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Nórdica Libros

Turguénev ya trató con clarividencia la impostura social que hoy nos devora

En ‘Diario de un hombre superfluo’, que ahora recupera Nórdica Libros, retrata lo que es un mal muy extendido, el del vendehumo, que promete lo que por su inoperancia no puede lograr

‘Diario de un hombre superfluo’ es, junto a ‘Padres e hijos’, una de las más significativas obras de Turguénev, por lo que de repercusión tuvo para la literatura rusa del XIX, y por ser el retrato de un tipo universal

‘Diario de un hombre superfluo’ es, junto a ‘Padres e hijos’, una de las más significativas obras de Turguénev, por lo que de repercusión tuvo para la literatura rusa del XIX, y por ser el retrato de un tipo universal / L.O.

Entre 1838 y 1850 en que vuelve a Rusia Iván Turguénev vivió y se enamoró de la Europa occidental del momento, especialmente de París, donde fijó su estancia, una París que era entonces, mediados del XIX, el centro de Europa. Turguenev no fue uno más sino que se convirtió en todo un personaje central en ese escenario central. Su relevancia no era solo como escritor afamado sino como difusor de ese nuevo ideario cultural y social de modernidad liberal y universal que tanto ayudó a la reconstrucción de Europa. Turguénev se empapó de todo ese mundo, conoció a los personajes que tiraban del carro europeo y también a aquellos otros que, mas allá de su fachada, solo ofrecían un voluntarismo inútil, un idealismo vacío e inservible. 

Ese es el retrato que Turguénev hace en ‘Diario de un hombre superfluo’, un retrato visionario en cuanto que teniendo como modelo a esos personajes de la época, señala también que esos tipos, por su carácter engañoso, cada vez serán mas y mas corrosivos para la sociedad, aún sin pretenderlo. Si miran en su entorno se verán cara a cara y a diario con ese hombre superfluo de Turguénev, que suele ser una figura atractiva pero que solo vende humo, esos que engañan a sabiendas prometiendo algo que en realidad carece de valor o sustancia, y siempre buscando el beneficio personal. No pretenden el mal, pero terminan haciéndolo.

Por ello el acierto de Nórdica Libros de volver a poner en circulación una nueva edición de ‘Diario de un hombre superfluo’, con un interesante prólogo de Juan Eduardo Zúñiga que tan bien conoce al escritor ruso.

Turguénev siempre se manejó mejor como escritor en las distancias cortas. De ahí que su brillo más intenso lo logre en sus relatos cortos, más que en sus novelas. En esos relatos Turguénev se inclinó por reflejar esos temas eternos de la humanidad, como el mundo de los sentimientos, o las grandes pasiones amorosas, también, como en este caso, la incapacidad para la acción de muchos hombres.  

‘Diario de un hombre superfluo’ es, junto a ‘Padres e hijos’, una de las obras más significativas de Turguénev, por lo que de repercusión tuvo para la literatura rusa del XIX, y por ser el retrato de un tipo universal . 

Ficha

  • Diario de un hombres superfluo
  • Iván Turguénev
  • Traducción: Marta Sánchez-Neva
  • Editorial: Nórdica
  • Precio: 15,00 €

El título no engaña; se trata de un diario, bien que atípico y relativamente corto, en el que las anotaciones de los últimos diez días de vida del moribundo, el terrateniente Chulkaturin, dibujan de hecho el perfil de toda una vida. Desde su lecho de muerte, Chulkaturin reconstruye a grandes rasgos su absurda existencia, en la que la parte más importante de las anotaciones recaen en los recuerdos de un ser que ha fracasado en el amor, y por lo tanto, también en la vida. Unas confesiones sobrecogedoras salen de boca de un hombre que se siente como un ser que sobra, que excede, que está de más en un mundo en el que, por añadidura, a él no le dio tiempo a construirse su propio nido, ni a consolidar su amor, ni a terminar de encontrar aquello que se supone da sentido a la existencia.

La expresión con la que Turguénev se refiere a este «hombre supérfluo», sirve en realidad para toda una tipología de héroes, o mejor dicho, de antihéroes de la literatura universal, pero que tuvo su modelo en la rusa. Al igual que al Chulkaturin de Turguénev, también el apuesto Pechorin (El héroe de nuestro tiempo, de Lérmontov) y el propio Onéguin, de Pushkin, son sujetos sin meta, sin finalidad en sus vidas, pero que intentan pasar y ser vistos como ídolos; son ellos los que heredan parte del escepticismo hamletiano y parte del idealismo quijotesco, que utilizan con falsedad.

El término denota un falso héroe dotado de una gran inteligencia y sensibilidad y que es social y políticamente idealista, pero que, sin embargo, es fundamentalmente impotente para actuar, nunca llega a nada ni consigue nada de lo que promete .

Cerramos el círculo con un Turgénev que tras su largo periplo en Rusia y desalentado del país, vuelve a Europa. En 1874, compra una casa en Bougival, cerca de París y de su amante, la cantante de origen español, Paulina García de Viardot. Frecuenta a Flaubert, a quien visita casi todos los domingos y que se convierte en su mejor amigo. Entre 1874 y 1880, formó parte del llamado grupo de los cinco: Flaubert, Goncourt, Daudet, Zola y Turguénev, que se reunían para comer y conversar, creando fuertes vínculos entre ellos. 

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