22 de junio de 2019
22.06.2019
Novela

Descenso a la oscuridad

Con 'Antes de los años terribles', Víctor del Árbol anuda una notable enredadera narrativa con la que ajusta cuentas con su memoria

22.06.2019 | 18:11
Portada de 'Antes de los años terribles'.

Víctor del Árbol

  • Antes de los años terribles
  • Editorial Destino
  • 20,90 euros

Desde niño le apasionan los relatos que tienen que ver con «viajar a lugares ignotos, evocadores. Ya sea Homero llevándome a las puertas de Troya, Jack London a las profundidades del Canadá o Conrad al corazón al oscuro y desasosegante Congo. Acariciar con la mirada sus palabras era ver esos lugares cuando cerraba los ojos, olerlos, sentir el frío intenso o el calor asfixiante en una ensoñación continua. Fue Céline el primero en llevarme hasta África, luego llegó Conrad y otros muchos; de todos esos relatos, El corazón de las tinieblas se quedó clavado en mi imaginación, en mi inteligencia y en mi corazón; cada meandro del río, la oscuridad profunda e insondable de lo que el hombre no ha pisado, para encontrar al señor Kurtz y la palabra que le susurra a Marlow: «El horror se esconde en la belleza, la locura en la soledad, la crueldad en el amor».

Ese libro «y la maravillosa adaptación del mismo al cine de Coppola me han perseguido desde que en 2012 descubrí la existencia de Joseph Kony, el criminal de guerra número 1 en la lista de los más buscados por el Tribunal Penal Internacional. Su pasado, del que tan poco se conoce y su desaparición misteriosa, sin dejar rastro, tras veinticinco años asolando el norte de Uganda, desplazando a más de cien mil personas y causando miles y miles de muertos, torturados y mutilados con su ejército de niños iluminados (abducidos), la terrible LRA. Es ese personaje de ojos encendidos que apareció en la portada de Time en marzo de 2012 quien me llevó a Uganda. Antes de los años terribles cuenta sobre uno de unos de esos niños, Isaías, que encarna a esos cerca de treinta mil chiquillos de diez, once, doce y trece años que fueron arrancados violentamente de su infancia para convertirse en carne de cañón, capaces de atrocidades sin nombre, pero niños al fin y al cabo. Verdugos que fueron víctimas, hombres que no saben cómo volver a vivir sin infancia.

La vida no siempre las ofrece, «pero la ficción concede segundas oportunidades. Yo le he dibujado a Isaías el mapa de un viaje, su retorno al pasado para ganar el futuro. No sé si una novela puede cambiar el mundo, pero si yo puedo cambiar una conciencia, solo una, habrá valido la pena escribirla. Porque cuando una historia te atrapa durante tantos años, como lo ha hecho conmigo Antes de los años terribles, no puedes hacer más que lo que hace su protagonista: regresar al corazón de las tinieblas y mirar la oscuridad sin cerrar los ojos. Porque es ahí, en la desolación más absoluta, donde a veces el ser humano tiene el coraje de encontrar la lucidez».

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