Con su primera novela, ‘Una chica es una cosa a medio hacer’, la irlandesa Eimear McBride llegó y convenció. Nos permitió descubrir una autora de una prosa muy original y, pese a su escasa experiencia, ya muy elaborada y rica, que bebe y remite a autores como Joyce, por su estilo desectructurado o a Edna O‘Brien, por su similitud en los temas y en la manera de afrontarlos.

‘Una chica es una cosa a medio hacer’ nos descubría a una nueva escritora, con un estilo poderoso e innovador y una prosa cargada de hondura y había que esperar a que un segundo trabajo asentara o no estos juicios.

Este segundo trabajo es ‘Los bohemios menores’ que edita Seix Barral, y viene a confirmar el nacimiento de una escritora, una más, salida de las tierras irlandesas, con un talento literario apasionante, en ciernes.

‘Los bohemios menores’ no sigue los pasos de ‘Una chica...’ pero en muchos sentidos retoma asuntos donde lo dejó. Las cuestiones del consentimiento y el abuso familiar, la promiscuidad femenina y la identidad sexual son nuevamente interrogadas sin vacilar.

Los bohemios menores

  • Eimear McBride
  • Editorial Seix Barral
  • Traducción de Anabel Palacios
  • Precio: 18,90 euros

En ‘Los bohemios menores’ la protagonista es Eily, una aspirante a actriz de 18 años, que deja atrás la Irlanda rural por las luces brillantes y calles lúgubres de la ciudad de Londres. Estructurada alrededor del primer año de Eily en la escuela de teatro, la novela traza nueve meses de inseguridad, nostalgia, amistad, drogas, autolesiones, teatro y sexo, mucho, mucho sexo. Porque aunque Eily deja virgen e intacta su vieja Irlanda cargarda con sus escrúpulos católicos, pronto encuentra donde soltar amarras y liberarse sexualmente para descubrir y disfrutar de los placeres que una capital cosmopolita y abierta como Londres tiene que ofrecer a sus nuevos hijos.

Es durante esta liberación que se encuentra con Stephen, un actor semi-famoso 20 años mayor que ella, con quien se acuesta después de tomarse una pinta de más en un lúgubre pub del Camden y da lugar a una unión desordenada y compleja que, en última instancia, es tan peligrosa como hermosa de contemplar.

Todo ello narrado -he aquí una de las grandes aportaciones de Eimear McBride- con ese lenguaje innovador y rupturista de una prosa de exigente lectura y de un texto que salpica al lector y lo seduce: «Por el camino indicado desemboco a la Ciudad no ciudad, pienso rumbo a Camden Town. Londres se despliega a mi espalda. Tránsito del tráfico en la claridad del mediodía. Gente a raudales. Piedra a raudales. Calles adelante y en tropel».

El lenguaje se divide y se reforma continuamente. Las palabras se fusionan con más fuerza a cada paso con resultados agradables: «ciudad no ciudad»; «tránsito del tráfico». El lenguaje nunca está quieto, se mueve, fiel a la vida.

Un nuevo talento literario nos llega de Irlanda con voz poderosa y firme.