Novela

Violeta, la mujer que cruzó todo un siglo

La última novela de Isabel Allende narra una peripecia vital y el acontecer mundial del periodo comprendido entre 1920 y la actual pandemia.

Isabel Allende.

Isabel Allende.

Jose María de Loma

Jose María de Loma

«Ningún tiempo pasado fue mejor», ha dicho Isabel Allende en varias entrevistas a propósito de su nueva novela, ‘Violeta’. Puede que sí y puede que no, pero lo cierto es que cualquier tiempo puede ser novelado, recreado, cincelado en la memoria y devuelto para que el lector lo juzgue. Lo viva. Cien años. Una centuria convulsa, de 1920 a la actualidad, es el fragmento temporal que Allende ha escogido como protagonista de su historia.

El relato es en realidad una carta que la protagonista escribe a su nieto, Camilo. La acción transcurre en Chile, aunque el país no se nombre. Violeta es una niña alegre, privilegiada, con una familia estupenda. Al principio. Luego su padre, negociante, cordial pero severo, industrioso, emprendedor, que se diría ahora, se arruina y la saga marcha a un territorio algo remoto, campestre, rural. Es la catastrófica crisis del 29.

El crack frente al que una sociedad muy alejada de Estados Unidos se muestra escéptica pero que es igualmente barrida en sus cimientos económicos. Toca adaptarse. Violeta se cría en un gineceo, muchas mujeres, personajes deliciosos, atravesados de ternura. Criados que son como de la familia, ciertos apuros económicos, pero no hambre. Casa grande. Violeta crece y se mal casa cuando aún vive en esa suerte de burbuja protectora. Fabián es su primer esposo, un hombre más preocupado por la técnica de inseminar vacas, embarazar terneras y medicar gorrinos que por su matrimonio. Dura poco.

Violeta aprende entonces, a los veintipocos, cuando conoce a Julián, atractivo, musculoso, viril y aventurero aviador, que una cosa es un marido atento, artefacto humano que no está mal, y otra muy distinta un hombretón que destila sexualidad y hace que el goce juntos, el placer, sea loco y a todas horas. Brutal. Una pasión esta que es descrita de manera eficaz y popular a lo largo de muchas páginas pero sin caer en la novelería. Ni, casi, en el género sombras de Grey. Y queda embarazada. Ya no avanzamos al lector más del argumento, nos quedamos a años luz del spoiler, la acción avanza, la vida de Violeta avanza y el mundo también cambia.

Pasan muchas cosas. Y esa es una virtud de la novela. El entretenimiento está asegurado. El buen ritmo es prodigioso. Violeta es testigo, como sus coetáneos, de la Guerra Mundial, guerra lejana pero conflicto que marca a todos. De hecho, Julián combatió en la contienda. Y va avanzando, la política, la familia, la sociedad, la economía, hacia la actualidad, época en la que, al igual que en 1920 la gente va con mascarilla. Entonces, por la fiebre española. Ahora, por el coronavirus.

A Violeta, y al mundo, a su familia, a los conocidos le pasan muchas cosas más después, cuando vendrá la guerra fría, los sesenta, Vietnam, los hippies, los ochenta, la caída del muro, etc. De todo esto, y de los avatares de Violeta y el mundo, Isabel Allende va dando cuenta. Describiendo muy bien los sentimientos. Nos los muestra no solo por lo que hacen sus personajes y sí también por lo que piensan. A veces en largos párrafos de prosa sencilla, tal vez la más difícil. Devórese.