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Strauss & Zweig: cartas en tiempos aciagos

Acantilado recoge la correspondencia entre el compositor y el autor, que trabajaron juntos en una ópera en pleno auge del nazismo

El alemán Richard Strauss y el austriaco Stefan Zweig. WIKIPEDIA

Con la muerte del vienés Hugo von Hofmannsthal en 1929, el gran compositor alemán Richard Strauss (1864-1949) se encontró abatido y desorientado, porque había perdido a su gran libretista, con el que había ido de la mano para estrenar sus grandes óperas.

Fue entonces cuando le pidió a un amigo que sondeara al también escritor vienés Stefan Zweig (1881-1942) y le transmitiera «si tiene algún texto de ópera para mí».

Se inició entonces, en el otoño de 1931, una correspondencia de cinco años, que daría como resultado la ópera ‘La mujer silenciosa’, con libreto del austriaco, aunque pronto la amistad entre los dos genios se puso a prueba por el ascenso del partido nazi y la furia antisemita que desencadenó, pues Zweig era judío.

La editorial Acantilado acaba de publicar este intercambio epistolar, en la edición de Willi Schuh y la traducción de Carlos Fortea. El escritor austriaco, por entonces en la cima de su popularidad, se muestra en estas cartas un rendido admirador del músico, a quien trata como un genio en vida. Siguiendo la etiqueta de la época, los dos artistas se tratan de usted y de doctores, pero poco a poco la colaboración entre ambos y los encuentros esporádicos irán abriendo paso a confidencias cada vez más personales y consideraciones sobre el papel del creador en un mundo convulso.

De esta manera, la correspondencia tiene un valor doble, pues a la par que nos permite seguir la creación del libreto, con aportaciones de ambos, retrata su punto de vista sobre los acontecimientos, cada vez más preocupantes, que viven Alemania y Austria con la irrupción de Hitler y su banda.

Mucho se ha hablado de la supuesta ambigüedad de Richard Strauss con los nazis, al aceptar el puesto de presidente de la Cámara de Música del Reich.

En estas cartas queda más que clara la defensa que Strauss hizo de Zweig ante los más altos jerarcas nazis, que trataron de que se desligara del austriaco y su compromiso con la creación por encima de consignas partidistas. En este sentido, en una de las cartas, ante el intento de Stephan Zweig de pasar a un segundo plano para no perjudicar a su colega, Strauss le conmina a seguir con él: «No voy a renunciar porque en estos momentos tengamos un Gobierno antisemita», le recalca.

De hecho, una de las cartas de Strauss, que se publica en el volumen, fue requisada por la Gestapo y su contenido, en el que reniega con ironía del antisemitismo («¿Cree usted que Mozart componía conscientemente como ario?»), justificó que fuera cesado de la presidencia de la Cámara de Música.

Por lo demás, estas cartas maravillosamente bien escritas dejan pinceladas de proyectos que las circunstancias no ayudaron a forjar, como una ópera basada en una obra de Calderón de la Barca y otra sobre La Celestina.

‘La mujer silenciosa’ se estrenó y Strauss logró que en el cartel apareciera el nombre de su amigo Stefan Zweig. Ni Hitler ni Goebbels asistieron al estreno.

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