27 de julio de 2019
27.07.2019
Viajes

La senda azoriniana de Fernando Castillo

De la mano de Renacimiento, Fernando Castillo publica 'Atlas Personal', crónica de viajes que fija su amor por el paisaje y sus hombres

27.07.2019 | 08:54
Portada de Atlas personal.

Fernando Castillo

  • Atlas personal
  • Editorial Renacimiento
  • 17 euros

La literatura de viajes y paisajes siempre ha gozado de un rica tradición en España, una tradición que se alimenta a su vez de ese gran río literario europeo que navegaron escritores como Victor Hugo con sus Cuadernos de Viaje o Sthendal en sus Paseos por Roma. La atracción por sellar el recuerdo de los personajes, las tierras y los paisajes que le salen al encuentro o que visita a propósito, siempre ha movido la pluma y el quehacer de muchos escritores.

Fernando Castillo, es un escritor singular que ha destinado parte de su vocación literaria a dar luz a épocas, hechos y personajes que alimentan la historia universal de la infamia; retratando a personajes que en Paris sacaron tajada de su colaboración con los verdugos nazis (París-Modiano. De la Ocupación a Mayo del 68); o a La extraña retaguardia, que no es otra que la retaguardia madrileña durante los años que vivió en guerra y asediada hasta la entrada de las tropas de Franco, que alumbra a uno personajes sombríos en una ciudad en sombras por la oscuridad de la guerra. Aunque también ha repasado en Tintín-Hergé. Una vida del siglo XX tanto la trayectoria del dibujante belga como, álbum a álbum, la de su inmortal personaje .

Fernando Castillo es también un cosmopolita, un viajero incansable que sabe adaptarse y apreciar las diferentes culturas y modos de vida, de la tierra que pisa.

Ese es el hálito que fluye de su último trabajo Atlas personal que reune trece textos de viajes de Castillo a lo largo de cuarenta años. El viajero sigue esa senda que ya hollaron Azorín: España. Hombres y paisajes o Camilo José Cela: Viaje a La Alcarria.

En Atlas Personal, se cruzan paisajes y lugares muy diferentes, como explica el propio autor, que llevan de las tierras sin pan de Las Hurdes a Biarritz; del Portugal de los claveles tras la revolución de 1975 a la Francia profunda; de la Praga de la guerra fría al Madrid romaniano o la ruta románica de El Bierzo. En todos ellos el viajero repite la misma mirada, la del hombre que se funde con su entorno y al convertirlo en relato, lo engrandece y magnifica

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