Pocos intelectuales ha dado España en el siglo XX de la enorme talla académica de Américo Castro. La España de la Edad Media o genios como Lope de Vega o Cervantes tienen hoy día una dimensión genuina gracias a los estudios e interpretaciones de Américo Castro.

La editorial Renacimiento reedita ahora ‘Aspectos del vivir hispánico’, una obra clave para entender como se fraguó el actual espíritu religioso de España, entre los siglos claves del XIV al XVI.

Castro explica en este estudio como el actual entramado religioso español se fraguó entre los siglos IX y XII donde convivían moros, judíos y cristianos, sin que ninguna religión prevaleciera sobre otra hasta que los cristianos empezaron a afirmarse sobre las demás, de manera excluyente.

En España crece un cristianismo que da calor al irracionalismo religioso frente a la ciencia racional, al individualismo voluntarista, o la noción hebrea de la limpieza de sangre, que dio lugar luego a la persecución y expulsión de todo lo que no fuera cristiano.

Castro estudia las conexiones históricas, los reflejos e influencias en el vivir cotidiano de la existencia de tres religiones, la cristiana, la judía y la mora por espacio de 800 años en España y la influencia del erasmismo en el XVI.

En el libro, que se publicó inicialmente en 1949 en Santiago de Chile, Castro explica como los españoles se han empeñado en vivir un catolicismo mesiánico de ahí que la influencia del erasmismo en España fuese escasa.

Desde una perspectiva histórica el vivir religioso de los españoles se caracterizó por un imperialismo expansivo; un mesianismo político; un utopismo político social; un arrebato místico e iluminado; un iluminismo propio de los erasmistas.

Según Castro en España hubo erasmistas, pero no erasmismo, pues eran gentes más deseosa de una «piedad íntima» que seguidores de la doctrina de Erasmo.

Explica como la tímida reforma religiosa en España se inició por el descrédito de las órdenes monacales y la fundación de la de San Jerónimo, a finales del XVI, orden que reclamaba una moral más exigente. Después, a fines del XVI, llegó el fracaso de esta reforma y el triunfo de la intolerancia que se saldó con las páginas de la Celestina.

El erasmismo en España fue pura ilusión y al primer asomo de resistencia efectiva todo se desvaneció como bruma. No obstante la huella de los erasmistas españoles perduró mucho tiempo como matiz delicado dentro de la religiosidad tradicional y de la literatura profana y en último término Cervantes, fray Luis de León y otros muchos deben al erasmismo algo de su saber religioso y literario.