22 de noviembre de 2020
22.11.2020
La Opinión de Málaga
Novela

Philip Kerr: Un caso para Isaac Newton

Los lectores españoles ya pueden disfrutar de 'Materia oscura', un excitante thriller histórico publicado hace 18 años e inédito en España. Salamandra rescata una trama en la Inglaterra de finales del XVII con Newton de sagaz detective

21.11.2020 | 19:22
Philip Kerr: Un caso para Isaac Newton

Materia oscura

  • Philip Kerr
  • Editorial Salamandra
  • Traducción: Carlos Mayor
  • Precio: 21 €

Philip Kerr nos dejó en 2018, a los 62 años, víctima de un cáncer. Se había ganado una justa fama de autor de género negro gracias a la espléndida saga de catorce novelas protagonizadas por el policía berlinés Bernie Gunther, un perfecto alter ego del Marlowe de Chandler situado en la época de la Alemania nazi. Sin embargo, el escritor escocés tocó también otros palos durante su carrera. Allá por los años 90 y primeros años del siglo XXI Kerr aparcó a Gunther para adentrarse en el thriller futurista (la notable ´Una investigación filosófica´ es un ejemplo) o en el histórico, que es el caso que hoy nos ocupa. Y es que su obra ´Materia oscura´, publicada en el año 2002, permanecía inédita para el lector español, por lo que su reciente publicación por parte de Salamandra es una gran noticia para todos sus seguidores.

Kerr escoge una época tan fascinante como convulsa, la pujante Inglaterra de finales del siglo XVII, y a un personaje histórico de tronío, Isaac Newton, para trenzar una trama detectivesca de crímenes, falsificadores, códigos cifrados y herejes sumamente entretenida. Curiosamente, la elección del teorizador de la ley de la gravedad como el Sherlock de esta ficción no es gratuita, sino cimentada en una parte de su biografía. Porque en 1696 y, tras 25 años de trayectoria universitaria, Newton se incorporó al servicio de la Real Casa de la Moneda para combatir los fraudes que se cometían en el país mediante el raspado de las piezas de plata y oro, que luego se fundían en lingotes y se revendían. La solución que se adoptó fue reemplazar todas las monedas existentes por otras nuevas imposibles de limar, y en esa ingente tarea de recaudación se afanó el insigne físico, teólogo, inventor, alquimista y matemático inglés al tiempo que perseguía a los falsificadores para llevarlos al patíbulo.

En ´Materia oscura´ encontramos así una apabullante reconstrucción de la Inglaterra de aquellos años. Kerr recopila con gran habilidad el hervidero de corrientes filosóficas, naturistas y teológicas que se cocían en aquellos años en la urbe y los combina con una serie de asesinatos cometidos en la Torre de Londres, sede por aquel entonces de la Casa de la Moneda, para servir un thriller muy adictivo.

Acompañado del joven guardaespaldas Cristopher Ellis (su particular doctor Watson), Newton será el encargado de esclarecer los crímenes, en una tarea que les llevará desde los lugares más sórdidos de la urbe, como el manicomio de Bedlam, la prisión de Newgate o los míseros prostíbulos (Kerr, por cierto, no esquiva las escenas subidas de tono), a entornos más refinados como la universidad de Oxford o las casas de la floreciente burguesía. De telón de fondo, la constante tensión religiosa protagonizada por anglicanos, hugonotes y católicos. El libro también es un sólido retrato de las costumbres sociales de finales del siglo XVII y de cruentas prácticas como las ejecuciones en la horca.

Pero más allá de todas estas bondades, hay que resaltar que ´Materia oscura´ es un libro de personajes, cuyos diálogos brillan tanto como la erudición que rebosa cada una de sus páginas. Kerr era un gran escritor de diálogos, y los de Newton y Ellis son una muestra más de su ingenio. Si el primer encuentro entre ambos ya nos deja un estupendo homenaje al protagonizado por Holmes y Watson en ´Estudio en Escarlata´, su relación a lo largo de todo el libro, sus dimes y diretes dialécticos, se convierten en uno de los grandes atractivos de la historia, con guiños también a los trabajos más recordados de Umberto Eco.

A mencionar ese divertido pasaje donde Newton le confiesa a Ellis que, en la famosa anécdota que dio pie a la teorización de la ley de la gravedad, lo que en realidad le cayó del árbol en la cabeza no fue una manzana sino un higo. Pero como era una fruta que detestaba, el famoso físico afirma que no tuvo reparos en trastocar lo ocurrido por si le tocaba ser recordado por ello. Qué grande era Philip Kerr.

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