22 de junio de 2019
22.06.2019
Relatos

Jhumpa Lahiri, talento y sensibilidad

Nacida en Londres de padres bengalíes, neoyorquina por adopción, Jhumpa Lahiri ha abrazado a Roma y el italiano para seguir demostrando su talento literario con Donde me encuentro, con reflexiones sobre lo cotidiano

22.06.2019 | 17:58
Portada de 'Donde me encuentro'.

Jhumpa Lahiri

  • Donde me encuentro
  • Traducción de Celia Filipetto
  • Editorial Lumen
  • 16,90 euros

Jhumpa Lahiri tiene un inmenso talento literario. Lahiri, nacida en Londres, criada en la costa este de Estados Unidos, comprometida con los orígenes bengalíes de sus padres, certificó ese talento literario en novelas como: El intérprete de dolor, (premio Pulitzer), Tierras desacostumbradas o La hondonada. Ahora, tras trasladarse a vivir a Roma, ha emprendido el nuevo reto de escribir en italiano, su nueva lengua literaria. Lo hace con Donde me encuentro, texto a caballo entre la novela y el ensayo que dibujan las reflexiones de la vida cotidiana de la voz narradora, una profesora de cuarenta años, soltera, por los lugares que frecuenta: la plaza, la calle, las tiendas, la trattoria, el bar, la estación, la villa, el supermercado, la papelería. En cada uno de estos lugares hay reuniones breves, ocasionales, que en la cabeza de la protagonista adquieren significados ocultos, desconocidos para sus interlocutores distraídos.

También hay muchos viajes y viajes cortos en la historia de Jhumpa: en el tren, en la taquilla, en la playa de vacaciones, en una casa fría y solitaria prestada por un amigo, la soledad deseada pero sufrida del protagonista se desarrolla, atenta a los matices.

Lahiri relata 46 imágenes cortas de la vida cotidiana, introducidas por un símil de Italo Svevo: «Es el cambio en sí lo que me mueve como el líquido en un jarrón que tiembla».

La soledad acompaña a todas las imágenes, incluso cuando el personaje principal se encuentra con otras personas: compañeros de trabajo, su madre, un amigo que tiene un amor platónico, la papelería, el transeúnte. Por esta razón, el sentimiento es el de un alma inquieta, en busca de un equilibrio, de un mundo en el que poder permanecer, dónde moverse. Hay hábitos que, como tales, se repiten, las personas que se reencuentran como si el tiempo no existiera, casi como si el tiempo pudiera atraer a algunos lugares que no cambian por sí mismos, sino que cambian porque nosotros mismos cambiamos.

En este Donde me encuentro, Lahiri supera las posibles limitaciones de escribir en una lengua recién adoptada e hincha aún más ese talento para confirmar que estamos ante una escritora sólida, dotada de un don maravilloso para transmitir sentimientos, emociones o estados de ánimo y todo ello extraídos de los límites de la vida cotidiana que ella sabe engrandecer como un miniaturista que detalle a detalle termina descubriéndonos un mundo grandioso.

La novela cobra impulso y belleza a cada capítulo. Mantiene una pulsión que es más una punzada permanente gracias a esa narración de lo cotidiano enaltecido con un relato natural de descripciones directas, muy al gusto de Alice Munro, una escritora a la que admira y de quien extrae esa facilidad para hacer de lo cotidiano el centro del universo. Todo un placer convertido en pequeño botín literario.

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