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Cuento

Joseph Roth: Un genio imprescindible

Los ‘Cuentos completos’ de Joseph Roth nos ofrecen la oportunidad de redescubrir a uno de los autores más importantes del siglo XX, profundo conocedor del alma humana, dueño de un estilo que se lee al galope, raudo y lírico al mismo tiempo

Joseph Roth.

Joseph Roth.

Juan Gaitán

Es difícil explicar la sensación que te queda después de haber leído un cuento de Joseph Roth. Basta con uno, solo uno, para darte cuenta de que estás ante un gigante de la narrativa, un portentoso contador de historias capaz de hacerte ver y entender el alma humana.

Es un tópico literario aquello de que algunos autores están tocados por el genio de tal manera que con una obra muy escasa, a veces compuesta por no más que una o dos obras, basta para pasar a la historia grande de la literatura. Y se cita siempre el ejemplo del gran Juan Rulfo, que le fue suficiente con ‘Pedro Páramo’ y los cuentos de ‘El llano en llamas’ para pasar al olimpo, o nuestro San Juan de la Cruz, cuya obra es «cuarto y mitad» (como solía decir, con su gracia habitual, Manuel Alcántara), pero resulta más que suficiente para que sea considerado el príncipe de los poetas españoles. Pues lo mismo debería sucederle a Joseph Roth, cuyos cuentos completos acaba de publicar en español la editorial Páginas de espuma en una edición magnífica, de pastas duras, con una más que meritoria traducción de Alberto Gordo, de la que hablaremos algo más adelante.

Es curioso que Roth no sea un autor elevado a esas alturas. Aunque ocupa un lugar muy destacado en el Parnaso de los narradores europeos del siglo XX, no tiene la dimensión, la popularidad, de otros de su misma talla, y es una injusticia que debemos reparar. Basta el primer cuento del libro, ‘El alumno aventajado’, para darte cuenta de que estás ante un coloso de la narrativa. Pero importa mucho un detalle que no debemos pasar por alto. Roth nació en 1894 (en Brody una ciudad del imperio austro-hungaro) y este cuento se publicó en 1916 en el Österreichische Illustrierte Zeitung de Viena. El autor tenía 22 años cuando lo escribió, pero leyéndolo cree uno estar ante un escritor en su máximo desarrollo, en su mejor madurez.

De ahí que resulte difícil explicar la sensación que queda tras leer un cuento de Roth. Por fortuna el volumen contiene diecinueve, con lo que tenemos todas esas ocasiones para disfrutarlo, para sorprendernos.

Resulta fascinante el tratamiento que Josehp Roth da a sus personajes. La inmensa mayoría de las veces los mira con indulgencia, no los desprecia pese a sus caídas, sus vicios, sus errores. En eso tiene un eco muy cervantino, Don Miguel también tenía piedad de sus criaturas, no las juzgaba, lo mismo que hace Roth. Sus personajes a menudo se ven arrastrados por una pasión, como ‘El jefe de estación Fallmerayer’ o el desdichado comerciante de corales de ‘Leviatan’ (quizás uno de sus cuentos más famosos), gente sencilla y humilde, inocente e infantil, que parece manejada por fuerzas superiores a ellos que los conducen a un final inevitable, a la tragedia, al desengaño, al desastre.

Aquí entraría también el pobre Andreas Kartak, el clochard parisino de ‘La leyenda del santo bebedor’, el último cuento que escribió y que unánimemente la crítica ha considerado su testamento literario. Es evidente, a poco que uno investigue la biografía de Roth, que Andreas Kartak se le parece mucho, que ese alcohólico es un trasunto del autor, que está retratando, con humor y dolor, su propia manera de vivir (pasó sus últimos años envuelto en una vorágine alcohólica en París, igual que el protagonista del cuento) y profetizando, al mismo tiempo, su forma de morir. ‘La leyenda del santo bebedor’ es sin duda su testamento literario, su último escrito, su legado, como puede comprobarse en la frase final del relato, donde se evidencia esa «piedad» de la que hablaba antes de Roth hacia sus personajes, en este caso, en realidad, hacia sí mismo: «¡Que Dios nos dé a todos los bebedores una muerte tan rápida y hermosa!». Roth trabajó en este relato hasta prácticamente su muerte, dicen sus biógrafos que lo concluyó diez días antes de fallecer, que en las últimas semanas tenía los pies tan hinchado que apenas podía caminar, limitándose a breves paseos por los alrededores de la rue des Quatre Vents y el pont Saint-Michel, donde sitúa los escenarios del cuento.

La veloz prosa de Roth se lee al galope, del mismo modo en que fue escrita. Roth escribía como una ametralladora («solo sé escribir bien y rápido», dijo alguna vez de sí mismo), pero lo hacía con una precisión, con una puntería, excepcional. Así lo podemos comprobar en muchos, muchísimos momentos, como, por ejemplo, en la página 18, donde aparece esta certera definición de unos ojos: «eran de un color verdoso claro: de ese verde desagradable que tienen los vasos baratos»; o esta otra que aparece en la página 50: «La historia, por cierto, es demasiado extraña como para que alguien que no sea la vida se la haya inventado». Genialidad en estado puro. Y genialidad del mismo nivel la de Alberto Gordo, el traductor de esta edición, que ha sabido trasladar a nuestro idioma la extrema velocidad narrativa de un autor que, acaso por su dedicación al periodismo, poseía un estilo telegráfico al que, sin embargo, era capaz de dotar de un lirismo capaz de conmover a los lectores, capaz de alcanzar la belleza, como sucede en el cuento ‘Abril, la historia de un amor’ (página 93) tan maravillosamente escrito.

Pero no es el único ejemplo. En cada uno de los relatos (la edición, la más completa publicada en español, cuenta con narraciones hasta ahora desconocidas en nuestro idioma, como ‘Mendel el aguador’, así como algunos fragmentos de obras inacabadas, una carta y dos artículos) Roth da una lección magistral de escritura, de poseer una limpieza de estilo que alcanza la extrema pulcritud. Con su forma sintética, concreta, de contar, logra describir los escenarios, los lugares, meternos en atmósferas que van de la luz a las tinieblas, introducirnos en la piel de los personajes y, lo que es sin ninguna duda lo más importante, muestra en todo momento un conocimiento profundo del oficio de narrar, de contar historias. Roth es un autor que no aburre jamás, que no permite que decaiga el ritmo narrativo en ningún momento, que deja siempre al lector con ganas de más.

Decía al comienzo de esta reseña que es difícil explicar la sensación que te queda después de haber leído un cuento de Joseph Roth. La que queda después de leer sus ‘Cuentos completos’ es de plenitud. Pocos autores han alcanzado una cima tan alta en el relato, en el conocimiento del alma humana, en el dominio de la técnica narrativa. Roth es, por derecho propio, uno de los imprescindibles.

Cuentos completos

Autor: Joseph Roth

Editorial: Páginas de Espuma

Traducción: Alberto Gordo

Páginas: 384 Páginas

Precio: 30,77 € 

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