13 de julio de 2019
13.07.2019
Diarios

Los británicos caminos del agua

Impedimenta publica Diarios del agua, de Roger Deakin, la hazaña del inglés que recorrió las Islas Británicas a nado

13.07.2019 | 05:00
Diarios del agua, de Roger Deakin

Diarios del agua

  • Roger Deakin
  • Traducción de Miguel Ros González
  • Impedimenta
  • 24,95 €
  • Como buen inglés, Roger Deakin adoraba el agua, así que un día se lanzó al foso de su casa en Suffolk y se propuso recorrer las islas británicas a nado. Playas, pozas, ríos, estanques y lidos. Deakin recorrió su país contemplando la vida desde la perspectiva de las ranas. 

Si el detonante que empujó a la literaria familia Durrell a dejar Gran Bretaña para trasladarse a la soleada Corfú fue un británico día de perros, lo que a Roger Deakin le animó a su simpar aventura fue un chaparrón inglés de verano, pero también un famoso cuento.

El relato en cuestión, El nadador de John Cheever, narra los estrambóticos 13 kilómetros que el protagonista recorre nadando por las piscinas de sus vecinos para llegar a una fiesta en Long Island.

El inglés Roger Deakin (1943-2006) quiso emular al nadador de Cheever y en lugar de piscinas, recorrer en 1996 la mayor cantidad de 'espacios acuáticos' de su país, nadando por islas, ensenadas, ríos, fosos, pozas, estanques, lagos, estuarios e incluso venerables baños como los de Bath.

Impedimenta acaba de publicar esta venturosa hazaña titulada Diarios del agua, publicada originalmente en su país en 1999, donde se ha convertido en un clásico.

Lo imperecedero de su obra no se debe a la extravagancia de salir a recorrer todos los 'caminos del agua' de la Inglaterra rural sino a la prosa reluciente y festiva que, faltaría más, salpica casi todos estos diarios. Aquí van tres ejemplos:

«El sol había salido y brillaba a través de la lente del agua, bañando en oro los guijarros del fondo turboso». «Las islas Farne seguían flotando como planetas suspendidos en la bruma». «Los largos tirabuzones prerrafaelitas de ranúnculo acuático bailaban la danza del vientre en el río».

Con la gracia por el detalle de Gerald Durrell y en ocasiones, con el romanticismo de David Henry Thoreau, este nadador sin fronteras nos regala una oda a la libertad y la Naturaleza. La vida animal y las plantas enlazan en esta obra con la peculiar relación de los ingleses con el agua, de la que no en vano están rodeados. Por eso, junto a nutrias, salmones, garzas y gaviotas, abundan los selectos clubes de natación de funcionamiento decimonónico, flamantes balnearios e intrépidos saltadores de trampolín. Brazadas literarias para retratar el líquido elemento desde el punto de vista inglés.

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