Ensayo
Circo romano y gladiadores: el colosal retrato de un Imperio
El historiador Jerry Toner indaga en el papel de los juegos en la sociedad romana y la relación del pueblo y el emperador en este magnífico ensayo

El Coliseo de Roma. / Efe

‘Pan y circo’, aquella famosa sentencia del poeta romano Juvenal, ha pasado a nuestro acervo cultural como una advertencia sobre el riesgo de que un pueblo acabe alienado por las vacuas distracciones que les suministran sus gobernantes y olvide sus verdaderas preocupaciones y responsabilidades. Pero el Circo de Roma, que tuvo su máxima expresión en el gigantesco Coliseo o en el Circo Máximo, fue mucho más que eso. Lo explica concienzudamente el historiador británico Jerry Toner en ‘El día que el emperador mató un rinoceronte’, un espléndido ensayo que data de 2015 y recuperado ahora por Ediciones Siruela. Los ludi (juegos) estaban integrados en el funcionamiento político, social y económico de los romanos porque, a ojos del pueblo, representaban algo civilizado y definitorio de su carácter, por aberrante que sean a nuestra mentalidad.
Los espectáculos que se celebraban en la arena incluían carreras de cuádrigas, cacerías de animales, batallas recreadas y, por supuesto, las luchas de gladiadores, además de otras actividades no cruentas como las funciones teatrales. El espectáculo movilizaba vastos recursos: las distintas regiones del Imperio se especializaron en proporcionar diferentes tipos de animales. Britania era célebre por sus ciervos y sus perros y la Galia por sus osos y sus lobos, mientras que Egipto era el origen de los hipopótamos, los rinocerontes y los cocodrilos, lo que hace una idea de que los emperadores se tomaban muy en serio en ofrecer este divertimento a la plebe, en un calculado ejercicio de propaganda política y de progresivo ostracismo del poder del Senado.
En este fascinante análisis, el autor insiste en que la plebe no era simplemente sumisa ante el poder sino que aprovechaba la presencia de los emperadores en los juegos para expresar, con contundencia a veces, sus opiniones políticas. Las crisis alimentarias por el desabastecimiento de trigo podían ser una de las causas. Era una forma de decirle al poderoso gobernante que, si era capaz de organizar un espectáculo tan inmenso (y terrible) bien podía también resolver esos problemas de su pueblo.
Gladiadores y cristianos
En el caso de los gladiadores cabe decir que eran considerados por el pueblo, de entrada, como alguien de estatus inferior -y, de hecho, algunos era personas que purgaban haber cometido delitos-, pero si luchaban en la arena con bravura y destreza, era capaces de ganarse el suficiente respeto de la multitud como para obtener salvación. Incluso el vencido, si había luchado como un hombre, podía redimirse, porque se convertía en la encarnación viviente de las virtudes militares tradicionales de Roma: la virilidad y disciplina. Toner afirma que eran bastante los gladiadores que conseguían mantenerse vivos hasta su retirada.
En el libro se recuerda también el martirio de los cristianos, con casos terribles como el de Policarpo o Perpetua, a los que la multitud despreciaba acusándolos, paradójicamente, de ateos, por no querer rendir culto a los dioses del Imperio.

Un mosaico que representa una lucha de gladiadores. / L.O.
¿Y a qué hechos se refiere Toner en el título de este magnífico volumen? Habla de Cómodo, el hijo de Marco Aurelio, que en el año 192 d. C. organizó unos fastuosos combates entre gladiadores donde él mismo participó (lógicamente amañados) y unas cacerías de fieras que posibilitaron a los romanos contemplar la impresionante figura de un rinoceronte. Toner dedica muchas páginas a analizar el periodo de Cómodo y aprovecha para recordar que la depravada imagen que nos ha llegado de este emperador se debe también al mal retrato que de él hicieron historiadores como Dión Casio, miembro del Senado romano e integrante de una élite que consideraba indigno que un emperador participara en los juegos.

El día que el emperador mató a un rinoceronte
- Jerry Toner
- Editorial: Siruela
- Traducción: Victoria León
- 230 pp.
- 19,95 €
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