Diario de lecturas

Unas bibliotecas se hunden y otras ni existen

Biblioteca Gabriel García Márquez, en Sant Martí de Provençals, en Barcelona.

Biblioteca Gabriel García Márquez, en Sant Martí de Provençals, en Barcelona. / Ricard Cugat

Leo que la biblioteca Gabriel García Márquez de Barcelona va a cerrar este verano. Resulta que el edificio tiene ya grietas y se han detectado algunos fallos estructurales, lo que va suponer una inversión en reparaciones de casi 400.000 euros. Y esto me llena de congojo porque esta instalación recibió el año pasado el premio internacional como la Mejor Biblioteca Pública. Si esta es la mejor biblioteca, qué podemos esperar de las demás. A mí me parece desde hace bastante tiempo que casi nadie tiene ya fe en las bibliotecas. Aunque luego te llevan de paseo como a Miss Daisy, porque sufro de ciertos problemas estomacales que es mejor pasar por alto, te topas en la playa de Torre del Mar con una biblioteca muy apañada en plena arena, y tienes que pensar que algunos sí mantienen alguna fe en la valía e importancia de las bibliotecas. Por desgracia, esa fe no se ha contagiado en Málaga, porque aquí aún seguimos esperando que la Biblioteca Provincial tenga una sede digna de mostrar a quienes nos visitan -lo de ir a leer lo dejamos para otro día-. La rehabilitación del Convento de San Agustín para acoger esa institución, que mientras tanto permanece desde hace décadas en un edificio algo destartalado que le sirve de hogar provisional, es el cuento de nunca acabar -uno que a muchos nos gustaría no volver a leer-. Por cierto, en esa playa de Torre del Mar, no muy lejos de su faro, también hay tableros para jugar al ajedrez, unas mesas de ping pong y una casetilla para compartir libros, además de muy buena sombra -y parece que lo construyeron bien rápido y sin grietas-.