22 de junio de 2019
22.06.2019
Novela

Pintarle el alma a los narcos

'La frontera', editada por Harpercollins, es el último trabajo del norteamericano Don Winslow y cierra la trilogía iniciada por 'El poder del perro' y 'El cártel', tal vez las mejores novelas que se han escrito nunca sobre la devastación provocada por las organizaciones mexicanas que trafican con droga y los excesos derivados de la lucha de EEUU contra estas redes

22.06.2019 | 18:15
Portada de 'La frontera'.

Don Winslow

  • La frontera
  • Traducción Victoria Horrillos
  • HarperCollins
  • 22,70 euros

La última novela del norteamericano Don Winslow, La Frontera, cierra la trilogía iniciada con El poder del perro y El cártel, tres obras monumentales que narran la historia del narcotráfico en Méjico durante cuarenta años, desde principios de los setenta hasta mediados de esta década. Cabe recordar que el exagente de la CIA y miembro de la DEA Art Keller se obsesiona con acabar con el gran capo del narcotráfico, Adán Barrera, líder absoluto del cártel de Sinaloa. El segundo llega a ofrecer dos millones de dólares por la cabeza del primero y ese odio traspasará el tiempo y las fronteras hasta que Keller acaba con la vida del narcotraficante. En La frontera, Keller es ya un hombre en plena madurez, con más de cincuenta años, al que su guerra contra el narcotráfico, la más larga, llega a decir, que ha librado Estados Unidos, le costó su familia, la relación con sus hijos y perder algunos de sus mejores amigos. Ahora, Keller es director de la DEA: la muerte de Adán Barrera ha dejado paso a una guerra fratricida entre las facciones que componían el todopoderoso cártel de Sinaloa, los rescoldos de los Zetas y otros cárteles de nuevo cuño; el liderazgo de Sinaloa se lo disputan los Hijos, los vástagos de los grandes narcos de los setenta y ochenta: los Esparza, los Núñez y grandes narcos que, tras cumplir penas largas en prisiones estadounidenses, vuelven a México para recuperar sus tronos. Es el caso de Rafael Caro, precursor de la venta de heroína y otros productos opiáceos en las calles norteamericanas que han causado las muertes de miles de yonkis. Ahora, Art Keller debe enfrentarse precisamente a esa epidemia: no quiere que se aplique la línea dura, dar golpes a las redes criminales organizadas que rápidamente se regeneran, sino reducir condenas a algunos narcos, condenados por pasar por allí o traficar con cantidades escasas, y abogar por su desintoxicación.

¿Pero cómo enfrentarse a la proliferación de la heroína? Decide atacar el beneficio económico del delito, los beneficios millonarios que se lavan a través de grandes circuitos de ingeniería financiera. Así, a través de un yupi de Wall Street introducirá a varios de sus agentes en grandes bancos de inversión y empresas. Una gran inversión inmobiliaria en Nueva York necesita de dinero del narco para no venirse abajo. Al mismo tiempo, las inminentes elecciones americanas amenazan con llevar a la Presidencia del país a un tipo populista con un discurso antiinmigración y a favor de la línea dura contra las drogas, muy parecido, eso sí, a Donald Trump, de quien es un claro alter ego. Su cuñado, que luego será nombrado asesor del Gobierno, está metido en esa operación inmobiliaria, por lo que los tentáculos del narco llegarán hasta los altos niveles de la administración estadounidense.

Keller va a investigar eso desde la DEA antes de que lo echen una vez tome posesión el nuevo presidente, pero debe hacerlo con gran sigilo y ya no sólo se enfrenta al narco, sino también a su propio país y a los resortes financieros, políticos y económicos. Todo un reto, porque él también tiene secretos que ocultar, aunque no le importará eso y hará que caiga todo el sistema si es necesario para evitar más muertes de jóvenes norteamericanos.

Se trata de una novela que sigue la estela de las dos anteriores de la trilogía: escrita con un ritmo vertiginoso, casi cinematográfico, en el que las frases cortas y las escenas contadas con una evocadora capacidad de seducción hacen que el lector quede atrapado sin posibilidad de salvación por el relato que, como ya dije al reseñar El poder del perro, está contado sin ninguna concesión al lenguaje preciosista o a la galería, sino que Winslow hace gala de un lenguaje sucio, concreto, directo que viene muy al pelo de lo que ha de narrar en la novela: asesinatos, vidas truncadas de yonkis, policías infiltrados que dudan entre el bien y el mal, narcos sin escrúpulos capaces de cometer las mayores atrocidades, sexo salvaje y explícito, la experiencia de inmigrantes que van desde Centroamérica a Estados Unidos jugándose la vida en trenes, ríos y fronteras; en definitiva, una radiografía de los bajos fondos de una sociedad que habla del problema mejicano de las drogas que es, en definitiva, el problema norteamericano de las drogas, como dice el narrador. No se la pierdan.

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