El puñetazo que Mario Vargas Llosa propinó a Gabriel García Márquez en México, en 1976, no sólo rompió la amistad de ambos para siempre, tuvo otras consecuencias entre ellas la decisión de Vargas Llosa de prohibir la reedición de ‘Historia de un deicidio’. El libro, que desde entonces es considerado el mejor análisis de la obra de García Márquez, desapareció de las librerías y, salvo en las colecciones privadas, era inencontrable. Había desaparecido. Sólo en 2006, cuando Galaxia Gutenberg publicó las obras completas de Mario, este autorizó su publicación dentro del tomo de ensayos. Pero como libro independiente había desaparecido.

Ahora 50 años después de su primera edición y a siete años de la muerte de García Márquez, Vargas Llosa ha levantado el veto y ha autorizado su publicación en solitario. Lo hace Alfaguara y con la misma portada con la que se publicó el libro en 1971. Un guiño más al pasado.

Su publicación a los 50 años supone un acontecimiento literario de primer orden que la editorial ha querido acompañar con la reedición también de ‘Dos soledades’, que cuenta el diálogo que Vargas Llosa y García Márquez tuvieron en Lima para hablar de literatura en América Latina, en 1967.

Acontecimiento no solo por los años que el libro llevaba vetado sino porque supone en sí mismo el análisis mas profundo y riguroso realizado hasta la fecha sobre la obra de García Márquez, hasta ‘Cien años de Soledad’.

En este ensayo, Vargas Llosa señala a ‘Cien años de soledad’ como «la novela total y a su autor como «el suplantado de Dios».

‘Historia de un deicidio’, nacida de la profunda admiración de Vargas Llosa por la obra de García Márquez, supone un estudio tremendamente ambicioso y profundo donde desgrana y desmenuza con enorme rigor los demonios, los sucesos, las historias a veces inverosímiles que fueron forjando la prosa del escritor colombiano hasta llegar a ‘Cien años de soledad’, «la novela total».

«Novela total», porque construye un mundo cerrado «desde su nacimiento hasta su destrucción y muerte; construye un mundo de una riqueza extraordinaria y lo agota. La naturaleza de lo que describe es exclusiva e irrepetible».

Para Vargas Llosa es sin duda una de las obras cumbre de la literatura universal, que presenta al resto del mundo el concepto de ‘realismo mágico’, una singular atmósfera donde fantasía y autenticidad se funden en una historia sensual repleta de elementos emocionales: amor, rencor, pasiones.

Cuando el padre de García Márquez, Gabriel Eligio, se casó con «la niña bonita de Aracataca», puso en marcha todo el proceso. Casi toda la obra literaria de García Márquez -cuenta Vargas Llosa- está elaborada con los materiales que son el alimento de su infancia. Si Aracataca vivía de recuerdos cuando el nació, sus ficciones vivirán de sus recuerdos de Aracataca.

Su título, ‘Historia de un deicidio,’ responde, a juicio de Mario, a que «escribir novelas es un acto de rebelión contra la realidad. Es una tentativa de corrección, cambio o abolición de la realidad real de su sustitución por la realidad ficticia que el novelista crea. Es un suplantador de Dios».

Hasta llegar a escribir ‘Cien años de soledad’, García Márquez necesitó veinte años y un largo proceso de fecundación literaria, de gestación de ese mundo total que es Macondo y su universo, que Vargas Llosa va desentrañando a lo largo de su ensayo. Son obras fundamentales en ese recorrido previo: ‘La hojarasca’, ‘El coronel no tiene quien le escriba’, ‘Los funerales de la Mamá Grande’, ‘La mala hora’. También sus escritos iniciales, el primero de ellos ‘La casa de los Buendía’, aparecido en el semanario Crónica en 1950. En él ya aparece el nombre de la estirpe (los Buendía) y la figura del coronel Aureliano Buendía, personaje capital de la zaga. Fundamental en este recorrido el relato de ‘Isabel viendo llover en Macondo’, con esa primera imagen de Macondo inundada por la lluvia.

En 1951 aparece su primera novela, ‘La hojarasca’, esa avalancha de gente que invade el pueblo detrás de la empresa bananera, y que ya introduce al lector en la vida de Macondo. Le sigue ‘El coronel no tiene quien le escriba’, la interminable espera de su pensión de un militar retirado. Aquí se amplían los límites espaciales de Macondo que nos permite conocer su vida política y social. El camino se ensancha con ‘Los funerales de la Mamá Grande’, colección de cuentos que suceden en Macondo y en el pueblo bananero; en ellos lo imaginario adquiere un protagonismo central e independiente de cara al futuro y siempre en pugna con la realidad objetiva. Culmina este camino con ‘La mala hora’, conocida como la novela de los pasquines y en ella ya se dibuja una pormenorizada descripción del pueblo que durante diecisiete días se vio sometido a una lluvia de pasquines anónimos. Los pasquines revelan secretos de sus habitantes con verdades y mentiras que elevan la tensión entre ellos y presagian que al pueblo le ha llegado su mala hora.

García Márquez: historia de un deicidio

  • Mario Vargas Llosa
  • Editorial Alfaguara
  • Precio: 23,90 euros

Cien años de soledad

El proceso de edificación de la realidad ficticia alcanza su culminación con ‘Cien años de soledad’. Es una novela total, por su naturaleza plural, por su accesibilidad ilimitada. Pero sobre todo es una novela total «porque pone en práctica el utópico designio de todo suplantador de Dios: describir una realidad total» . Es una novela total por su materia, en cuanto describe un mundo cerrado, desde su nacimiento hasta su muerte y por su forma pues la escritura y la estructura tienen, como la materia que cuaja en ellas, una naturaleza exclusiva, irrepetible y autosuficiente».

Ese concepto de totalidad narrativa se manifiesta también y ante todo, en la «naturaleza plural» de la novela que es, a la vez, tradicional y moderna, localista y universal, imaginaria y realista. Por último -culmina su análisis Vargas Llosa-frente al hermetismo general del genio literario, ‘Cien años de soledad’, está al alcance de todos, una obra literaria que «todos pueden entender y gozar».