18 de octubre de 2020
18.10.2020
La Opinión de Málaga
Literatura

La larga sombra de un escritor

Han pasado diez años de la muerte de Miguel Delibes (1920-2010), el gran novelista castellano del siglo XX, maestro y renovador de la novela española durante más de cinco décadas, y uno de los pocos faros morales de nuestras letras

18.10.2020 | 05:00
Miguel Delibes.

Es poco habitual que al recordar a un escritor, y aún menos al examinar a un buen escritor, lo casi inevitable sea comenzar por subrayar las virtudes de su carácter. Pero Miguel Delibes (1920-2010) es excepcional por muchos motivos, y quizá los menos comunes sean los que provienen de ese carácter suyo tan personal: «Su bonhomía, su castellanía, sus siete hijos, su sensatez, su realismo y otras cosas me quedan a respetuosa distancia», escribió con cariño Francisco Umbral de Miguel Delibes, a quien consideraba su «hermano mayor». Y dijo más el siempre ácido Umbral: «Él ha sido mi casi único parentesco con la bondad del hombre, con la honradez».

Por supuesto, pasados diez años de la muerte de Delibes, al escritor vallisoletano no se le recuerda porque fuese buena persona, que sin duda parece que lo fue, sino por una larga serie de libros que le avalan como uno de los escritores de más fuste de la segunda mitad del siglo XX de las letras españolas. Merece la pena recordarlos. Eso sí, si alguien se pregunta por qué leer a Delibes y quiere una respuesta corta ahí va una en cuatro palabras: 'Cinco horas con Mario'. O una más corta aún: 'Los santos inocentes'. Y otra más: 'Las ratas'. Claro que hay más respuestas posibles.

Lo que para muchos sería un hito, ganar con tu primera novela y con apenas 27 años el Premio Nadal, en Miguel Delibes es apenas una anécdota. 'La sombra del ciprés es alargada' ha quedado como material de estudio, como pregunta de examen en el instituto. El Delibes que aún se lee hoy, que se debe leer –sobre todo porque sigue siendo lectura obligatoria en muchos planes de estudio- comienza con 'El camino' (1950), el verdadero primer hito creativo de un Delibes ya maduro de forma prematura. En apenas tres años, el joven catedrático de Historia de la Escuela de Comercio de Valladolid ya había ganado un importante premio literario, se peleó con la censura y publicó una de las grandes novelas del siglo XX. Y ahí está una clave de Delibes: todo le sucede pronto. Y de nuevo, Umbral nos desvela el porqué: «En Valladolid era el chico mayor y lejano, de mejor familia y más listo, a quien nunca se encontraba uno por la calle». Delibes combina talento, esfuerzo y constancia, tres rasgos que le acompañarán durante sus más de sesenta años de vida de escritor.

Tras 'El camino', todo se aceleró en la vida de Delibes y abandonó la Escuela de Comercio para aceptar la subdirección de 'El Norte de Castilla' –la de periodista parece una ocupación más acorde para el intelectual en que se estaba convirtiendo–. Pero seguían dos constantes fundamentales en su vida: Valladolid y la familia. Sin duda, los 50 fueron los años de la consagración de Delibes. A ello ayudaron libros como 'Mi idolatrado hijo Sisí' (1953), 'La partida' (1954), 'Diario de un cazador' (1955) –Premio Nacional de Narrativa–, 'Un novelista descubre América' (1956), 'Siestas con viento sur' (1957) –Premio Fastenrath–, 'Diario de un emigrante' (1958) y 'La hoja roja' (1959) –muchos de estos libros, casi todos, son obras que merecen seguir siendo leídas–. La década termina con Delibes convertido en director de 'El Norte de Castilla' y en un actor fundamental de la vida cultural española. Es el intelectual de la gorra de cazador, esa voz inquieta que llega desde Valladolid. Podría parecer que estaba muy bien integrado en la vida cultural franquista, pero otra clave en Delibes está en sus fuertes convicciones morales y en cierta testarudez, que sin duda encajan mal en un régimen político autoritario.

Para quienes descubrimos a Delibes en sus años de dorado reconocimiento de los 80, quizá sea difícil entender que aquel señor mayor y tranquilo de jerseys mullidos, gafas enormes y que era tan aficionado a la caza pudo ser alguna vez un personaje incómodo para el Franquismo. Y lo fue. Varias agrias polémicas con Fraga Iribarne, entonces poderoso ministro de Información y Turismo, le llevaron a abandonar la dirección de 'El Norte de Castilla' en 1963–aunque siguió ejerciendo de timonel en la sombra durante unos años– para pasar a convertirse en un intelectual de creciente proyección internacional y enorme prestigio en una sociedad española cada vez menos interesada en un régimen que incomodaba y avergonzaba. La década de los 60 fue la de sus viajes y la de una mirada cada vez más profunda a esa Castilla que construía su mundo literario. Pero sobre todo, es la época en la que publica dos obras maestras incontestables: 'Las ratas' (1962) y 'Cinco horas con Mario' (1966) –una carga de profundidad contra el conservadurismo cruel de buena parte de la sociedad española–. También es el tiempo en el que su obra llega al cine, como después también llegará a los teatros.

Cualquiera hubiera espaciado su producción al llegar a la década de los 70, pero Delibes seguía escribiendo y publicando. Pudo haber sentido que su entrada en la Real Academia Española era una invitación a la jubilación, al retiro y la reflexión, pero no fue así. Tuvo que ser la temprana muerte de su mujer la que le frenara y hundiera en su mayor crisis personal. Ni tan siquiera la oferta de fundar y dirigir 'El País' le sedujo –habría supuesto abandonar Valladolid, y quizá eso nunca fue negociable–. Ese golpe no terminó de procesarlo hasta la publicación de 'Señora de rojo sobre fondo gris' (1991), novela en la que se intuye la figura de su mujer. En esos años 70 no faltaron libros, y entre ellos hubo obras de gran calado como 'Las guerras de nuestros antepasados' (1975) y 'El disputado voto del señor Cayo' (1979).

Con cualquier otro escritor, ya entraríamos en sus años de retiro después de más de tres décadas de producción incansable. Pero Delibes sorprendió al comienzo de los 80 con otra obra maestra, la extraordinaria 'Los santos inocentes' (1981), la clase de libro que por sí solo justifica una carrera –¿se puede contar mejor la miseria moral del franquismo?

Y pese al torrente de premios y reconocimientos que le entregaron en esos años, del Príncipe de Asturias al Nacional de las Letras, entre muchos otros que suelen adormecer a quienes los reciben, aún siguió entregando libros de gran valía como esa personalísima 'Señora de rojo sobre fondo gris' o su despedida, la enorme 'El hereje' (1998) –más de cincuenta años después de su primera novela–, con la que decidió dar por terminados sus años de escritor. Después, por fin, llegó el silencio del que quizá sea el gran maestro de la novela española del siglo XX.

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