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Seix Barral

Enrique Vila-Matas: Montevideo

Un libro fronterizo entre la novela y el ensayo, donde el protagonista, un escritor inmerso en un largo flashback, vincula anécdotas en distintas ciudades del mundo con sus ideas literarias. Seix Barral presenta estos días lo último de este célebre autor barcelonés, una referencia de estilo y visión narrativa

Enrique Vila-Matas

En el barrio de Montparnasse, en París, un autobús se detiene, son los años setenta, el conductor abre la puerta y dice «los del hotel de la calle del Hambre». Es un viaje de españoles, viajan para conocer el mundo más allá de la dictadura que entonces había en España. La Rue Delambre es una calle que también conoce en los setenta Vila-Matas, y quién sabe si no vivió la misma anécdota, pues en su última novela, ‘Montevideo’, su protagonista también la llama calle del Hambre, haciendo el juego de pronunciar en español un apellido francés.

La imagen de esta ciudad ha oscilado en la mente de muchos, desde las películas de Truffaut hasta ‘El perseguidor’ de Cortázar, donde el protagonista, Johnny Carter, es un saxofonista con adicción a las drogas y al alcohol, el submundo donde se desenvuelve, recién llegado a París, el protagonista de Vila-Matas en ‘Montevideo’, con sus ansias de ser escritor, y que siempre hay alguien que le dice «¡pero si tú no escribes!».

Una de las claves que revelan la literatura de Enrique Vila-Matas reside en una frase del autor a la periodista Mara Torres en su programa de la Cadena Ser, cuando le dijo hace unos años que «la literatura transforma la realidad». Quizá la realidad de ser otro, como dice el personaje de Vila-Matas, pero esas ganas de escribir que pierde en París las recupera en Barcelona, la ciudad de la que se fue por sentirse vacío, de la que, mientras unos veían un paseo con árboles en la Diagonal, otros veían, después de tomar alguna sustancia psicotrópica, un zoológico atiborrado de fieras, como dice el protagonista. La Barcelona de Vila-Matas no aparece entre las ciudades que vertebran esta novela, pero también está presente, es donde el protagonista conoce al autor de la gran ‘Sostiene Pereira’, Antonio Tabucchi, en el Hotel Colón, próximo a la Vía Layetana, quien también le dice al personaje sobre trasformar la vida en la literatura. Esta novela recuerda, de algún modo, al relato de Boris Pilniak ‘Un cuento sobre cómo se escriben los cuentos’.

Vila-Matas, oriundo del distrito barcelonés de l’Eixample, una de las zonas burguesas de la ciudad salpicada de edificios modernistas, comenzó como redactor en la revista Fotogramas. En la Barcelona efervescente de los setenta el autor estuvo vinculado al cine, y la presencia en su novela ‘Montevideo’ del icónico actor Jean-Pierre Léaud, en la ciudad portuguesa de Cascais, manifiesta que cinco décadas después continúa en Vila-Matas su pasión por el cine. En esta novela el autor hace alusión al término literatura expandida, que define como la que hace referencias a otras artes, es decir, si esta novela fuese una muñeca, sin duda sería una matrisoka, por un lado, está la narración, y por otro, parece como si dentro de ella hubiese una crítica de sí misma. En una ocasión, citando el autor a Nabokov, dijo que la trama es una simpleza burguesa, y que la innovación reside en tener un estilo y una visión del mundo, que viene ser lo que algunos escritores dicen, que la literatura, más que la historia en sí, es la manera en que se cuenta. Otra característica que se aprecia con fuerza en esta novela de Vila-Matas es lo que llaman intertextualidad, textos que conducen a otros textos, pues, en realidad, Vila-Matas los refiere abundantemente, como hizo Cervantes en El Quijote cuando refirió, entre otros, al ‘Orlando furioso’ de Ariosto, para justificar los delirios de su héroe.

El propio Vila-Matas hace alusión en ‘París’, la primera parte de la narración, al concepto antinovela para referirse a Macedonio Fernández, maestro de Borges, digamos, siguiendo el juego de la matrioska, es como si Vila-Matas deslizase esta palabra dentro de ‘Montevideo’, una narración que no sigue el patrón de las convenciones narrativas comunes, un libro fronterizo entre dos géneros, y que este término, fronterizo, lo utiliza el autor para referir a ’Noches insomnes’ de Elizabeth Hardwick.

El protagonista, un escritor, quizá viva en una dimensión paralela, pues ambos, personaje y autor, hacen el servicio militar en Melilla y van al París bohemio de los setenta para ser escritores, pero, y aquí es donde viene la bruma, el escritor de la dimensión ficticia no escribe en París, teme al lector, a diferencia de su amiga Madeleine Moore que espera el encuentro de grandes lectores, y entra en el mundo de las drogas, se marcha de Barcelona por sentirse vacío, pero es en Barcelona donde comienza a escribir de nuevo cuando regresa, recordando anécdotas, cuando sus amistades se han posicionado socialmente y él aún continúa siendo escritor, y que, por otro lado, Vila-Matas hace referencia a una salida irónica de Josep Pla en una comida con escritores en Figueras, en el Ampurdán, cuando les llevan la cuenta y Pla dice: «No tenemos dinero. Somos escritores». Al margen de ello, esta novela es, a su vez, la conexión de uno de los grandes escritores de nuestro país con la literatura latinoamericana, la de Julio Cortázar, el escritor argentino más parisino.

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