Editorial Satori

Moralejas futuristas

Se publican los cuentos de Hoshi, maestro japonés de la ciencia ficción

Shinichi Hoshi

Shinichi Hoshi / L.O.

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

En una de las historias de este libro un científico y un robot desembarcan en un planeta por civilizar. Tras entregarse a una tarea tan ingente la población, agradecida por haber recibido tantas lecciones de técnica y cultura, levanta un monumento... al robot, no al científico. 

Esta moraleja futurista ejemplifica muy bien el particular universo literario del japonés Shinichi Hoshi (1926-1997) y es uno de los cuentos recogidos en ‘El robot caprichoso’, que acaba de editar Satori, con la estupenda traducción de Salvador Rodríguez Artacho y Michiko Owada.

El escritor japonés está considerado en su país uno de los pioneros de la ciencia ficción, rama de la literatura a la que se dedicó con pasión de grafómano. De hecho, no es casualidad que a lo largo de su vida escribiera, además de novelas, 1.001 cuentos cortos, una cifra que homenajea las Mil y Una Noches, de la que parece recoger simbólicamente el testigo de una forma de narrar que mezcla la fábula con una imaginación a raudales.

Nacido en una familia de clase alta de Tokio, Shinichi Hoshi se graduó en Bioquímica pero la bancarrota de la empresa familiar -la Farmacéutica Hoshi- hizo que tras la muerte de su padre vendiera la compañía y se dedicara por entero a la escritura hasta su muerte, con una legión de fans detrás. 

El robot caprichoso

  • Shinichi Hoshi
  • Editorial: Satori
  • 160 páginas
  • Precio: 19 €

La ciencia ficción que despliega el escritor tokiota está marcada por la mesura, la delicadeza y el humor, a modo de un perfecto haiku soñado por androides eléctricos. 

En cierta manera, comparte ese elemento infantil, que no infantiloide, de muchos de los cuentos de ciencia ficción de Ray Bradbury, en los que se palpa que detrás del escritor sigue asomando un niño lleno de curiosidad e ilusión. 

Sus cuentos cortos son fábulas de un mundo futuro marcadas por un estilo claro y conciso, casi de idéntica longitud. En muchas ocasiones consisten en un mero diálogo entre dos personajes, muchos de ellos científicos que dan cuenta de inventos portentosos que suelen destapar el tarro de las debilidades humanas.

Hoshi -que curiosamente es ‘estrella’ en japonés- fabula en sentido literal, de ahí que sus cuentos, de una trabajada sencillez, parezcan dirigidos a lectores de todas las edades y culturas y hayan tenido un gran éxito también fuera de su país.

Desfilan por este libro robots trabajadores y caprichosos, ingenios poéticos y surrealistas, alienígenas y naves espaciales, pero todo tiene un innegable aire hogareño, como si, por mucho ropaje sideral con el que se presenten, asistiéramos a la representación de historias arcanas rematadas con un final muchas veces aleccionador. 

Este carácter tan alejado de los cánones de la ciencia ficción son los que precisamente permitieron al autor de Tokio fundar su propia rama, la de las moralejas futuristas que ya advertían, antes de la llegada de la Inteligencia Artificial, del mal uso de la tecnología, de lo controvertida que puede ser una relación entre robots y humanos y sobre todo, de cómo, por mucho que haya avanzado la Humanidad y cree inventos cada vez más sorprendentes, seguirá a merced de sus flaquezas eternas.