Relatos
Lydia Davis: una escritora observando la vida desde la periferia
Eterna Cadencia publica ‘Esa gente que no conocemos’, la octava colección de relatos cortos con los que Davis fotografía la vida cotidiana en pequeñas instantáneas que su escritura convierte en grandes ingenios

Lydia Davis. / L. O.
Fue el gran Baltasar Gracián en su Oráculo manual y arte de prudencia el que acuñó para siempre la sentencia de «lo bueno si breve dos veces bueno» y a esa máxima se atiene y se somete la escritora Lydia Davis que ha hecho de la ficción breve, brevísima a veces, todo un artificio literario de enorme magnitud desde el que retrata en pinceladas minimalistas la vida cotidiana que es, sin duda, la auténtica vida, la real.
Davis lleva años publicando estas pequeñas historias. Nos llega ahora de la mano de Eterna Cadencia, ‘Esa gente que no conocemos’, que supone el octavo título en esta colección de relatos.
Respecto a relatos anteriores, Davis ha desplazado su mirada para centrarse ahora en temas como el cuidado de los hijos o el envejecimiento o las relaciones vecinales, pero los resultados son tan penetrantes como todo lo que ha escrito. Aparentemente ella escenifica conflictos menores durante viajes en tren o avión, en llamadas telefónicas o en discusiones de vecinos, pero finalmente ella convierte estos escenarios banales en artilugios mentales para reflexionar sobre cuestiones más importantes, como la perspectiva de la muerte, la ruptura matrimonial, los arrepentimientos por lo que hemos dicho y los efectos de la tecnología o la mera comunicación.
La variedad en estilo y técnica es notable, desde la nota de apenas cuatro líneas hasta los cuentos cortos de cinco páginas, todos con el aire y la voz de una mujer en la periferia, observando la sociedad. Su colección de cuentos, muestra su variedad de escritura en todo su esplendor. Lo que las une es el ingenio, satírico pero indulgente a la vez , y lo que las distingue es la multitud de sentimientos que aborda en ellas: el envejecimiento, el matrimonio, la maternidad, la identidad, la soledad y muchos más.
Davis ve y oye lo que el resto de nosotros pasamos por alto; lo que consideramos banal, y desde su permanente fascinación por lo mundano, puede escribir sobre una lista de compras, un viaje en tren, una comida mala. Pero es ahí donde ella ahonda para que surja lo maravilloso. En el relato que da título a la colección, ‘Esa gente que no conocemos’, uno de los más largos, ejemplifica sobre actitudes diarias de un grupo de vecinos donde unos se muestran solidarios con el del piso de arriba y otros se regodean en hacer la vida imposible a la mujer de al lado. Se muda un nuevo vecino y, «gracias a las cosas que nos unen, nos convertimos en una suerte de familia», otras veces, un vecino se convierte en un enemigo acérrimo, una presencia intolerable que poco a poco invade nuestro terrenos.
Hay relatos que cuyo título es mas largo que el relato en sí, como el titulado: ‘Una mujer madura hacia el final de una conversación sobre impermeables durante un almuerzo con otra mujer madura’: «Dice, con tono sensato:¡No tiene por qué ser de Burberry!».
Otro ejemplo de ese minimalismo antológico es el titulado ‘Miedo a envejecer’: «A sus veintiocho, ella anhela tener veinticinco otra vez».
En ‘Perdón por la molestia’ hay toda una muestra de agudeza disparatada sobre la falta de comunicación real entre las personas, donde individuos anónimos anuncian a través de las redes sociales todo tipo de ofrecimientos o peticiones a otros individuos también anónimos y desconocidos . Así alguien pide un quiropráctico en la zona, y otro pregunta a quién le interesa una cama para bebés y uno aún más sorprendente pide un exterminador, particularmente especializado en chinches de cama.
En estos casi 150 relatos Davis convierte en arte mayor la escritura de lo mínimo, el lenguaje preciso y justo . Pero a medida que leemos los textos de esta escritora percibimos como esa precisión y economía no son fruto de la casualidad, sino que responde a de un trabajo fino y pulido, a un ejercicio de honestidad con el lenguaje para despojarlo de todo lo superfluo. A Davis no le interesa el espectáculo excesivamente dramático, pero no hay nada banal en la forma que adoptan estas historias. Ha quitado la grasa de cada una de las frases; lo que queda es una musculatura esbelta y fibrosa. Cada palabra tiene la capacidad de brillar, cada frase reluce y cada signo de exclamación o uso de cursiva está ahí por una razón.
De otro lado, la traducción, con ser impecable, es de naturaleza latina lo que hace que al lector «español» le chirríen palabras como celular (móvil) ; mesero (camarero) o altoparlante (altavoz) .
Es necesario añadir también la negativa de esta escritora ganadora del premio Man Booker International a que sus libros se publiquen y distribuyan por Amazon. De esta manera ‘Esa gente que no conocemos’ será el primer libro de una escritora importante en Estados Unidos que no se venderá a través de esa empresa, a la que Davis acusa de realizar graves abusos laborales y de dañar el medio ambiente. Una posición crítica que engrandece su trabajo.
Esa gente que no conocemos
- Lydia Davis
- Editoral: Eterna Cadencia
- Traducción: Leonora González Capria
- 328 páginas
- 22,00 €
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