Ensayo

Miguel Ángel Moreta-Lara: viajar, leer, jugar

Miguel A. Moreta-Lara vuelve con cien microensayos llenos de estilo y humor

Miguel Ángel Moreta-Lara

Miguel Ángel Moreta-Lara / L. O.

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

En uno de los pasajes más inspirados de ‘Mientras respira la tarde’ (El Desvelo Ediciones), el nuevo libro de Miguel Ángel Moreta-Lara, el protagonista es el poeta malagueño Rafael Pérez Estrada, quien recibe el inaudito encargo municipal de acabar con la plaga de cotorras que inunda su ciudad natal.

Rafael, quien, precisamente, para su fotografía más recordada posó con su loro en el hombro, responde a la orden del alcalde disparando a las aves «peines, poemas y pamelas de fabricación malagueña».

Este es el espíritu que impera en la última obra del escritor, filólogo y catedrático de instituto, Miguel Ángel Moreta-Lara.

Nacido en Marruecos, vecino hasta el bachillerato del Sáhara Español y antiguo agregado de Educación en varias embajadas españolas, el autor insufla en sus libros sus incontables lecturas, reflexiones, vivencias y viajes. Con especial acierto en esta última creación, un centenar de microensayos o ‘micrólogos’ divididos en cuatro grandes bloques de idéntica extensión: ‘Tránsitos’, ‘Correr tras el viento’, ‘Idólatras del deleite’ y ‘Libelo lolailo y otras historias’.

Los nombres ya dan una pista de los derroteros de esta obra laberíntica de múltiples caminos, en la que tienen cabida desde la reflexión erudita, como el recuerdo de una famosa escena de ‘En busca del tiempo perdido’ de Proust, a descacharrantes conclusiones literarias que, por descontado, son mucho más que un chiste («Al fatigar determinadas páginas del ‘Finnegans Wake’ de mi admirado James Joyce es difícil sustraerse a la voz en ‘off’ del gran Chiquito de la Calzada»).

Como ya hizo en otro libro de esta misma editorial, ‘Infierno y paraíso de las islas’ o como también demuestra en su poesía, este trasegador de trochas y bibliotecas disfruta a lo grande con las distancias cortas para exprimirlas al máximo y así jugar y, si se tercia, hacer pensar a los lectores.

Miguel A. Moreta-Lara es capaz así de desvelarnos, con la delicadeza de un entomólogo enamorado de las letras, una escena de cortejo entre dos escarabajos de jardín; de meterse en la mente circular de un maestro churrero o de desmenuzar en una ‘Gastrocrítica’, a qué platos se asemejan algunas grandes obras universales.

Sigue, por cierto, los caminos libres de ataduras de maestros como Ramón Gómez de la Serna, los dadaístas y surrealistas o su admirado Rafael Pérez Estrada («La sombra se desprendió de mí y, desplegando súbitamente sus élitros irisados, se echó a volar»); pero también, el que marcó Luis Cernuda con su prosa poética, pues algunas de estas hermosas reflexiones bien podrían haberse abierto un hueco en ‘Ocnos’.

En sus poco más de 80 páginas hay espacio para la crítica política; para una hermosísima añoranza de México; para un erotismo que habría entusiasmado a Luis García Berlanga y para una inteligente reflexión sobre cuál es el viaje más completo («El viaje auténtico es el inmóvil, el psíquico -como bien saben los drogadictos y los místicos- el viaje de papel, el vertical»).

Para Miguel Ángel Moreta-Lara la Literatura es viaje, estilo, lectura, juego, descubrimiento, experimento... ingredientes que pueden saborearse en estos cien momentos de una tarde simpar.

Mientras respira la tarde

Autor; Miguel A. Moreta-Lara

Editorial: El Desvelo

Páginas: 86

Precio: 14,00 €