Imre Kertész superviviente del campo nazi de Auschwitz, que que soportó luego 35 años de estalisnimo en Hungria, dignificó su vida gracias a la escritura, a sus novelas, ensayos y textos que le valieron el Premio Nobel en 2002. «No escribo, luego no soy»,escribe en la segunda parte de sus diarios, titulados ‘El espectador’, que ahora publica Acantilado.

Este segundo volumen contiene sus reflexiones entre 1991 y 2001, lejos ya de la opresión de la era estalinista. Kertész no olvida, sin embargo, que fueron « 35 años de silencio, de ocupación, de asfixia… después de que una nación fuera apaleada y quedara medio muerta», y sentenciaba que «no se puede vivir la libertad donde hemos vivido como esclavos».

Bajo un pesimismo que le agobia Kertész lamenta que «me rodea la locura, la anticreatividad, la autodestrucción, la atmofera propia del asesinato» y reivindica la necesidad de escribir para salvarse. «No escribo, luego no soy», afirma, y mas adelante: «escribo para salvar y rescatar nuestras almas de la fatalidad espiritual que crean la política, la economía y la ideología que las sostienen».

Con una de las trayectorias intelectuales más sólidas del siglo XX, los diarios de Kertész son de obligada lectura para conocer al intelectual y al hombre.