28 de junio de 2020
28.06.2020
La Opinión de Málaga
El marcapáginas

El salón rodante de Europa

28.06.2020 | 05:00
El salón rodante de Europa

Orient-Express. El tren de Europa

  • Mauricio Wiesenthal
  • Editorial Acantilado
  • 22 euros

Hay libros que se descorchan como si fuesen un vino cosmopolita en la etiqueta de su bouquet y se beben despacio, dejando que el sabor despierte recuerdos de amor, lo mismo que hacen las memorias de viaje. Suceden ambas evocaciones con la lectura en movimiento de un hermoso libro de Mauricio Wiesenthal, negro y rojo en su portada donde luce el escudo wagon- lits del Orient-Express. El tren impreso al que nos sube su autor con el temple de quién vuelve con otro tono de la mirada y de la edad sobre su bitácora del primer viaje a bordo del emperador de los ferrocarriles de Europa. Un espectro del 19 de mayo de 1977 cuando a las 23.56 salió de Gare de Lyon rumbo a Estambul para evaporarse del dibujo de un niño soñador que lo pintó con melenas de humo y al costado el emblema de su nombre: Orient-Express. Casi un exlibris del salón rodante de la diplomacia europea y también de la frontera del espionaje con un póquer de pasaportes. De sus huellas existen numerosas novelas, películas, curiosidades como el rodaje publicitario del lanzamiento de Chanel nº5, y las historias que el flaneur Wiesenthal nos cuenta en el trayecto de 308 páginas del que no querrá bajarse el lector para pisar el silencio blanco de las antiguas nieves en la estepa del silencio, ni para pernoctar en el Hotel Savoy, en el Claridgés, en el Hotel Brown –donde su cronista escribió acerca de Byron, de Keats y de W. Beckford, en el Hotel Ciprinai en el que amó Rilke y cuyo esplendor se debía a las recreaciones del Orient-Express que hacía su dueño James Sherwold con ajuares subastados de este exquisito tren proustiano que acogió a los viajeros románticos, sustituidos como todo por lo nueva clase rica de gustos artificiales y pomposos. Preferirán sus lectores permanecer junto a su ventanilla con una copa de champagne o del Chablin rojo, a mano la bandejita con mantequilla fresca de Isigny, escuchando el vaivén de humo y de cultura de la voz de Wiesenthal desgranando la memoria impresionista y confusa de su tren protagonista, y de los personajes de la Europa de su educación, y de la que sólo quedan fantasmas desenfocados de su esplendor, y su gran literatura afortunadamente.


Nació el tren con rumbo oriental ideado por un belga en 1876 con tres coches dormitorio y salida de Gare L´Est aunque fue la Gare de Lyon el corazón de sus estaciones, la atalaya acristalada desde su maravillo restaurante Le train bue que en sus comienzos viajaba a Niza, y al que celebraron tantos célebres asiduos, y en especial Paul Morand. Uno de los nombres que deambulan por el escenario narrativo de los vagones por los que se cruzan Marthe Bibesco y su séquito de doncellas, aristócratas inglesas, escritores como Colette y Zweig, maharajanís de la India, la artista de cabaret Paula von Werner, el jefe de los servicios secretos del Reich, arqueólogos británicos, el fabricante de armas Zaharoff, Graham Greene, o el compositor Isidore Cohe, el Toulousse-Lautrec de la música. Muchos y muchas más, hermosas, seductores, políticos, actrices y figuras del dandismo protagonizando intrigas, romances, negocios, placeres de viaje, historias de mundos que entran y salen de los vagones Vera, Phoenix, Ibis, Cygnus –en su interior viajaron los restos mortales de Churchill–. Igualmente lo hacen de lugares de glamour como Montecarlo, Venecia, los jardines de Topkapi, y otros paraísos del fin de siecle y su metamorfosis en los que cada estación como Victoria Station, tenían su magnetismo y su significado en el caleidoscopio de la Europa de la Belle Époque y del Tercer Hombre cuyo cordón umbilical era el Orient - Express. Al tren, a su territorio, a sus viajeros rinde culto Mauricio Wiesenthal en este libro de Acantilado que huele a la leña de abedul ruso, y tiene el sello de la belleza de su prosa literaria, bajo la que suenan las notas de cristal, de agua e hierro del Schimmel que toca Bobby, el pianista del Bar Car, mientras el escritor Wiesenthal brinda con su admirada Tatiana, fiel a su lema, casi también del libro, «Luceo non uro», brillo, no me quemo. Gracias don Mauricio por la memoria de este libro para viajar de invierno este verano.

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