26 de octubre de 2019
26.10.2019
Novela

Mario Vargas llosa: Tiempos recios

El Premio Nobel peruano protagoniza la rentré literaria de este 2019 con 'Tiempos recios'

26.10.2019 | 05:00
Mario Vargas Llosa.

Tiempos recios

  • Mario Vargas Llosa
  • Alfaguara
  • 20,90 €

    La asonada que todo lo cambió

    Una mentira pasó por verdad. Y así llegó la acusación por parte de Einsenhower de que Jacobo Árbenz, presidente de Guatemala, impulsaba la llegada del comunismo a su país. Fue depuesto en 1954 por Carlos Castillo Armas. La CIA lo alentó casi todo. El cambio político permutó para siempre y para mal la historia de Latinoamérica.

La novela conecta con 'La fiesta del Chivo' y, con la arquitectura narrativa propia de las grandes obras del hispano-peruano, narra el golpe en 1954 en Guatemala contra Jacobo Árbenz, tildado de peligroso comunista y en realidad víctima de una colosal fake news.

Vuelve el mejor Vargas Llosa. El Nobel regresa a la gran novelística, a las historias políticas trufadas de cuitas personales, a la peculiar arquitectura narrativa marca de la casa. No es el Llosa de 'Cinco esquinas' o de 'Travesuras de la niña mala', novelas «menores» que sin embargo ya quisieran firmar no pocos autores consagrados. Tampoco es exactamente una novela de dictadores. 'Tiempos recios' es de la estirpe de 'La Fiesta del Chivo', incluso comparte con esta al dictador Trujillo como personaje. Al malvado y pérfido Trujillo, depredador sexual, refinado torturador, padre de crápulas aficionados a destrozar cochazos, encamarse con actrices y organizar fiestas de miles de dólares. Con Franco visitó una vez el Valle de los Caídos. No estamos ante 'Conversación en la Catedral' ni 'La casa verde', pero lleva la impronta genuina de quien junto a García Marquez pudiera ser el mejor escribidor -término querido por el vargallosismo- de novelas de la contemporaneidad en castellano.

La historia a la que se enfrenta el lector arranca con una escena memorable en Manhattan en los años cuarenta. El atildado, aristocrático y vanidoso Edward Bernays, genio de las relaciones públicas y autor de Publicidad (1928) recibe con desgana a Sam Zemurray, desgarbado, desastrado, casi diríase que sucio, que sin embargo resulta ser un multimillonario hecho a sí mismo dueño de United Fruit, compañía que se está haciendo de oro exportando «bananos» a Estados Unidos. Ambos son de origen judío. En ese encuentro se fragua lo que hoy llamaríamos una "fake news". De colosales dimensiones. Zemurray inundará de dinero a Bernays a cambio de que éste fabule una macro campaña contra Jacobo Árbenz, presidente de Guatemala, que finalmente sería derrocado por la CIA años después, en 1954, y que quería expropiar unas tierras y acometer reformas. Árbenz fue un progresista, diríamos hoy, que quiso modernizar el país y establecer una democracia homologable internacionalmente. Sin embargo, todo Estados Unidos y el orbe americano creyó que era un prosoviético peligroso, un comunista irredento, un hombre falto de escrúpulos que pretendía establecer un estado marxista en Centroamérica, a las puertas de los Estados Unidos. Eso acabó pensando el mismísimo Eisenhower. El presidente norteamericano, también otros, alentó el golpe contra Árbenz dado por el militar Castillo Armas, al que Vargas Llosa pinta como algo apiltrafado y que ya desde la academia militar profesaba una gran envidia a Árbenz. El cuartelazo (y antes la percepción general sobre Guatemala) cambió el devenir del continente americano por las muchas ramificaciones políticas y onda expansiva que tuvo.

A lo largo de la novela, el lector contempla un desfile de géneros literarios. Vargas Llosa emplea decenas de páginas que podrían ser de un ameno ensayo de historia pero que se leen con pasión. Narra, cuenta, cita nombres, da fechas, pone en contexto, divulga. Pero pronto entra en flasback, dedica capítulos a personajes concretos, va y viene en el tiempo, nos transmite la repulsión o la ternura hacia uno u otro y logra una mixtura de ficción verosimil o veracidad ficcionada. El autor de la memorable 'La tía Julia y el escribidor' demuestra tener tanto talento para inventar personajes (verbigracia, aquel Felicito Yanaqué de 'El héroe discreto') como para tomar personas reales y concretas (incluso de su familia, aunque aquí no sea el caso) para dotarlos de una vida novelesca y penetrar en su albedrío o mecanismo interno. No es que sepamos lo que piensa Árbenz o Trujillo, es que entramos en su psique, en su cabeza. Igual que estuvimos en la de Fujimori o en la de su esbirro Vladimiro Montesinos en 'Cinco esquinas'. Aquí, a quien seguimos muy de cerca y en cierto modo es hilo conductor es al secuaz y repugnante Abbes García. En una historia marco que hace comprender la catarata de asonadas, golpazos y sobresaltos políticos plagados de corruptos.

Espectacular resulta por ejemplo el pasaje en el que Árbez reflexiona sobre el alcohol y su futuro en el receso de un acto multitudinario que protagoniza. No falta el erotismo, sutil o no tanto, a veces con un aire a esas historias de Fonchito en 'Elogio de la madrastra' y 'Los cuadernos de don Rigoberto'. El lector establece pronto una gran relación con Miss Guatemala, conseguidísmo engarce (junto a los capítulos en forma de diálogo entre un chófer cubano y un patibulario dominicano) de esta historia. 'Tiempos recios' (título tomado de una cita de Santa Teresa), y tardamos mucho decirlo, es una defensa de la libertad, un recordatorio de canalladas y crímenes que han malogrado América en general. Guatemala en particular. Por culpa de taimados hombres e injerencias norteamericanas. No solamente.

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