Año 1933. El mundo comienza a cambiar y el peligro acecha a una Europa que se creía feliz. En Londres se desarrolla el rodaje de una película, La Violeta del Prater, que tiene como escenario el famoso parque de Viena, una ciudad que precisamente está viviendo tiempos complicados porque el nazismo llama a su puerta. Con estos mimbres creó el escritor Christopher Isherwood una novela corta que lleva también como nombre ‘La Violeta del Prater’ y que felizmente ha recuperado la editorial Acantilado.

En esta historia, Isherwood se convierte él mismo en parte de la ficción y es uno más de un elenco variopinto en la aventura del cine, un joven que vuelve a Reino Unido tras pasar por Berlín y que se convierte en mano derecha del director, un personaje complejo, austríaco y judío, que pronto se verá atrapado en el miedo al nazismo, ya que su familia sigue en Viena. ‘La violeta del Prater’ no es solo un excelente escaparate para conocer las interioridades del cine en aquella época, desde una visión personal porque además Isherwood trabajó como guionista en la vida real, sino que también es un retrato íntimo de una sociedad que se abocaba al desastre aunque no quisiese verlo. La novela no está dividida en capítulos y se lee casi de un tirón, ayudada por unos diálogos ágiles y la magnífica prosa de Isherwood, que sabe cómo meter al lector de lleno en una historia que alcanza su cénit en ese monólogo interior que el protagonista desarrolla al final del libro. Isherwood, que acabó sus días en Estados Unidos y con una vida que daría para muchas novelas, se vio fascinado por la capital alemana desde muy joven y su ‘Adiós a Berlín’ inspiró la película Cabaret.