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La Opinión de Málaga

Alianza
Andrés Lomeña Escritor, profesor y periodista

"Somos un poco prisioneros de los deseos, los sueños y los anhelos"

El periodista malagueño publica su primera novela llamada ‘Podio’. Es una travesía por la competición deportiva en el mundo de la natación que bebe mucho de su vinculación con esta actividad y de su conocimiento de la literatura y el periodismo

El periodista y escritor Andrés Lomeña, en una foto reciente.

El periodista y escritor malagueño Andrés Lomeña acaba de publicar ‘Podio’, (Alianza editorial) su primera novela. Este es un libro en el que combina su vinculación con el mundo de la natación y su aprendizaje de la literatura en la universidad. Durante la lectura, sin duda, el lector no quedará indiferente, pues su estructura habitual de capítulos no se sigue a rajatabla. Asimismo, ‘Podio’ supone un viaje a través de la competición deportiva y también una crónica de la salud mental en un universo donde, aparentemente, no está permitido flaquear.

¿Por qué deberíamos leer la novela, incluso alguien que no esté vinculado al mundo del deporte y la natación?

Creo que es una novela donde la literatura tiene un papel muy importante. El público objetivo no es solo el aficionado al deporte sino también el aficionado a la novela, la persona a la que le gustan las letras, las humanidades, que quiere sentir una experiencia literaria. Y en ese sentido espero cumplir con las expectativas que yo mismo me he puesto (...). También hay mucho de psicología, de cómo sufre el personaje que está imbuido en ese mundo de la alta competición y en definitiva, como en cualquier historia, los personajes son lo más importantes y ahí el personaje de Paula Sen es casi un arquetipo del deportista que se flagela, que se sacrifica por la inmortalidad deportiva, por trascender, por conseguirlo todo.

En cierto modo esa exigencia también se puede extrapolar a otros ámbitos, no solo el deportivo.

Hay una doble lectura. Esas expectativas altísimas se pueden interpretar en el deporte pero también en las mismas ambiciones literarias que tiene cualquier autor cuando está empezando. Es mi primera novela, mi debut literario y bueno creo que también cualquier autor se pone unas expectativas demasiado altas (...). Dónde aparece publicado, quién le va a leer, qué críticas tendrá y sobre todo el miedo a la intrascendencia. A veces una mala crítica se convierte en una buena crítica porque al menos hablan de ti.

Por su vinculación con el mundo de la natación, ¿sabías que tenía que escribir su primera novela sobre ella?

Bueno yo no fui un gran nadador y realmente nadé varios años pero cuando era muy pequeño. Es decir, es una educación sentimental y en eso pongo mucho énfasis porque no es que haya sido un nadador relevante, para nada (...). Sí que es verdad que eso da forma a tu entender del mundo, a tu manera de acercarte a las personas e incluso influye en cómo percibes el deporte. La natación es un deporte tremendamente individualista, no es solo que compitas contra ti mismo y tus rivales, es que es un deporte muy solitario. Cuando estás haciendo series, ahí la conversación es prácticamente nula, solo en los descansos puedes hablar con los compañeros (...). Creo que la natación tiene una idiosincrasia que me moldeó psicológicamente o me marcó una serie de experiencias.

«La natación tiene una idiosincrasia que me moldeó psicológicamente»

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Durante esa etapa, ¿compartió piscina, por así decirlo, con otros nadadores que pudieron marcarle?

Eso lo cuento mucho. Nadaba muy cerca de María Peláez, que fue la gran nadadora malagueña. Estaba cerca de Christian Jongeneel. Él hace locuras como cruzar el Estrecho ida y vuelta sin neopreno. Y digamos que los campeones olímpicos, los verdaderos atletas, estuvieron a mi lado. Nunca me sentí un deportista destacable pero sí que estuve rodeado de personas que admiro muchísimo.

¿Lleva muchos años dándole forma a la idea de la novela?

Hace ya muchos años que quise escribir esta novela , creo que con veintipico años decidí que quería hacer algo sobre la natación y no sabía darle forma. Terminé periodismo, luego hice otros estudios, Literatura Comparada. Tenía eso ahí como rumiándolo, pero no era capaz de empezar una sola línea porque creo que me había puesto unas expectativas demasiado altas. No quería hacer cualquier cosa, quería que esa novela fuera precisa, que describiera bien ese mundo de la natación, también lo que había sido el desarrollo de mi vida. Y te pones tantos obstáculos que finalmente no eres capaz de superar esa página en blanco. Resolví un poco el problema con la frase con la que empieza la novela, la de Eleanor Catton: «Los récords son cosa del deporte, no de la literatura». Ahí es cuando vi una especie de relación entre el deporte y la literatura, cómo se interpolan. Toda esa ambición está en los dos ámbitos (...). Siempre tenemos unas expectativas y somos un poco prisioneros de esos sueños, de esos deseos y de esos anhelos.

¿Cuándo llegó el momento de escribirla?

Me tiré más de 10 años esperando el momento y finalmente llegó. Demasiado tarde, hubiera querido escribir la novela mucho antes. Pensaba que antes de los 30 iba a tenerla terminada y no empecé a escribirla hasta los 38 (...). El momento de la pandemia ayudó pero creo que tenía que ver con la autoexigencia, esa sensación de escribir algo que no te gusta, de no encontrar una voz narrativa con la que te sientas cómodo.

La novela está escrita en segunda persona. No suele ser habitual. ¿Por qué la eligió?

Una segunda persona es una especie de literatura esquizofrénica que nadie tiene muy claro. Se puede hacer muy problemática y muy confusa (...). En mi caso me vino genial porque la idea de la natación, de llegar sin energía al final de la prueba, esa sensación de que te falta el oxígeno, creo que la segunda persona lo logra. Es una especie de lectura un poco asfixiante.

«Paula Sen es un modelo del deportista que se sacrifica por la inmortalidad»

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¿Qué caracteriza a la protagonista de la ficción, a Paula Sen?

Es una chica que es preadolescente cuando empieza las competiciones, la hermana es la que parece que puede llegar a algo y pronto ella devora a quien tiene a su alrededor. Y eso la va llevando a un camino sin salida (...). Se convierte en una persona casi autista, se siente diferente, incluso con los entrenadores.

El nombre de los capítulos está al final, en vez de al principio en la novela, ¿a qué se debe?

Me recordaba al recobro, a la fase aérea de la brazada antes de que el brazo vaya arrastrando agua para avanzar. Tiene que reiniciar un ciclo. El título del capítulo ponerlo al final me parece como ese recobro para poder seguir avanzando, para recordar.

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