02 de septiembre de 2018
02.09.2018
La Opinión de Málaga
Maniobras en el Vaticano

El Papa, entre las intrigas y el odio de la curia

El sector ultraconservador de la Iglesia lanza duras acusaciones al pontífice e incluso pide su renuncia

02.09.2018 | 12:35
El papa Francisco, con gesto cansado durante su reciente visita al santuario de Knock, en Irlanda.

El cardenal Viganò: El acusador ultraconservador del Pontífice

  • Carlo Maria Viganò, de 77 años, nació en Varese, Italia, y fue ordenado sacerdote a los 27. Es conocido por ser un aliado de los llamados cardenales «dubia», que han desafiado públicamente al papa Francisco por su «liderazgo informal». Este grupo ha instado al pontífice a corregir sus enseñanzas sobre la vida familiar sugiriendo que puede haber ocasiones en las que un Papa «debe ser desafiado y desobedecido».
    Viganò tiene un doctorado en Ley Civil y Canónica. Habla italiano, francés, español e inglés. Se unió al servicio diplomático de la Santa Sede en 1973 y fue enviado en misiones papales a Irak y el Reino Unido. A los 51 años, en 1992, fue ordenado obispo.
    Este no es el primer documento que sitúa a Viganò en el foco de atención, comprometiendo la reputación de la Iglesia. En 2010, la televisión italiana publicó documentos secretos dirigidos al papa Benedicto XVI. Entonces la filtración fue denominada «VatiLeaks» y contenía cartas de Viganò dirigidas al pontífice en las que denunciaba «corrupción, prevaricación y mala gestión» en el Vaticano y el encubrimiento de algunos de sus miembros tras supuestamente encontrar un déficit millonario. También fue centro de la polémica cuando ordenó a las archidiócesis de Saint Paul y Minneapolis finalizar la investigación por conducta sexual inapropiada del arzobispo John Nienstedt, lo cual fue visto como un «encubrimiento».

La carta que acusa a Francisco de encubrir abusos sexuales es el ataque más grave al que debe hacer frente el pontífice

Una verdadera bomba contra el papa Francisco ha significado la reciente carta del exnuncio vaticano en EEUU, Carlo María Viganò, un conservador que lo ha acusado de encubrir abusos sexuales cometidos por el cardenal estadounidense Theodor McCarrick, ataque que muchos creen orquestado por sus enemigos de la facción ultraconservadora de la Curia, que tratan así de preparar el escenario para un giro radical de la Iglesia cuando termine el papado del actual pontífice.

«No voy a decir una palabra al respecto. Creo que el comunicado de prensa habla por sí mismo», dijo el pontífice el pasado domingo a la prensa en el avión que lo conducía de Irlanda a Roma. «Lean atentamente el comunicado y háganse su propio juicio», añadió.

En la extensa carta, Francisco fue acusado por Viganò de haber anulado las sanciones contra el cardenal McCarrick y de no haber tenido en cuenta los informes sobre su «comportamiento inmoral con seminaristas y sacerdotes».  «Francisco tiene que ser el primero en dar ejemplo a los cardenales y obispos que han encubierto los abusos de McCarrick y tiene que dimitir con ellos», escribió Viganò.

El cardenal McCarrick, de 88 años, fue acusado a fines de julio de abuso sexual, por lo que el Papa le prohibió ejercer su ministerio y prácticamente lo expulsó del Colegio Cardenalicio al aceptar su renuncia, un hecho inédito en la historia reciente de la Iglesia.

«Se trata de un ataque coordinado contra el Papa Francisco», escribió en un editorial el semanario católico estadounidense National Catholic Reporter. «Un golpe está en marcha y si los obispos estadounidenses no defienden al Santo Padre, se corre el riesgo de un cisma», advertía el editorial. «Los enemigos de Francisco le han declarado la guerra», concluyó.

En opinión de Nicolas Senèze, del diario católico francés La Croix, se ha pasado a un nivel más alto. «Para algunos Francisco es peligroso para la misma Iglesia».

Hasta ahora sus detractores le habían atacado por su visión moral, considerada demasiado progresista, reflejada en el Amoris Laetitia, uno de los documentos de más importancia de su pontificado. Su principal queja era el pasaje en que Francisco abría las puertas en algunos casos a que los divorciados que se habían vuelto a casar pudieran comulgar de nuevo. Sin embargo, nunca un ex alto cargo vaticano se había atrevido a llamar mentiroso y corrupto a un Papa y a pedir su dimisión precisamente por una cuestión que levanta tantas ampollas como los abusos sexuales a menores cometidos por sacerdotes.

«Una operación montada»

En Italia, el sitio especializado Il Sismografo sostiene que se trata más bien de una venganza de carácter personal. «La operación fue montada por el exembajador del Vaticano en Washington, una figura oscura, un mentiroso, ambicioso e intrigante», afirma.

El historiador Alberto Melloni escribió en La Repubblica que «no tiene nada que ver con la pedofilia, sino con la intención de unir el integrismo antibergogliano con el fundamentalismo político católico». Una corriente que tiene actualmente su vanguardia en la Iglesia de EEUU, en crisis absoluta tras el escándalo de los abusos a menores en Pensilvania.

Melloni hacía una referencia velada a los tradicionalistas ligados al cardenal estadounidense Raymond Burke, uno de los más críticos con el Papa, junto al cardenal alemán Walter Brandmüller. Ambos estuvieron presentes el pasado abril en una cumbre de los críticos en un hotel de las afueras de Roma en la que rechazaron de nuevo que los divorciados que se han vuelto a casar reciban la comunión. Allí Burke señaló que «como demuestra la historia, es posible que un pontífice romano, haciendo uso de su poder total, pueda caer en la herejía».

Las once páginas de la carta de Viganò fueron publicadas el sábado en varias publicaciones católicas de tendencia ultraconservadora de EEUU. Un ataque violento lanzado en plena visita papal a Irlanda, un país herido por los abusos sexuales cometidos durante décadas por el clero.

En la carta, el exnuncio también atacó violentamente la «corriente homosexual» que, según él, domina la alta jerarquía de la Iglesia, y divulgó una larga lista de nombres además de alimentar la controvertida teoría de que homosexualidad y la pedofilia están relacionadas.

Las sombras que arroja el ataque de Viganò se ciernen sobre el Papa mientras sus enemigos calibran el efecto de sus acusaciones en el pontífice argentino.

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