El presidente francés, Emmanuel Macron, ha advertido este miércoles que la disuasión nuclear francesa “tiene una dimensión europea”. “Hoy, mucho más que ayer, los intereses vitales de Francia tienen una dimensión europea. Nuestras fuerzas nucleares contribuyen a la seguridad de Francia y Europa”, aseguró el dirigente centrista durante un discurso en la base militar de Toulon, en el sudeste del país, donde cada año presenta la estrategia en materia de defensa de la única potencia nuclear de la Unión Europea.

Rectificó, así, unas declaraciones propias del pasado 12 de octubre en las que aseguró que Francia no respondería con armamento nuclear a un hipotético ataque nuclear de Rusia en Ucrania. Entonces, esas palabras no gustaron a los socios europeos de Francia ni al estamento militar galo, que consideró un error mostrar las cartas de esa manera. 

“Debemos evitar dramatizar algunas declaraciones”, dijo en referencia a esa polémica. Durante su discurso en Toulon, defendió que la disuasión nuclear depende de la amenaza que pesa sobre los “intereses vitales” de Francia. Es una fórmula intencionadamente ambigua en aras de disuadir a cualquier potencia rival de utilizar armamento atómico, aunque al mismo tiempo abre la puerta a una escalada nuclear, al ampliar el abanico de circunstancias en que podría recurrirse a esas bombas.

Aumento del gasto militar

“La agresión contra Ucrania corre el riesgo de prefigurar rivalidades geopolíticas más importantes en el futuro, que no debemos aceptar con fatalismo ni sufrir con pasividad”, afirmó Macron sobre un conflicto en el este de Europa que, según él, obliga a Francia y Europa a modificar su estrategia. Tras su llegada al Elíseo, el dirigente centrista aumentó en 1.700 millones el gasto militar cada año y en 3.000 millones de cara a 2023, lo que le eleva a un total de 44.000 millones (1,8% del PIB). El Ejecutivo macronista presentará a principios del año que viene una nueva ley de programación militar, con la que se intensificará este incremento del gasto en armamento.

La víspera del discurso de Macron —celebrado el día del 52º aniversario de la muerte de Charles de Gaulle—, el general De Villiers advirtió que “el ejército francés no dispone de los medios para una guerra de alta intensidad”. Tras su polémica dimisión en el verano de 2017, este exjefe del Estado Mayor del ejército se convirtió en uno de los habituales detractores del dirigente centrista y su política en materia de defensa.

El presidente citó como las nuevas amenazas las “tensiones crecientes en Asia”, el “uso generalizado de drones”, la “banalización de los misiles”, el desarrollo de los “ciberataques”, así como “los peligros sanitarios y climáticos”. En Toulon, de hecho, presentó la nueva revista nacional estratégica en la que se esbozan las prioridades de Francia de cara a 2030. En este documento, además de Rusia, se considera a China como el principal adversario de Occidente en el futuro. Lo que refleja el alineamiento de París con Washington en su nueva Guerra Fría contra Pekín. 

Final de la operación en el norte de África

“Cuando la paz vuelva a Ucrania, (…) deberemos construir una arquitectura de seguridad nueva y un marco renovado de estabilidad y de control del armamento”, destacó Macron, quien reivindicó en su discurso el papel de la OTAN, así como el impulso de una “Europa de la Defensa”. En este sentido, anunció la organización de una cumbre franco-británica en el primer trimestre 2023. También expresó su deseo de “reforzar los vínculos con Alemania”, tras las discrepancias en los últimos meses entre París y Berlín; por ejemplo, respecto al escudo antimisiles, sin la participación de Francia, que impulsa el Gobierno alemán.

Además de Europa, reivindicó las alianzas militares en el Pacífico, Oriente Medio y África. Respecto al continente africano, oficializó el final de la operación Barkhane en la zona del Sahel. Este anuncio no sorprendió a nadie, puesto que en febrero ya había decretado la retirada de tropas de Malí, donde Francia empezó una fracasada operación militar en 2013. 

Macron indicó que en los próximos meses discutirán con los otros países del Sahel, como Níger y Chad, para examinar el despliegue de sus soldados y elaborar una nueva doctrina. “Nuestras operaciones deben estar más limitadas en el tiempo”, explicó sobre una de las lecciones de la intervención en Malí que degeneró en un sentimiento antifrancés, aprovechado por Rusia para incrementar su presencia en la región. Ante las tensiones crecientes entre grandes potencias, el tablero en disputa resulta global.