarrollo de la principal mina saharaui, Boucraa, que además de fosfatos es fuente de fertilizantes de máxima calidad. De hecho, esta parte del Sáhara, pese al déficit hídrico que posee, produce diferentes variedades hortofrutícolas y son famosos, por ejemplo, sus tomates cherry en rama.

Los números de la exportación de fosfatos y fertilizantes desde el puerto de Dakhla ya son significativos, aunque se pretende pasar de las actuales 3,5 millones de toneladas anuales a los 12 millones. En origen se generan casi 9.000 toneladas diarias, con una media de 1.200 empleados en estas explotaciones mineras y otros 600 en logística. Los países de destino más significativos son EEUU, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y México. Expertos en minería argumentan que no es nada fácil lavar en el desierto los fosfatos antes de que se sequen en los hornos.

El agua procedente del mar entra en una estación desalinizadora por ósmosis inversa y capaz de generar 4.300 metros cúbicos diarios. El proceso rebaja la sal desde los 30 gramos por litro a los apenas 10 miligramos. Y en condiciones similares también se recurre a las plantas desalinizadoras para proporcionar el líquido elemento a los establecimientos turísticos y al resto de inmuebles de una ciudad como Dakhla que, no obstante, recoge precipitaciones medias durante diciembre o enero de casi 80 litros por metro cuadrado.

La visita en estas fechas ya apenas depara riesgo de lluvias, aunque los temporales marítimos no dejan de amenazar con la suspensión a los vuelos programados hacia Canarias o el resto de destinos interiores, como Casablanca. Los turistas españoles alojados en hoteles como Calipau Sahara o Bab Al Bahar nos recomiendan la visita a monumentos de origen español como la iglesia Nuestra Señora del Carmen , fundada en 1953 cuando Dakhla era Villa Cisneros.
«Hace poco que se han dejado de oficiar las misas en español, porque los pocos católicos que pasan por aquí son de países subsaharianos», señala la canaria Rosario Pérez.

Esta visitante de 62 años muestra algo de nostalgia: «Aquí cualquier español es recibido como el hermano que un día se fue. Es una pena que habiendo sido territorio de Mauritania y luego de Marruecos las autoridades en España no hayan hecho más por acercar los lazos que ellos nos tienden». Esos que a través del kitesurf o la pesca sí que empezamos a estrechar.

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