Hay antologías revolucionarias que hacen o provocan la implosión de las mentes ajenas por el mero hecho de existir. El mero hecho de existir, a veces, es una provocación para el andamiaje de las superestructuras de una sociedad que parece sólida pero que, bajo su aparente destreza meritocrática, esconde una feroz condescendencia, que acaba convirtiéndose en olvido para con quienes desafiaron roles y tradiciones con el revolucionario acto solitario de escribir cuentos. Que la Historia, con mayúsculas, olvidó a las mujeres, la mitad de quienes la labraron a dentelladas o llantos o risas, es un hecho incontestable; que hay una deuda con las mujeres latinoamericanas que eligieron la Literatura, en general, y el cuento, en particular, como forma de expresión, es un segundo hecho que resultaría incontrovertible o inatacable desde el punto de vista procesal en un juicio artístico, que siempre tiene la trascendencia de una vista penal y la pena es quedar a la sombra de ellos durante décadas. O para siempre. Por eso, Páginas de Espuma, la catedral editorial del cuento, y la Universidad Autónoma de México (UNAM) se unen en un bello proyecto de coedición que se concreta en Vindictas, una antología de veinte cuentistas latinoamericanas nacidas antes de que eclosionaran los cincuenta años de la centuria pasada pero que alzaron y consumaron su vuelo literario en la segunda mitad del siglo XX. Han sido seleccionadas todas ellas, durante meses de lectura, por la escritora y editora mexicana Socorro Venegas y por el editor Juan Casamayor. A ellos se ha sumado una red de escritoras y académicas jóvenes, por lo que se podría decir que escritoras han decidido desenterrar a escritoras. Son mujeres que aunando talento y calidad vieron cómo sus obras quedaron varadas en los arcenes de la Historia, que es heteropatriarcal y blanca, aunque ahora toca redefinir, casi reinventar el canon. Una antología que es una venganza, una reivindicación, un grito cuentístico que se escucha décadas después en forma de asuntos como la identidad de la mujer, la sexualidad, la violencia machista o el empoderamiento de las féminas. Vengar y castigar modelos que marginan y proteger y entregar a los lectores nueva luz, arguyen los editores. Entre sus páginas encontraremos cuentos, entre otras, de María Luisa Puga (México), Mimí Díaz Lozano (Honduras), Armonía Somers (Uruguay), Magda Zavala (Costa Rica), María Luisa de Luján Campos (Argentina) o María Virginia Estenssoro (Bolivia). El libro está bellamente ilustrado por Jimena Estibaliz y, desde el prólogo dialogado entre Casamayor y Venegas, vemos que esta antología ya no es tal, sino que se ha convertido en antorcha capaz de incendiar andamiajes hoy carcomidos. Admiremos el fuego purificador.