Historia
A veces hay que cruzar el infierno para llegar a la luz
La Divina Comedia y Roma iluminan ‘Veníamos de la noche’ una historia portentosa con la que Ernesto Pérez Zúñiga, uno de nuestros escritores más auténticos, vuelve a la novela de forma brillante

Ernesto Pérez Zúñiga. / l.o.
Dos imponentes y poderosos elementos creativos como la Roma eterna y La Divina Comedia de Dante, actuando al unísono como soberbios heraldos que anuncian e iluminan el camino hacia la luz, están en el centro de la nueva y brillante novela de Ernesto Pérez Zúñiga, Veníamos de la noche’. Una hermosa historia de intriga y amor que bebe de la inspiración, como decimos, de la Divina Comedia, con su paso por el infierno, por el purgatorio hasta el paraíso y de una Roma que encandila y enamora al visitante.
Reencontrar la felicidad
Lucía, la protagonista, pintora de cielos, viene de la noche, de la oscuridad de un pasado sórdido con decisiones punibles que le persiguen y llega a Roma para buscar la luz, la claridad que le permita reencontrar la felicidad. De ahí el título ‘Veníamos de la noche’ que es un guiño del poema de Vicente Gerbassi: «De la noche venimos y hacia la noche vamos». En ella se trata de cruzar las sombras para llegar a la luz, a la claridad de la vida que siempre está en riesgo y que alumbra cuando se es capaz de amar la belleza o amar a secas, de que Elena, como en la Divina Comedia, nos conduzca desde el Purgatorio al Paraíso.
El relator de la historia es Gustavo, director de la Academia de España en Roma, donde llega con una beca Lucía Dávila a los 49 años, divorciada y con dos hijos, para pintar los cielos de Roma, como ya hizo con los de Madrid y Nueva York. Ella llega huyendo de su pasado, hasta que se da cuenta de que eso no es posible, que solo cabe afrontarlo. Solo podrá descubrir esto cuando, gracias a Enrico y la Divina Comedia, descubre un amor diferente que saca a la luz lo mejor que lleva dentro.
Enrico Tomassi enfermo terminal de cáncer, ama la vida no con desesperación, sino con plenitud. Lucía lo conoce al poco de llegar a Roma al ir a cenar a un restaurante del Trastevere que lleva su nombre. Él es un hombre enamorado de La Divina Comedia; desde que la descubrió en la adolescencia lo había leído muchas veces. Lo considera un libro inagotable, maestro del que todos somos sus alumnos hasta que completemos el viaje. Él adivina los tormentos de Lucía y le infunde la esperanza: «A veces hay que cruzar el infierno para llegar a un poco de luz».
Alma inspiradora
La Divina Comedia es el alma inspiradora de la novela. Enrico la lleva siempre consigo en su bolsillo, la usa también para animar e iluminar a Lucía con este libro que contiene un relato que es un retrato del gran viaje de la vida, de la evolución del ser humano que va pasando por una serie de periodos en los que hay aprendizaje y caídas, hasta ir subiéndolos escalones que nos llevan a la belleza del mundo. A la luz.
Antes de llegar a Roma ella era Lucía Mendívil;al llegar lo cambió por Lucía Dávila, un nuevo apellido que no podía traicionar, porque para tratar de ser ella había pagado un precio muy alto. Se casó con Sebastián Osuna por complacer a su padre; se casó porque quiso, pero tuvo desde el principio una sensación amarga: la de pervertir algo extremadamente valioso y delicado. Con él fundó los laboratorios Mendívil, que se iban a convertir en uno de los más importantes de Europa en la fabricación de un medicamento contra el cáncer, el Longumvale, unas píldoras que daban más tiempo de vida a algunos enfermos terminales. La infamia, lo ilegal vino después cuando para lograr el divorcio de su marido cometió dos ilegalidades que ahora le persiguen: de un lado, compró con dinero la voluntad del técnico que debía avalar el medicamento para que le diese el visto bueno mucho antes de tiempo y, de otra, garantizar en el prospecto un alargue de la vida en 36 meses cuando la realidad eran solo 12.
Ella había propiciado esa falsificación a cambio de cambiar su destino. El libro sirve así también para alertar del uso de la ciencia para fines deshumanizados y del mercantilismo insaciable de las grandes farmacéuticas. Vivimos una carrera entre el poder creciente de la tecnología y nuestra sabiduría para usarla y la necesidad de que, frente a este reinado tecnológico, sigamos cultivando la creatividad, la que proyecta un cambio amoroso en el mundo «El amor es la verdadera evolución», le dice Enrico.
Dante
Él era profesor de literatura en la Universidad de La Sapienza y ahora estaba de excedencia. Era un enfermo terminal de cáncer, su futuro era corto y frágil. Era el Dante que ya bajaba a los infiernos. Pero surgió el amor entre él y Lucía. Él que ya se había despedido de la vida, la podía abrazar de nuevo ahora en su mejor versión. Gracias a ese amor ambos se salvaban. Él porque Lucía, como la de Dante, le llevó desde el purgatorio a la salvación, ella porque gracias a Enrico descubrió el verdadero amor interior.
‘Veníamos de la noche’ se adentra así en su trama amorosa donde Pérez Zúñiga, a través de Enrico, explica su idea de los cinco planos del amor. Para que una relación amoroso perdure hay que ser compatible en cinco planos: el físico; el de las emociones y los gustos; el intelectual; el de la conciencia ética del mundo y el espiritual; habría os planos más que se añaden aquí, uno es amar a alguien hasta su muerte y el ultimo, amar desde la muerte, que hace que la persona que se fue, siga viva.
En el otro lado de la novela está el del mundo del ex marido de Lucía, Sebastián Osuna, un científico reconocido y brillante, muy popular por sus artículos periodísticos y sus charlas en tertulias radiofónicas. Sigue enamorado de Lucía y no acepta el divorcio. Primero la asedia a través del móvil con canciones de boleros, como ‘Contigo en la distancia’, ya que es un fervorosos del bolero, pero la falta de éxito le lleva a destapar su lado más acosador y virulento. Contrata a un matón para que aparte con violencia a todos los que se acercan a Lucía, llegando a una espiral que roza la tragedia.
La historia que surge de la ilazón de todas las tramas de ‘Veníamos de la noche’ es en definitiva toda una alegoría del mensaje más crepuscular de La Divina Comedia: Dante es la conciencia que anota cada experiencia, Beatrice es el alma y el alma nos guía por un paisaje cambiante; si aprendemos a seguirla acaba llevándote de regreso al paraíso, aunque en el camino uno tenga que ver cosas desagradables. A veces hay que cruzar el infierno para llegar a un poco de luz.
Una portentosa historia, una sorprendente y brillante novela que renueva la prodigiosa habilidad narradora de Pérez Zúñiga, siempre único y diferente a otros escritores.

Veníamos de la noche
Autor: Ernesto Pérez Zúñiga
Editorial: Galaxia Gutenberg
Páginas: 384
Precio: 22,50 €
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