12 de enero de 2019
12.01.2019
El Marcapáginas

Espejo de mano

12.01.2019 | 19:10
Espejo de mano

Al día

  • Jesús Ruiz Mantilla
  • Galaxia Gutenberg
  • 18,50 €

Cuando uno cumple el octubre de su vida, se afeita frente al espejo la memoria de sus expectativas, rehúye sus señalas más o menos difusas o en desafío atrevido, con más o menos fastidio asiente y se promete algo nuevo con lo que darle camino a sus zapatos y alegría a la mano con la que busca siempre poetizar entre los grises y marrones de lo cotidiano, y sale de frente a la calle y frente a su destino. Luego, a la noche o cuando buenamente se puede, quizá refugie alguna que otra intimidad en un cuaderno en blanco. Ese con amor de hijas por partida doble con el mismo rostro, en cuyas páginas exigirse la celebración de la vida o dejar huella escrita del combate a los puntos con la realidad y lo que empiece a suceder a partir de los cincuenta años, que hoy casi nadie quiere cumplir.

Les cuento esto para hablarles de un libro notarial de vivencias felices, de ideas al vuelo, de viajes y sobre el envés de los días con los que Jesús Ruiz Mantilla, colega de ese oficio como vida que es el periodismo cultural que se nos muere, fue tejiendo un calendario de mano del pasado que nos asoma a los lectores al afecto de Paula y de Cristina, responsables de que en sus páginas se dibuje en retazos y relámpagos su padre, sus propios viajes Erasmus rumbo a Zagreb, las alas que todo padre sopla desde las manos y la libertad hacia el horizonte. Hay también, no puede faltar en un diario de campo de lo inesperado de lo cotidiano, muertes de amigos que te dejan tartamudeando un instante de recuerdos; periferias de la droga contra las que se batalla desde la grandeza de la humildad; ciénagas de la política; peripecias de paso; gravedades del silencio; presentaciones de libros de Cercas y de Ibson; lecturas de biografías como la de Sabina de reojo por Julio Valdeón; partidos de Champion; música por dentro de Bowie y de Pink Floyd; los premios Goya; la cocina del Cervantes; Eduardo Arroyo entre las cuerdas del K.O.; la pasión según San Juan; reflexiones sobre política; poemas para erotizar el lenguaje y alcanzar la música del orgasmo o del amor; veranos en los que volver a Octavio Paz, y el recuerdo de un disfraz de Daniel Boom. De fondo el capitán Ahab con un ataque de gota y por delante el turbio presente que a uno le empuja a sobrevivir.

Es fácil leer Al día de Jesús Ruiz Mantilla, periodista como dije y novelista de historias como Hotel Transición, Preludio, La cáscara amarga, y ensayos como Placer contra placer y Contar la música. Se los recuerdo porque precisamente sus títulos son la esencia y poética de los que hallarán dentro de este diario en el que uno reconoce su generación, la nuestra que anda en entredicho, con lealtades traicionadas y partituras cuya música para silbarle a la vida no habrá más remedio que improvisar. Es cercana su escritura con tamaño de hombre de al lado, de piel cuando busca Mantilla que la poesía sea un eficaz cortafuegos entre la insensatez y la intransigencia, algo extraordinario en el jeroglífico de los días y una buena manera con la que oxigenarse de ese oficio de periodista del que él conoce y domina los verbos que ensamblar, los vocablos de los que ser fontanero, el lenguaje del que es un maestro albañil. Tiene otros días el autor en los que lo lírico le sirve para denunciar entre la parodia y la contundencia el racismo y lo que a los débiles les duela, mientras al otro lado de la rutina fallece Fidel Castro y en una misma mesa brinda con la filosofía de Javier Gomá y la poesía de Antonio Lucas.

La literatura del yo es lo que define el género del diario en el que uno se deja ver cómo piensa y como es. Lo mismo da que se trate del periodista, que del padre, que del poeta que se atreve, del hombre que se rubrica, al que no le faltan flores en la casa ni la firmeza de la mano de Veta. Es lo que tienen los diarios, que todo cabe, incluso a pie de página el mar de Santander.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook